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Critiquita 242: Asa, el ejecutor, K. Koike y G. Kojike, Planeta DeAgostini 2005-6

16 meses después he cerrado el círculo que comencé a trazar cuando compré el 1º tomo de la serie. A pesar de mis dudas iniciales, al final he terminado por hacerme con esta gran serie limitada de 10 tomos.
"Asa, el ejecutor" es un manga para adultos masculinos según esa peculiar clasificación japonesa del manga no por temas, sino por target, por un lado tan limitante, pero por otro, muy práctica para temas industriales y comerciales. Es un manga histórico ambientado en el periodo Edo (siglo XVII, cuando Japón por fin es dominado por los sogunes, quienes imponen una política de estancamiento y aislamiento que no terminará hasta que los occidentales los saquen de ahí a cañonazos en el tramo central del siglo XIX), centrado en su sistema judicial, concretamente en su pena de muerte, porque el prota es un verdugo. Pero no un verdugo en sentido estricto, ya que es un ronin que tiene como cometido en la vida (más que oficio) el probar las catanas del sogún. Como estas son armas, sólo se pueden probar matando gente, y como en el periodo Edo había pena de muerte, así se mataba 2 pájaros de un tiro. Por eso, Asaemon, no es un verdugo, sino un samurái que tiene como obligación secundaria el ejecutar reos de muerte.
Esta distinción es clave para entender la obra, que es muy buena, PERO de difícil acceso para un occidental, ya que es una obra muy etnocéntrica. Aunque por si misma te da casi todos los datos históricos que necesitas, no explica (no se escribió pensando en un público mundial) muchos de los aspectos ideológicos, filosóficos y culturales de sus historias (es una obra compuesta por 54 historias cortas o golpes de catana). Lógico, pues un japonés no lo necesita, lo encontraría redundante, e incluso ofensivo, que se hiciesen evidentes. Así que el lector occidental se asoma a una obra bastante folklórica e impregnada de budismo y bushido de la que apenas aprehende algo al ser ajeno a esa cultura. Se entera de lo principal, pero se pierde los matices y los detalles. Naturalmente, la editorial no ha hecho nada por ayudar a la obra y a sus lectores-clientes, dando algún tipo de información de apoyo. Por eso, jamás pillaré del todo la obra, pero por lo menos creo que he accedido a lo esencial, aunque para ello he tenido que leérmela casi entera. En el número 9 he tenido mi iluminación. Por fin he comprendido "Asa, el ejecutor".

Como he dicho, Asa es un verdugo, lo que le diferencia de los otros protas que matan "malos", es que nunca decide a quien ha de matar, no tiene ninguna relación con ellos (no son sus antagonistas) y siempre cumple órdenes. Pero eso no le convierte en un verdugo que mata porque es su profesión y, por tanto, su relación con el reo es estrictamente profesional (aunque es curioso que, al menos en la Edad Media, este pedía a su víctima que le perdonase). Ni en un verdugo calvinista, uno de esos que se creen el agente vindicativo de su dios (como los que salen en las pelis estadounidenses sobre la pena de muerte, que siempre, los actores, ponen cara de satisfacción), porque él no es ejecutor por motivos alimenticios o vocacionales.
Él es ejecutor por herencia familiar, porque ha nacido en una sociedad que le obliga a asumir esa herencia, ya que si por él fuera, no habría pena de muerte. Eso a ojos occidentales le empaña un poco, porque no intenta cambiar lo que cree que esta mal, pero hay que pensar que el budismo se toma el mundo con más filosofía y lo considera más inmutable. No le afecta tanto la muerte, porque lo ve algo tan natural como la lluvia (aparte de que vivimos una ilusión, somos el sueño de una mariposa o algo así). Así que resuelve el dilema de tener que hacer algo que no ha eligido y no le gusta, tomándose su cometido como un sacerdocio, como la renuncia a una vida normal (por ejemplo al matrimonio) por un objetivo mayor, porque para él, la ejecución es un rito religioso, un rito de paso, pues el condenado va a pasar de una vida a otra vida.
Como sabéis, el budismo cree en el renacimiento. Así que es evidente que el ejecutado renacerá, ya que no ha llevado una vida que le lleve al nirvana y además, esta cargado de karma. Así que Asa se toma su cometido muy seriamente, pues participa de un hecho capital de la vida de una persona, del condenado. Por eso se toma como obligación hacer de este un momento purificador, para que con su muerte, el condenado, empiece el camino de renacimiento con buen pie. Así, intenta hacer de la ejecución un momento de paz y solemnidad, una especie de autosacrificio propiciatorio. Por eso no quiere que los reos tengan miedo, ni que sufran, así que siempre les trata con respeto, se muestra sereno y compasivo y se compromete a matarlos rápidamente y sin sufrimiento, cosa que, como japonés, esta obligado, pues ha de tratar de hacer su función de forma perfecta. Además, siempre trata de entenderlos y de satisfacerlos con una última voluntad, aunque esta sea que él tenga que hacer algo. De esta forma, lo que busca Asa es que la ejecución sea el momento culmen de la purificación del reo que comienza en la cárcel y ante la ejecución, siendo su papel el de certificar, sellar y solemnizar esta purificación aportando la nobleza de su condición de samurái y la religiosidad de su bushido. Así, el reo puede acudir al patíbulo con tranquilidad, porque sabe que es el punto final a su purificación y el comienzo de una nueva posibilidad esperanzadora. Así, habiéndose arrepentido de sus delitos y alcanzado la paz interior, no odiando ni temiendo y aceptando su destino, se "ofrece" a morir, de forma que libera de karma a si mismo y a su ejecutor.

