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Cómo decíamos ayer: Century: 1969, A. Moore y K. O´Neill, Planeta DeAgostini 2012


La casualidad ha querido que haya leído la introducción de Moorcock al cómic de Luther Arkwright poco antes de leer 1969. Por estas cosas empiezo a dudar de que aquella exista pues de lo que habla el escritor inglés en 1997 es de lo que habla Moore en el 2011, si bien es cierto que es un tema viejo.  Moorcock habla en la introducción de la Gran Bretaña de los 60 que es donde se ambienta 1969. El escritor inglés los vivió como un joven  y fue algo protagonista, mientras que Moore fue un adolescente que debió vivirlos un poco en diferido. Lo que tienen en común ambos discursos es que para ellos la década de los 60 fue la mejor época de Gran Bretaña quizás desde la isabelina.

Aquellos años fueron  un momento de cambio también para Gran Bretaña. En esa década el país pasó de ser un reino imperial, racista, arruinado y soberbio a ser un reino posimperial, multicultural, boyante y pop (de la elegía por el imperio perdido a James Bond). Este cambio  fue vivido por mucha gente como un gran momento que iba a cambiar al mundo para mejor, ya saben, love and peace. La contrarreacción conservadora y la crisis económica de los 70 los frustró. El retroceso del clasismo (después de la India y Japón, las sociedades anglosajonas son las más clasistas), el enriquecimiento general y el triunfo de la libertad y la tolerancia fueron detenidos por Thatcher. Es cierto que este análisis es un poco parcial. A Thatcher le pasó lo mismo que a Rajoy, le dejaron un país arruinado por una mala política progresista. El fallo que cometió la señora, que no debemos ocultar tras la fantasía complaciente revisionista, es que afrontó los problemas de una forma intolerante e ideológica. El resultado fue la semilla de la actual crisis así como que Moorcock y de Moore (ahí tienen a V de Vendetta) no la perdonen a pesar de los años.


Este momento crítico, libertino y dinámico es donde continúa la historia de Century. Una continuación que como historia es mejor que la anterior ya que es más legible y dinámica a pesar de que se hace patente la ausencia del Black dossier, una lectura que empieza a aparecer importante. El relato es simple (pero el subtexto es complejo) y podía haber sido más breve pero Moore recrea el Londres de los 60 de forma magistral, los cambios sociales, culturales y sexuales, y sabe contar historias muy bien. Sigue siendo tan bueno como siempre, lo que pasa es que ha perdido la motivación y se le nota cabreado con el estado de las cosas. Tanto sexo no es más que la forma de protestar contra una sociedad casi tan hipócrita y gazmoña como la de los 50 del siglo XX. Así, el único pero que se le puede poner a 1969 es la gran cantidad de referencias que hay en él porque son inabarcables para alguien que no haya vivido lo que Moore. No impiden seguir la historia, imagino, la misma de siempre que por algo este guionista es un autor, el cambio, la linealidad de la humanidad frente al realtivismo del Tiempo y la imaginación, pero uno no puede evitar sentir que se le escapan muchas cosas que le ayudarían a entender. Hace tiempo que Moore se puso esotérico así que a los no iniciados nos toca enterarnos de poco, pero podemos aprender. 

Por su parte O´Neill hace lo de siempre: un dibujo feísta y singular que narra en imágenes de forma eficiente. Al igual que Moore, ha bajado en intensidad pero sigue siendo efectivo. En mi opinión a estas alturas no es interesante pero es legible e inteligente y, a pesar de las apariencias, no atenta tanto a la vista como otros que aparentemente son más correctos académicamente hablando. Sin embargo creo que a un cómic tan denso le sentaría mejor un dibujo menos chirriante ya que haría más cómoda la lectura.

Me da pena que La Liga de los Hombres Extraordinarios haya ido por aquí. Me hubiera gustado que Moore nos hubiera escrito un buen porrón de historias como la primera, aventuras entretenidas con el aliciente de una recreación posmoderna de pjs clásicos. Pero tampoco estos cómics son malos. Sus protas son carismáticos, son originales, se aprende con ellos, no se sabe por donde van y, sobre todo, sirven para entender mejor ese ambiente de donde surgieron los escritores británicos que nos hiceron mojar las bragas hace dos décadas. Por ejemplo en 1969 aparece el niño de la luna. Algo de lo que Morrison nos habló en sus Invisibles. Además, estos cómics son otro intento más de Moore por conseguir el efecto del pulpo: mejorar la realidad mediante un cambio mental global provocado por la percepción mundial de un hecho artístico que así, además, es mágico. El guionista inglés es un chamán y por eso sabe que tanto el arte como la narración (más claro en inglés: storytelling), al operar sobre la imaginación, pueden cambiar la mente. Así que estemos ahí por si funciona. Pongamos nuestro granito de arena por un mundo mejor.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
¡Gigante!, estos errores afortunado me chifan:

"pongamos nuestro grantio de arena"

Como no lo compren en alguna biblioteca no creo que lo lea hasta dentro de varios años.

Ismamelón

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