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Critiquita 433: Marshal Law: Tribunal Secreto, P.Mills y K. O´Neill, DC-ECC 2014


A pesar de que me habéis demostrado que Marshal Law no interesa voy a escribir sobre él. Es puro completismo. Con esto termino todo lo que hay en Cómic de él. Quedan fuera 3 crossovers que ni tengo ni he leído ni se reeditarán.


La recopilación que ha editado ECC termina con un epílogo de P. Mills, el guionista. En él dice que el personaje podría volver, improbable porque lleva más de 15 años sin aparecer, O´Neill está muy entretenido con la Liga de los Hombres Extraordinarios y aquel es del 2012 y desde entonces nadie ha dicho nada. También, lo importante, que ha usado a los superhéroes para atacar a los falsos héroes, aquellos que el poder designa como tales pero, como más tarde se descubre, no son más que mentirosos, ladrones o pervertidos. Estoy contento de haber pillado la Luna pues en general la gente se ha quedado con el dedo, se toman los cómics de Marshal Law como si fuesen una despiadada burla de los superhéroes. Por ejemplo Mills dice que a sus compañeros guionistas de la época no les gustaba los susodichos por eso. Después añade que los editores no tenían problemas. Cómo es el dinero; y la ingenuidad de Mills, que cree que es porque apreciaban lo innovador y lo sarcástico. Marshal Law no es una despiadada burla de los superhéroes, aunque lo sea, lo que ocurre es que estamos hablando de cómics, Mills es un tío que se gana la vida como guionista de cómics sin tratar con superhéroes lo cual en el mercado anglosajón es difícil, y de que en cierto sentido ellos son falsos héroes pues ni se enfrentan a problemas/villanos de verdad ni realmente se puede decir que se arriesgan ya que tienen poderes. Así, tiene todo el sentido vestir de superhéroes los ataques al falso heroísmo. Por tanto tenemos que en la miniserie se criticaba las guerras imperialistas yankis modernas, en el 1º one shot las Black Ops y en el 2º los grandes empresarios.

Este tomo incluye 2 historias. La 1ª, que continúa la historia de zombis del anterior, disfraza de superhéroe conservador y patriota de los 40 de DC, olvidando tanto la época como que eran infantiles, la crítica a la hipocresía yanki cuando se trata de dinero. No hay problema en no respetar la moralidad o en tratar con el enemigo. Lo que le interesa a Mills en esta muy floja historia es revelar que en los 40 EE.UU. tenía 2 caras. Por un lado combatía al Eje y publicaba cómics patrióticos y por el otro comerciaba con los nazis. Lo que pasaba es que un Estado nunca tiene una sola mente y que muchas ideas nazis ponían a la élite occidental de aquella época, el hacer negocios con los nazis era algo sólo al alcance y del interés de la élite yanki, pues después de todo el racismo, el anticomunismo, el antiprogresismo y el autoritarismo son ideas que permiten conservar el poder y el status quo. De esta forma esta historia es una suerte de preludio de La Liga de los Hombres Extraordinarios pues usa la ficción y la publicidad de una época para criticarla y tiene algo en común con Watchmen pues es una lectura crítica del género superheroico de los 40. La siguiente y última historia, su título es del tomo, es un díptico que para criticar, creo, el uso de la ficción juvenil para lavar el cerebro de la juventud para producir héroes que se sacrifiquen por el status quo, toma como blanco de las bromas a La Legión. También le cae algo a los mutantes de Marvel sin duda por ser su ficción juvenil más potente en aquella época y porque permiten a Mills criticar la adoración a la tecnología (el guionista inglés es un tío interesado en la psicología y los mitos). El esquema de la historia está sacado de la peli Alien. Aquí parece que hay una pauta. Cuando Mills no tiene muy claro que exceso del poder criticar, coge una peli de Terror como base. En el epílogo son mencionadas todas las historias para aclarar qué critican excepto la historia de zombis del anterior tomo y esta. No obstante la copia tiene más interés que la historia que le precede, Super Babilonia, por la acidez con que trata otra doble cara yanki: la asexualidad y el erotismo. Los cómics de superhéroes son fundamentalmente asexuales, pocos personajes tienen relaciones sentimentales, ninguno habla de sexo y, por supuesto, no hay desnudos sin algún tipo de censura, PERO las mujeres son físicamente hiperfemeninas (tetones, caderas prominentes, culos redondos, melenas y piernas largas), usan o ropas ajustadas o sexis y marcan pezones (en los 90, la época de Marshal Law, era norma, ahora es una opción personal que pocos dibujantes, los influidos por los 90, eligen) y la obsesión por la pelea y las armas fálicas grandes está claro que tienen algo de sexualidad heteromasculina. 

No obstante el trabajo de O´Neill en Marshal Law es sobresaliente. Su expresionismo cubista, su fértil imaginación y agudo ingenio (consigue trascender su labor de dibujante metiendo grafitis, "publicidad" y lemas en las viñetas) no degeneraron como los guiones. Él es el principal interés y la principal atracción de Marshal Law. Su audacia y su capacidad para dibujar cualquier cosa a pesar de usar un estilo grotesco hacen divertido y sorprendente leer unos guiones demasiado obsesionados con la crítica y la parodia hasta el punto de ser crueles pues no están moderados contextualizando, en su época y en su función, lo que critican y parodian. Sin embargo, el estilo de O´Neill es una arma de doble filo para Marshal Law. Es tan grotesco y atrevido que radicaliza cualquier cosa que represente de modo que la crítica y la parodia de Mills acaban resultando excesivas, y por tanto más irracionales que racionales, lo que mina la seriedad y la credibilidad de los guiones. Con O´Neill cualquier crítica se convierte en gamberrismo así que es comprensible que Marshal Law se quemase tan rápido. 7 años solo, de 1987 a 1994 (2 crossover suyos son posteriores pero lo único que demuestran es lo quemado que estaba). Seguramente, dado que sus ataques son realmente al neorepublicanismo yanki, también influyó el que estos a partir de 1993 dejaran de gobernar en EE.UU. (Tribunal Secreto se hizo al principio del 1º mandato de Clinton, cuando aún no estaba claro que un demócrata moderado es lo mismo que un republicano blando). Así, es lógico que Marshal Law se acabase aquí. Era pura exploitation. Lo único que hacían Mills y O´Neill era repetir lo que habían hecho en la interesante 1ª miniserie. Tanto los temas como los chistes. Siendo incapaces de ver en Marshal Law algo más que un vehículo para vomitar su ira es natural que sus autores fuesen incapaces de desarrollarlo o de darle entidad. Así pues les honra que lo dejasen. Era muy probable que las continuaciones careciesen ya del mínimo exigible tal y como la historia de zombis alertaba.

Así pues este 3º tomo, a pesar de ser pura exploitation pues toca la misma canción de nuevo, es entretenido. La ferocidad de Marshal Law por los agresivos dibujos de O´Neill y el atrevimiento de Mills resulta gratuita pero hace tragable una historia simple y copiada al incidir burlescamente en los aspectos que los superhéroes siempre omiten. Por tanto no es un mal final para un personaje que tiene cierta relevancia en el Cómic por ser crítica al poder (en el fondo Marshal Law no es más que rebeldía antiautoritaria: los superhéroes parecen provenir de las clases medias y altas y promover valores conservadores protegiendo al establishment escribe Mills en el mentado epílogo) y a la vez mainstream, así pues, lectura imprescindible para el aficionado a los superhéroes. Para pillar los chistes en su totalidad es necesario saber bastante sobre ellos.

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