Así es como hay que tomarse las ejecuciones (no todas serán así, pues no todos los reos de muerte se purifican) de las historias. Esta es la pieza central sobre la que gira toda la obra, que, al menos para mi, ha permanecido oculta hasta casi el final, aunque tampoco descarto que esto fue una idea que Koike fue desarrollando conforme escribía el manga.
Así pues, ahora puedo entender la obra. La seriedad, rigor y dedicación con que Asa aborda el aspecto secundario de su obligación (insisto que samurái no es un oficio, es una condición social que, como en todas las sociedades premodernas, acarrea una serie de obligaciones) de probador de catanas del sogún, no es sólo por ser japonés (recuerden, la aspiración de ser el mejor en lo que se hace), sino también, y sobre todo diría yo, por tomárselo de forma compasiva y caritativa, como un acción humanitaria para ayudar a otra persona a salir del pozo, como una ceremonia religiosa. Por eso, su rigor y dedicación, por eso el empeño de mantener el honor y de alcanzar la fama, porque su excelencia en su cometido es la forma que tiene de garantizar a sus víctimas, que su ejecución será un rito religioso de paso, el principio de otra oportunidad para tener una vida mejor.
Por eso, Asa enfoca su faceta de ejecutor de esta forma, porque no le gusta lo que hace, como sabemos desde el principio. Por eso, ni es un ejecutor frío e impertubable, ni un héroe que acaba con los malos, sino una persona que se apena y se compadece de los ejecutados. Por eso, les ofrece algo distinto a una ejecución punitiva y vindicativa. Por eso sus ejecuciones realmente son actos humanísticos y piadosos. Porque es la forma que ha encontrado de reconciliar su conciencia con su vida (matar aunque no quiera y cumplir los designios tanto del padre, como de la sociedad), de motivarse para hacer las cosas bien y que le sirva para su propio camino al nirvana. De forma que es el típico héroe nipón cuyo dilema no esta en elegir el Bien o el Mal como el occidental, sino reconciliación su individualidad con la sociedad a la que ha de servir.
Esa es la esencia de esta gran obra de Koike que, gracias a su estupendo trabajo, es atemporal y universal porque, aunque es una obra de los 70 y hecha para japoneses, nos llega. A pesar de que su crítica social se nos escapa a los que vivimos en una sociedad sin pena de muerte, de clase y parcialmente igualitaria. A pesar de que se nos escapa su condición de obra revolucionaria (el otro gran tema social de la obra es la reivindicación de la mujer como igual al hombre; en el Japón de los 70, no estaba mal visto que los hombres no cediesen su asiento del metro a las embarazadas), por no vivir aquellos años en Japón, esta obra nos conmueve. Ahí esta la maestría de Koike, en que salva la distancia cultural. Porque, aunque nos perdamos los detalles, su carácter tremendamente humanístico y compasivo, su crítica a la justicia inhumana y su revindicación de que todos somos, al menos en el fondo, buenos y merecedores de ser tratados con dignidad e igualdad la hace conmovedora y accesible a cualquier ser humano (menos, quizás, a los dictadores birmanos). Esto Koike lo consigue gracias a unos estupendos guiones, simples, pero muy bien construidos y desarrollados, poéticos y cargados de sabiduría oriental, que reproducen sobresalientemente una época del pasado, construyen con sutileza un pj espléndido y portentoso, un auténtico héroe, pues supera su condición nipona, y un complejo y profundo discurso que reprende a la sociedad y revalorizá al individuo (recuerden que los orientales ponen al colectivo por encima del individuo), con lo que conecta con el cine de Kurosawa, y al budismo y al bushido como guías morales aún válidas.

