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Relecturas LXXXVI: Warlock: La amenaza de Thanos, J. Starlin et al., Panini-Marvel 2012

Warlock: La amenaza de Thanos es tanto la secuela de la Saga de la Contratierra como de la Guerra de Thanos, obras que se publicaron por primera vez más o menos simultáneamente, y la obra que supone el principio de la madurez de Starlin como autor, pues sobre esta va a pivotar el resto de su producción marvelita. Este las unió, unos pocos meses después de finalizar el último título mencionado y de abandonar la cole del Capitán Marvel por diferencias creativas, por elección propia ya que pasó a escribir sobre Warlock porque este, gracias a R. Thomas, estaba en el limbo y al tener un corto pasado y no tener rumbo era la base ideal para completar el par dialéctico que necesitaba para las historias que quería escribir.
Ya dijimos que el secreto de la obra de Starlin en Marvel es que sus historias superan el maniqueísmo propio de los superhéroes. Él habla sobre como el individuo se enfrenta a la Vida, por eso su producción tiene aroma de clásico. En sus manos los superhéroes son los alter egos de los lectores. Vida entendida como la mezcla dolorosa entre Caos y Orden, que no son exactamente Mal y Bien. Para ello creó a Thanos, el avatar de la muerte. Starlin enfrenta a los héroes a la mayor amenaza para un mortal para poder hablar sobre la Vida, pues es en las situaciones límite donde está la emoción que debe tener todo relato y donde todo es más brillante y claro. Una amenaza refinada pues aquí Thanos ya no es el villano de opereta de la Guerra de Thanos encubierto por su maquiavelismo y por unas contradicciones y pasiones que le humanizaban como a los dioses griegos, sus parientes. En La amenaza de Thanos (título que, por cierto, espoilea) el susodicho ya no es tal porque la experiencia acumulada permitió a Starlin pulirlo para ajustarlo a la idea que tenía de él, un ultravillano, un ser divino mucho más cercano a Galactus que a Darkseid en cuanto que no es metáfora de facetas humanas negativas sino de ideas abstractas ominosas. Su nave, además de tener la capacidad de destruir planetas (unos años antes de Stars Wars), tiene una perspectiva escheriana (con explicación racional, con botas magnéticas se altera el arriba y el abajo pero Starlin se olvida de la gravedad), por tanto no es algo del mundo ordinario, puede viajar en el Tiempo y ya no tiene servidores sino seguidores-creyentes (se ve más claro en La muerte del Capitán Marvel, obra que parte del final de la historia de la que estamos hablando). Así, aquí no tenemos al Thanos de la Guerra de Thanos, colérico y vanidoso como cualquier villano de opereta, sino al Thanos sereno, calculador y frío, por tanto más despiadado y taimado, en suma, más terrorífico, que en los 80 se convirtió en uno de los mejores villanos de Marvel, condición que no ha abandonado como demuestra el que vaya a pasar al Cine.
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Además de un Thanos un tanto vulgar, lo que lastró el primer trabajo de Starlin en Marvel fue que no contó con el superhéroe adecuado. La elección del Capitán Marvel no era mala, pero tampoco era óptima porque era un personaje poco metafórico y demasiado convencional para ser un avatar de la Vida adecuado. Warlock sí podía serlo por su cualidad divina y desinteresada mostrada en esa historia fallida que es la Saga de la Contratierra y conocida por el connossieur marvelita de los 70. Además, su piel dorada le venía bien a Starlin para evindenciar la divinidad del personaje, recordemos que cambió el color plateado del pelo del kree por el dorado. Pero este autor necesitaba hacerle suyo así que procedió a cambiarlo aprovechando su escaso y marginal recorrido. Cambió la gema-alma que Kane le dio aprovechando que Thomas y sus continuadores no la habían clarificado y lo rediseñó quitándole el rayo del pecho y dándole una capa que curiosamente se abrocha con un broche que tiene la forma de un cráneo colmilludo, un símbolo ominoso y de muerte que no encaja con el avatar de la Vida, pero los personajes de Starlin son contradictorios y el brujo es un personaje trágico. Después le sometió a unas pruebas iniciatorias que también tenían el objetivo de elevarle a la altura de Thanos para poder ser su némesis. Lo mismo que había hecho con el Capitán Marvel. De esto va el principio de este tomo. Esa es la auténtica misión del Magus.  