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Videados 33: Kagemusha, la sombra del guerrero, A. Kurosawa, 1980

Esta es la película que más me gusta de Kurosawa, de entre todas las que he visto. Me parece una película notable, quizás no es la más bella, pero creo que es su obra más redonda.
La peli es una tragedia histórica, aunque la verdad es que, Kurosawa nunca intenta hacer una peli divulgativa por lo que, cualquiera que no sepa historia de Japón le parecerá que es una obra de ficción (así que es bastante útil ver los comentarios a la película de un experto en el director, que son un extra del dvd). El momento histórico elegido por Kurosawa es el fin de la era de los samurais, por ello nos desplaza hasta finales de nuestro siglo XVI. Cuando se ha llegado al momento culminante de las luchas intestinas endémicas que se venían dando en el país por cerca de un siglo, provocadas por la inexistencia de un poder político central fuerte. Así, se llegó a uno de los momentos más trascendentales de la historia de aquel país, cuando se produjo la guerra que acabaría con el triunfo absoluto de Tokugawa Ieyasu y el comienzo del período Edo. Con ello vino la paz y el aislamiento del país, por lo que los samurais, aunque no desaparecieron, si perdieron su razón de ser por la ausencia de la guerra durante siglos. Es el inicio del fin lo que nos cuenta Kurosawa, a través de un complot tramado por un señor de la guerra (legendario en Japón), Takeda Shingen, por el cual, su muerte se debía ocultar, mediante la utilización de un doble, durante 3 años.
El guión de la peli (en el que intervino Kurosawa y que parece que es un poco autobiográfico) sigue al hombre que hace de doble. Un pobre ladrón que se mete de lleno en el mundo de la élite de Japón. Un mundo complicado, estirado y violento, dominado por jefes guerreros. Poco a poco va entrando en él, comprendiendo su funcionamiento y aceptándolo y así guía al espectador. Es un guión clásico, bien escrito y desarrollado, pues uno no se pierde en sus complejidades ni se le hacen pesados los 152 minutos que dura la peli, con unos pjs bien escritos, que acaban ganándose la simpatía del espectador, y una lograda recreación del mundo del poder y de una guerra interminable en donde nadie es lo suficientemente fuerte como para imponerse, por lo que el politiqueo cobra más importancia que lo militar. Así, se nos presenta el fin de un mundo guerrero y honorable y el nacimiento de otro artero y moderno (aquí representado por el arcabuz y las nuevas tácticas bélicas que trae) y se reflexiona un poco sobre la identidad a través del reflejo que es el doble y la sombra, sobre la individualidad frente a la sociedad, sobre la igualdad (hay que recordar que la sociedad japonesa sigue siendo bastante jerárquica y en los tiempos del director más) y, sobre todo, los límites del poder, puede este franquear la muerte?
Los actores estan bien en esa manera de actuar peculiar que es la japonesa, donde se pasa repentinamente y continuamente de la sobriedad y la quietud a la teatralidad e histrionismo. Principalmente destacan el prota, que consigue que sus 2 pjs nos emocionen y el que hace del hermano del difunto, que consigue transmitir el sufrimiento de su pj por tener toda la responsabilidad por la situación, pero ninguna posibilidad de dominarla.
La dirección de Kurosawa es perfecta. Oriental en su lentitud, atención a los detalles, planos largos y mantenidos, frontalismo, puesta en escena centrada y simétrica y magistral, en la composición del plano (por ejemplo las escenas en el castillo de Suwa), en la planificación de los movimientos de los pjs en la escena (impresionante en las escenas de batalla, por lo complejo que es planificarlas y mover a los extras), en la elección del punto de vista y el tipo de plano, en la utilización de la naturaleza como un actor más (viento, lluvia, mar, cielos crepusculares), en sacar partido a los decorados (naturales o no) y en la utilización del color como símbolo, cosa que ayuda a Kurosawa a lograr el aspecto teatral que busca (el director busca evocar al No, sobre todo evidente en la escena de la batalla de Nagashima, para reforzar la sensación de tragedia). Con todo ello, consigue cautivar y emocionar al espectador y regalarle una serie de imágenes memorables, poéticas y sobre todo hermosísimas. Magnífico sobre todo es el principio y el final, donde se suceden una serie de escenas bellísimas e impresionantes que valen para definir el Arte. Brillante es la primera escena con un plano fijo que dura 6 minutos en el que los actores apenas se mueven, insuperable en composición y desarrollo, también la siguiente, donde Kurosawa convierte una vez más una peli suya en un cuadro impresionista, la batalla final, increíblemente dirigida en off (como muchas de las escenas clave de la peli), y el plano final, con el estandarte sumergido en el agua ("Rápido como el viento, silencioso como el bosque, fiero como el fuego, inmóvil como la montaña"), donde el color y la corriente son la clave de un plano lleno de sentimiento y belleza.
También la b.s. esta muy bien. Parte música (cacofónica) japonesa y parte música clásica compuesta para la ocasión, enfatiza y envuelve magistralmente los acontecimientos de la peli, haciéndolos más sentidos.
La producción es soberbia, con decenas de extras y animales bien caracterizados y complejas escenas en exteriores, por lo que colabora en darle grandeza a la historia que se esta contando. Igual de excelente es la fotografía, pues el director de fotografía sale airoso de una prueba muy difícil, pues la concepción de la película y el uso del color por parte del director, era un reto que había que superar si o si, para que esta funcionase.
Así pues, queda una peli excepcional (resulta difícil creer que no querían producir esta peli), bella, espectacular (no en el sentido posmoderno) y emocionante, a pesar de su parsimonia y quietud, que es una elegía al honor, al espíritu de sacrifico (brillantemente ilustrado en la batalla de Takatenjin, una de las mejores escenas de la peli) y de servicio (samurái significa sirviente), a la valentía y a la lealtad de la casta guerrera japonesa.

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