El complemento perfecto y quizás lo que hace tan grande a "Asa, el ejecutor" es el arte de Kojike. Su dibujo es desagradable por tosco, feo y limitado, pero eso no perjudica la obra, porque su perfecto entintamiento, su tremenda expresividad y plasticidad y su maravillosa y ultrahumana capacidad de narrar, nos hacen olvidar el mal dibujo, pues dota a los guiones de una fuerza y una poesía tremendas y conmovedoras.
No sé cual es el sistema de trabajo de los autores. No sé si el guionista es responsable, corresponsable o irresponsable de la fantástica narrativa. Pero lo cierto es que esta es soberbia y portentosa y eso sólo se puede conseguir con una gran compenetración y entendimiento entre los autores. Sólo así se puede entender que el guionista enmudezca dejando sólo al dibujante contar momentos de las historias (incluso hay algunas casi mudas) y que estas no se resientan ni se hagan ininteligibles. En fin, sea como sea, las historias estan narradas visualmente con un estilo muy cinematográfico y clásico, esto es, con fluidez, serenidad y sutileza, que da una parsimonia y delicadeza a lo que el guión cuenta, que hace que el conjunto tenga una tremenda capacidad expresiva y conmovedora y, por tanto, que este cómic sea una obra maestra.
Es imposible describir con palabras la calidad de la narración, ni explicar el efecto que tiene en el lector, pero lo cierto es que hace que el manga te toque el corazón. Historias como "El cuello del crisantemo", "Cortarse las uñas el día 6" y "La tos" (las 3 son del último tomo y las pongo como ejemplo por ser las más recientes en mi memoria) son impresionantes. Primero, por lo genialmente que estan abordadas, segundo, por la filosofía humanística que contienen y tercero por lo bien que Kojike interpreta el guión con dibujos. En la primera, la parte central no tiene interés, es un tema de jardinería totalmente anodino, pero esta contada de forma tan primorosa y sentida (es impresionante como Kojike, a pesar de su torpeza, plasma perfectamente la serena implicación de Asa) que la historia inadvertidamente llega a emocionarte. Es magistral que la segunda comience con una introducción a cargo de 2 pjs muy vulgares y feos, porque es la mejor forma de explicar la historia. Y qué decir de la ejecución! Aunque suene increíble, los pjs se mueven! Y la última, es casi muda y muy sencilla, pero eso no le impide capturar la esencia de toda la obra y tener un final, que aunque convencional (los pjs se alejan del lector hacia la nada), es emocionantísimo, perfecto y esperanzador. Ahí esta su condición de obra maestra, en como alcanza la excelencia a través de la simplicidad. En eso y en su calidad de obra única, no hay ningún otro cómic igual.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Estupendo post. Yo también soy fan de Asa, me parece un gran manga, mejor que el lobo solitario, mucho más profundo, más filosófico, lleno de epíritu oriental. Difícil de entender por un occidental, pero tan magistralmente narrado que emociona y conmueve. Magistral.
Lord_Pengallan ha dicho que…
Felicidades por haber leído un post tan largo y denso. :)
Lo impresionante de Asa, es que sólo pillamos la mitad y aún así, nos parece impresionante.
Mar ha dicho que…
En la diferencia radica también uno de sus encantos: no siempre se entienden todos los matices y eso hace que la relectura de algún pasaje siempre comporte una visión nueva, más completa y con algún matiz que nos involucra aún más en su complejidad y genialidad.
Es uno de mis tebeos favoritos, no sólo de entre los mangas, si no en general.

Besitos
Lord_Pengallan ha dicho que…
Tienes toda la razón mar, seguro que esta obra nos impacta tanto en parte porque nos es extraña.
Mar ha dicho que…
Y sigo ;-)

Creo que lo que nos resulta extraño son las razones que le impulsan a tomar las decisiones que toma y que lleva a cabo hasta sus últimas consecuencias, que -por supuesto- son inquebrantables y que determinan su vida completa: algo así como que el corazón tiene razones que la razón no entiende... porque la base de sentimientos e inquitietudes sí nos resultan más cercanas.

Besitos más

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