Él no es la verdadera amenaza sino Thanos, un giro argumental genial que debió funcionar en su época (nadie sabía que había pasado con Thanos tras la rotura del Cubo Cósmico) pero que aquí los geniales editores de Panini no han pensado en el posible comprador desconocedor de la historia que contiene el tomo como yo (la editorial cree que sólo los viejos del lugar pillan estas cosas o el nombre del titán es un reclamo comercial?). El hecho de que el Magus conserve el rediseño de Kane (pero de color violeta, guiño al Joker?) refleja que, a pesar de lo que él cree, no ha transcendido y por ello no puede ser el campeón de la Vida. Así pues, la compleja historia de viajes en el Tiempo, de los Señores de la Ley y el Orden y del Magus es simplemente la prueba que debe superar Warlock para estar en condiciones de enfrentarse a Thanos con probabilidades de triunfo. Una dura prueba mental, como es típico de Starlin,  que supone derrotarse, cuya superación implica  la metamorfosis, porque conocer nuevas cosas nos cambia, y la perdida del miedo, en este caso a la muerte, porque eso aumenta nuestro potencial, de modo que el resultado es la autosuperación y la perfección pues también es la aceptación del lado negativo y de la locura personal. Así, después de esta historia Warlock ha quedado como un nuevo personaje que, como Thanos, sólo puede ser manejado con solvencia por su recreador pues, quitando a los grandes, ningún guionista mainstream tiene la suficiente cultura para dar entidad al substrato esotérico y místico que les dio Starlin.
Metiéndonos en cuestiones estrictamente narrativas hay que decir que en La amenaza de Thanos este lo hace mejor que en su primera historia porque la experiencia ayuda al talento. Así, el dibujo es mejor, pero sigue pensado para el B&N (se nota que el autor fue fanzinero antes que fraile) con lo que muchos efectos del entintamiento se pierden con el color. Sin embargo su creatividad, casi al nivel del de Kirby, sigue atascando el fluir narrativo o dispersa la historia. Esto se evidencia en la cantidad de viñetas que Starlin necesita para contar la historia, su media debe ser el doble de la del mainstream clásico y el triple del actual, su historia no le cabía de otra forma. La ausencia de un tono coherente  en la narración es otro elemento narrativo negativo porque descoloca, Starlin utiliza diferentes voces narrativas (primera, tercera, etc.) y, además, de tanto en tanto rompe  la 4º pared, si bien hay que reconocer que esto no se notaba leyéndolo en su edición folletinesca original. Así, la historia queda demasiado liosa y densa de tal modo que el resultado, aunque chulo, es inferior al que el autor hubiera conseguido si se hubiera parado a pensar y racionalizar sus esfuerzos y sus ideas. Queda claro leyéndola que es un trabajo de juventud pues ningún esfuerzo ni ninguna idea se escamotea o se reserva y el plan que se sigue es un simple bosquejo. Si eso en la Guerras de Thanos se veía en como el diseño de Thanos se fue creando a medida que progresaba la historia, aquí con el de la matriarca, que tiene el rostro de M. Dietrich, y el de Gamora. Aún así Starlin tenía la idea principal pensada pues mantiene el interés del lector en la historia intrigándole en el comienzo con la desvelación parcial  del final. 
Así pues, el tomo Warlock: La amenaza de Thanos es una de las grandes historias del Universo Marvel aunque, como destaca más por originalidad y gafapastismo que por calidad, no está entre los primeros puestos. Por ello el único pero que tiene es la edición de Panini. Pasa que, además de que el color no luce como podría por la elección del papel, es demasiado grueso como para leerse con comodidad. Creo que sacrificar esta a cambio del completismo no es óptimo cuando hay que superar las 250 páginas. Por otra parte, los abundantes extras de este tomo, equivalentes a una grapa, curiosos los bellos lápices de A. Weiss que quedaron inéditos, como es habitual no aportan nada por lo que ahorrárselos hubiera estado bien en cuanto precio y comodidad de lectura. Si conseguimos olvidarnos de eso Warlock: La amenaza de Thanos es una grata lectura (como siempre más si no se lee como algo aislado) y un buen ejemplo de que la Marvel de antaño era diferente, dejaba hacer a sus autores y arriesgaba y así obtenía como resultado historias únicas, el primer paso a lo legendario, y no refritos. Modo abuelo cebolleta off.

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