5.7.12

Critiquita 351: Drácula, R. Wood y A. Salinas, ecc 2012

Últimamente se han editado muchos cómics protagonizados por Drácula en nuestro país. El último en llegar ha sido este aunque tiene ya 20 años. No sé cómo son los demás pero el Drácula de R. Wood es un cómic estrictamente histórico.


Cualquiera que conozca la historia de Drácula, o Vlad Tepes para distinguirle del vampiro, sabe que es mucho más atractiva, interesante y terrorífica que cualquier relato de Terror que se haya hecho con su alter ego pop. Los Balcanes en los años en que vivió Drácula fueron un lugar muy convulso y peligroso. Los turcos imparables penetraban en Europa y los grandes poderes cristianos de la zona, principalmente Hungría, más débiles individualmente que los otomanos, trataban de frenarles. Por tanto, no había forma de sustraerse de las invasiones turcas y los contraaques europeos para aquellos que, como Valaquia donde gobernaban los Dráculas, estaban en medio, pero Drácula era un idealista así que pensó que sí había forma y eso es el leitmotiv de su historia. Se pasó toda su vida adulta guerreando y atemorizando para poder ser independiente. Al final no pudo ser porque Vlad Tepes, como todo ser humano, no podía derrotar a la realidad.

Esto, con más detalle, es lo que cuenta en este cómic R. Wood con un buen trabajo de documentación, una prosa potente y dinámica, tintes shakespirianos y un enfoque directo y descarnado. Un buen guión a pesar de que el guionista falla en su búsqueda de un Drácula independiente de su alter ego pop. Aunque R. Wood se limita a hacer un guión histórico, su Vlad Tepes sigue siendo un personaje sobrehumano, sombrío (siempre va vestido de negro, el único de todo el cómic) y extraño. El intento de humanización del guionista fracasa porque apenas se interesa por lo apolítico y porque su retrato del personaje es incoherente. Creo que esto se debe, más a que el cómic se hizo a rachas y a que las últimas 25 páginas se han reescrito de forma un tanto burda (lo que demuestra inseguridad con el trabajo hecho), a que R. Wood o bien no comprende a Drácula o bien no pudo evadirse de la ficción. Como el guionista se centra demasiado en Vlad Tepes, el complicado, inestable y cruel mundo en el que este peleó hasta morir que lo explica y lo vulgariza (fue otro gobernante más de finales del siglo XV que buscaba el absolutismo en un mundo donde el lenguaje político era la fuerza) queda ensombrecido. Así, este Drácula, a pesar de ser humano y un personaje histórico, sigue siendo otra manifestación del Mal. Una lástima porque el romanticismo trágico (Drácula lucha por un ideal y contra el Destino), la extrema violencia y crueldad como modo de compensar la extrema debilidad, el maquiavelismo (Drácula anuncia al príncipe que teorizó Maquivelo) y el heroísmo (el papa le proclamó campeón de la cristiandad) que R. Wood descubre en Drácula podían haber contribuido a demostrar que el Drácula real es tanto o más interesante y carismático que su alter ego pop.

El dibujo en B&N corre a cargo de A. C. Salinas. Un dibujante realista, clásico y competente. Sobre todo destaca su regularidad, Drácula tiene la misma cara en la primera viñeta y en la última, casi siempre con la misma expresión. No lo hace mal pero su trabajo es demasiado convencional, frío, rígido y no se documentó tanto como el guionista (sus europeos parecen más cruzados del siglo XIII que guerreros balcánicos del XV). Así, aunque no perjudica al notable guión de R. Wood no le aporta nada y con su realismo no apoya la propuesta sobrehumana del guionista salvo por la decisión de dar a Drácula la exclusividad del negro y el no representar la edad de este (tiene la misma cara a los 20 que a los 40). Por ello la reedición en color, por lo visto del mismo A. C. Salinas, que se hizo es más atractiva ya que alegra y da calidez y profundidad a las grises páginas.

Así pues, aunque Drácula se puede considerar una obra fallida porque R. Wood no consigue su objetivo de hacer de Vlad Tepes un personaje independiente de la Fantasía, es un cómic emocionante y enérgico lleno de violencia y crueldad por lo que es adulto y masculino. Una lectura muy grata porque el guionista no trata de imponerse a los hechos históricos -R. Wood es un experto guionista de modo que no cayó en la tentación de pensar que su ficción iba a superar o mejorar al Drácula real (con tintes legendarios)- aunque alguna libertad se toma (y no pone nunca fechas), porque evidencia que el motor de la historia de Vlad Tepes fue la irracionalidad y porque acierta con el tono descarnado ya que con él hace impactante la brutalidad de Drácula, otro dirigente más que por poder, ambición y orgullo mató a decenas de miles. En fin, que Drácula es de los mejores cómics que se han publicado en nuestro país en lo que va de año y a muy buen precio. Que la fea portada que trata de imitar patéticamente un libro no os haga pensar lo contrario.
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