15.4.14

Critiquita 411: Marshal Law: Miedo y Asco, P. Mills y K. O´Neill, ECC 2013


Lo que pasaba a finales de los 80 no era el fin por desgaste, o lo que fuese, de los superhéroes clásicos o modernos, los que siguen los preceptos de Lee&Kirby, sino que estaba terminado el reaganismo (y el thacherismo). Es por eso que en 1986 Miller y Moore sacaron sus obras, Dark Knigth returns y Watchmen respectivamente, en las que cada uno a su manera ridiculizaban a los superhéroes que cumplían el ideal heroico reaganiano. El primero lo hizo recordando que el héroe no es un agente del orden conservador sino un transgresor y ambiguo parasistema, y el segundo poniendo de relieve que los superhéroes serían incapaces de resolver los problemas reales. La obra de derribo la completó al año siguiente este cómic. Supongo que porque Marvel quería participar del tema de moda. Pero no hay que considerar a Marshal Law como una agria crítica a los superhéroes pues lo que en realidad hacen Mills y O´Neill es criticar duramente al reaganismo.


Mills es un inglés contracultural y eso se nota en esta obra, para él los superhéroes no son algo propio, el sarcasmo le es algo natural y generacionalmente le viene del punk. Por eso en Marshal Law vomita y defeca sobre el poder de aquel momento, el decadente EE.UU. de Reagan. Este Mills es un personaje importante del cómic británico. Sobre todo es conocido por ser el creador y guionista de Slaine. En esa obra hace gala de un buen conocimiento de la mitología desde una perspectiva psicoanalítica. Esto es lo que hay tras su guión para Marshal Law. Él sabe lo que simboliza el héroe y por eso escribe una furibunda crítica a la perversión del heroísmo hecha por la Administración Reagan. Este cómic no apunta contra los superhéroes sino contra Chuck Norris y Stallone, contra Rambo y personajes parecidos. Pero entonces por qué los enmierda? Pues porque para Mills los superhéroes ejemplifican la forma con la que el gobierno estadounidense manipula a los jóvenes para que sirvan a sus egoístas intereses. Así, lo que el guionista inglés ataca en Marshal Law es el uso interesado y manipulador del heroísmo hecho por el back to the basis de Reagan, la conversión del héroe noble y universal en un héroe teledirigido y patriota. Mills denuncia la perversión del mito del héroe, su uso interesado y propagandístico. Por ello sus superhéroes primero son creaciones genéticas del gobierno estadounidense (de la misma forma que los soldados interpretados por los actores mencionados lo son) y luego se forjaron, no en Vietnam, aunque eso es una poderosa referencia, sino en las intervenciones de la Administración Reagan en Centroamérica, en particular en Nicaragua, donde armó y apoyó a unos crueles asesinos y torturadores a los que pretendió hacer pasar por heroicos y virtuosos luchadores por la libertad. Por eso los superhéroes del mundo, del EE.UU., de Mills están torcidos. Al nacer por intereses perversos, mezquinos e imperialistas muchos de ellos son tarados y un peligro para la sociedad que se pueden dividir en 2, o supervillanos o superhéroes sólo en la propaganda. Aunque tal diferencia es absurda pues ambos están por encima de las leyes, unos por marginados y otros por ser de un gobierno, más que corrupto, pervertido. Por eso aunque Marshal Law busca continuamente a un héroe no lo encuentra, ni siquiera en el espejo. Si el ideal está podrido los que lo encarnan lo están también. Por eso incluso Marshal Law lo está, de ahí su look pervertido y ambiguo, sádico y masoquista a la vez, (sólo fachada pues el cómic de Mills tiene esperanza). Aunque él se ha dado cuenta de ello y busca por ello desvelar la mentira, no deja de ser un justiciero como lo son el Juez Dredd o el personaje interpretado por un caduco C. Bronson (el EE.UU. de Marshal Law es el retratado en la saga protagonizada por este, la del Vengador Anónimo, y en la de Harry el Sucio, un país con unos niveles de delincuencia violenta y desorden altísimos; eso y Reagan van unidos). Gente cruel, violenta, parcial e implicada personalmente por lo que lo suyo no es justicia sino venganza (pero recordemos que el principal supergrupo de Marvel se llama a sí mismo Vengadores). Así pues, Marshal Law es el cómic más político de los mencionados. Lo mejor de Mills es que su furia denunciadora no le impide hacer una buena historia. Marshal Law es un cómic entretenido, interesante y bien escrito siguiendo el esquema que hoy llamamos whodunit. Solo que a diferencia de Watchmen el asesinato investigado no es el de un superhéroe del gobierno sino los de unas prostitutas que se disfrazan de una superheroína concreta, Celeste. Una superheroína de clase sirena, diseñada para seducir y sorber el seso mediante el sexo. Cosa que hace que el asesino evoque a Jack el Destripador. Así pues, estamos ante una historia de tipo policíaco, donde el Hard Boiled se da de la mano con A. Cristhie, y no superheroico ya que, evidentemente, el 1º es el género que a Mills le pareció mejor para poder ponerse sórdido con los superhéroes.  

O´Neill se encarga de dibujar este guión con la pericia, si bien no acierta con el diseño de Lynn pues la pinta atractiva cuando no debía serlo, y el intrusismo que le son típicos. Él siempre mete morcillas en los guiones usando el enorme poder que tiene el dibujante. Ni que decir tiene que su estilo expresionista exacerba la crítica de Mills porque con él siempre todo es más desagradable y grotesco. Así pues quizás no sea el mejor dibujante para este cómic aunque sea un narrador notable, un gran trabajador y un tipo retorcido, audaz y rebelde. Su estilo carga las tintas del guión de modo que todo queda más radical y paródico de lo que seguramente quería Mills ya que exagera la astracanada que envuelve su crítica seria y argumentada.

Así pues estamos ante una obra histórica del género por lo que hay que agradecer a ECC (que al final esta serie la reedite DC y no Marvel retrata muy bien a estas editoriales; los superhéroes caricaturizados en Marshal Law son los de DC) que haya rescatado este cómic. Aplausos a su rotulación. Aunque su transgresión sexual y violenta y su crítica religiosa y política (no olvidemos que para muchos estadounidenses esas 2 cosas van unidas) hoy no es impactante pues se adelantó a los tiempos, sigue siendo una lectura clave para entender el mainstream. Por un lado es una parodia profética pues critica con años de antelación a los superhéroes de los 90, los que trataron de renovar los superhéroes clásicos o modernos en esa década precisamente lo hicieron teniendo en mente los héroes de acción de los 80, por el otro sirve para recordar que los superhéroes no dejan de ser personajes al servicio de EE.UU., por el otro es un análisis del género superheroico, si bien esto es lo más flojo, aquí es donde Mills se nota que es un tío de la contracultura, su alter ego claramente es Lynn, por ser demasiado psicoanalítico y sectario (demasiado feminismo; Virago significa mujer varonil) y por el último lado es una obra tremendamente influyente en todos los comics que se han acercado de forma alternativa a los superhéroes, algo muy de moda en la pasada década, como Powers.
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