Mientras el mundo anglosajón se recreaba en los prejuicios producidos por la lucha china contra las potencias imperialistas europeas, principalmente Inglaterra, a finales del siglo XIX para recuperar su soberanía, cuya pérdida, entre otras cosas, le obligaba a comprar opio, en el mundo francófono, en Bélgica, el conocimiento los ponía coto. Si el mundo anglosajón se refocilaba con el primigenio Fu Manchú cinematográfico (1929-1932) que resucitaba el efímero éxito de las 1ªs novelas (1913-1917), y a pesar de las protestas chinas a eso A. Raymond creaba otro prodigio del prejuicio, Ming, en 1934, ese mismo año, Hergé denunciaba el racismo anglosajón así como el imperialismo nipón (tan certeramente que el gobierno japonés protestó) recreando en el cómic El Loto Azul los eventos del inmediato pasado por los cuales Japón se hizo con Manchuria manu militari. En pocas viñetas (las de la versión de 1946) el autor belga nos explica perfectamente en que consistía aquello del Peligro Amarillo, una de esas paranoias en las que el racista mundo anglosajón le encanta cobijarse de vez en cuando y exportar, que no cesó hasta que China se convirtió en un aliado contra los japos en la Segunda Guerra Mundial. Esta es una de las razones por las que Tintín es un clásico, es un magnífico testimonio de su época. En esto quizás El Loto Azul sea el más sobresaliente pues es el mejor documentado y el más crítico con su realidad. Entre este episodio y los anteriores hay un mundo.
Acabo de de ver el episodio de "Smallville" 4.12 emitido por la 1 y me ha entristecido ver como muere el personaje que más me gusta de toda la serie, y encima de una forma tan banal. "Smallville" es una serie que sigo de forma irregular desde aquel verano en el que la Primera lo emitió. Lo sigo de esa forma porque la serie tiene tantas cosas que me gustan como que no y, como casi siempre no pasa nada, no duele perderse algún episodio. El asunto es que yo como típico español apenas sé algo de DC y de Superman por lo que no me chirría o sulfura los "cambios" o las nuevas ideas que se dan sobre la adolescencia de Superman . Las cosas que no me gustan son la incoherencia de la serie tanto entre episodios como dentro de un mismo episodio. No puede ser que nadie sea capaz de descubrir a Clark ya que guarda fatal su secreto, que el gobierno de EE.UU. no intervenga y limpie Smallville ante la cantidad de tipos con poderes que se dan por allí (algo así...
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En este álbum, Hergé adoptó una postura claramente contraria al militarismo japonés y su injerencia en China. La historia aporta una visión realista de las tensiones que entonces marcaban las relaciones entre China y Japón, hasta el punto de reconstruir las principales etapas del plan mediante el cual el país nipón se había apoderado dos años antes de la provincia china de Manchuria. Asimismo, se muestra claramente crítico con la actitud condescendiente de los europeos residentes en Shanghai. Ello se puede ver en dos personajes: el corrupto jefe de policía Dawson y el racista Gibbons.
El posicionamiento político de Hergé, abogando por la defensa de China y denunciando el imperialismo japonés, le distanció de la prensa europea de la época, más proclive a justificar las acciones japonesas. Dada la popularidad de Tintín ya entonces, este enfoque provocó una protesta oficial del gobierno japonés ante la redacción del diario “Vingtième Siecle”, en cuyo suplemento juvenil se serializaba la serie. La hipocresía de las autoridades niponas acabaría poniéndose de manifiesto un año después de la publicación de “El Loto Azul”, cuando el ejército japonés atacó Shanghai y, en diciembre de 1941, ocupó también la concesión internacional.
En cambio, los líderes chinos agradecieron el compromiso de Hergé y la mujer de Chiang Kai-Chek lo invitó a China, algo que el autor no pudo hacer hasta 1973 –y no a la China continental y comunista, sino a la isla de Formosa o Taiwán, donde se refugió la facción nacionalista tras la guerra civil-.
Hergé, además, introdujo otras referencias a la actualidad de la época, como las alusiones a la Liga de las Naciones ante la que comparece el diplomático japonés o el personaje del cónsul que es descubierto en el fumadero de opio y que remeda un sonoro escándalo de la época.
El objetivo del juvenil reportero en “El Loto Azul” se antoja tan generoso como desproporcionado: desmantelar el tráfico de opio que tanto daño hace a un país tan legendario como China, hacerlo sin saber prácticamente nada de la cultura y sociedad locales y, además, casi en solitario. Tintín se rebela contra la injusticia y la intolerancia y toma partido contra los japoneses. Incluso –aunque se justifica por la necesidad de pasar desapercibido- adopta la vestimenta china durante buena parte de la aventura.