17.12.08

Critiquita 260: Percevan nº 11-2, Léturgie y Luguy, Norma 2008

Por fin Norma se dignó a sacar los números inéditos de Percevan, una de mis series favoritas cuando era adolescente. Ha sido una agradable sorpresa pues, como esta editorial llevaba años asegurando que iba a sacarlos, yo había dejado de creer sus declaraciones.
Percevan es la típica serie de fantasía medieval francesa, es decir el realismo pesa más que en la anglosajona (señores de los anillos y demás), y es también el típico cómic juvenil (para adolescentes) francés, aunque con un poquito más de sexualidad. Es, pues, un cómic de género e industrial sin nada nuevo en sus páginas, tan sólo como afrontan y plasman sus autores el esquema y las exigencias de un producto estandarizado. Nos relata las aventuras de Percevan, el típico héroe galán y gallardo, y su amigo Kervin, el típico gordo simpático, gracioso y cobarde con corazón de león, en un mundo fantástico, que podría ser la Francia del siglo XIII si esta hubiese estado habitada por magos, brujas y monstruos.
Léturgie se desenvuelve bien en este mundo convencional al conseguir superar el cliché y los pjs típicos y planos con tramas sencillas pero bien desarrolladas, un mundo sólido y coherente, basado en secundarios recurrentes, diálogos eficientes, buena comicidad y cierta originalidad e imaginación, y una lectura agradable y sencilla que no se agota en posteriores lecturas. En esta última aventura Percevan intenta salvar el mundo del apocalipsis y el resultado, por desgracia, esta por debajo de la media de la serie. Da lo mínimo porque el enfoque es más convencional de lo habitual y Léturgie no puede ocultar que la historia esta estirada. Supongo que es la manifestación de la falta de interés de unos autores que han tardado 6 años en hacer la aventura completa.
Luguy es para mi la principal razón de que esta serie me guste y, a diferencia del guionista, su calidad no ha disminuido en esta última aventura. Su dibujo sencillo y caricaturesco, lo típico de este estilo de cómic, recuerda un poco a Mezieres y al manga, destaca por su eficacia (aunque nunca se complica la vida haciendo composiciones raras o adoptando extremos puntos de vista), por el diseño de pjs secundarios (más barrocos ya que no tiene que dibujarlos constantemente) y por su barroquismo y detallismo en los fondos y en los motivos fantásticos. Además, Luguy es un buen narrador de estilo clásico y sabe imprimir dinamismo y energía a sus dibujos. Así pues, su trabajo no destaca por su belleza o calidad pero, como es sólido, competente, imaginativo y currado, responde muy bien a las necesidades del guión y del género y consigue que la serie de Percevan tenga alma.
Así pues, estos últimos números han decepcionado mis expectativas conservadas durante años, pues la historia es floja, pero sigue siendo un buen cómic francés juvenil. No hay que olvidar que este es un cómic para pasar el rato, no tiene vocación de excelencia ni esta pensado para paladares exigentes.

1 comentario:

PAblo dijo...

Buena reseña. Coincido contigo en que el punto fuerte de la serie es el dibujo de Luguy.

Impacientes Saludos.

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