21.4.14

Critiquita 412: Lex Luthor, B. Azzarello y L. Bermejo, ECC-DC 2014


Superman está viejo. El haberse convertido en un ser hiperpoderoso, hiperbondadoso e infalible y tener un origen pasado de moda, granjas como las de los Kent ya no quedan, ha hecho que no esté en armonía con la posmodernidad. DC lo sabe como demuestra la cantidad de veces que ha recontado su origen en los tiempos recientes y sus diferentes intentos por renovarle, el último el de los N52. Tremendamente radical según criterios industriales. Esta búsqueda de un Superman adecuado a los nuevos tiempos es el contexto en el que se debe leer Lex Luthor pues, a pesar de las apariencias, es un cómic del kriptoniano.
El cómic protagonizado por la némesis humana del primer superhéroe en realidad va sobre este porque aquel no sería el que conocemos sino fuera por Superman. Así pues, aunque Azzarello pretendía explicar porque alguien puede estar en contra de un ser hiperpoderoso, hiperbondadoso e infalible, como si el orgullo humano fuese algo que desconocemos, al final lo que le salió es un análisis de Superman, que lamentablemente ha sido ignorado a pesar de que este cómic tuvo mucha repercusión. El verdadero protagonista de este cómic es el primer superhéroe, aunque sólo tiene 2 frases breves y aparece mucho menos que Lex Luthor y siempre de forma distante e intimidante de tal modo que parece mucho menos humano que aquel, porque su sombra está en cada una de las viñetas de la obra. Lex Luthor cree vivir en una dictadura (razón no le falta porque Superman vive el sueño de todo dictador: ver y escuchar, o sea vigilar, todo; el kriptoniano es un ser panóptico, la aspiración de todo servicio de Inteligencia) y como esa creencia le obsesiona, al final el verdadero protagonista de su historia no es él sino el "dictador" al que combate. Por tanto, dado que nada de esta historia se puede comprender sin el primer superhéroe, el protagonista de este cómic es Superman.

Las causas de la lucha entre Lex Luthor y Superman es que EE.UU. ya no es el de 1938, el año de creación del kriptoniano, y el género superheroico ya no es infantil. El primer superhéroe es un hijo del Crack y del EE.UU. humilde y rural, por eso combate al rico y está obligado a ser ejemplar, pero hoy el héroe de EE.UU. es el rico, la sociedad estadounidese es (sub)urbana y de clase media y el público adulto abomina de lo ejemplar. Así pues, el origen del conflicto está entre el choque de lo viejo con lo nuevo. Superman se ha quedado anticuado sobre todo porque en la posmodernidad lo humilde y lo moral se desprecia. Nadie se conforma con poco y todos saben que ser bueno es acabar a los pies de los caballos. El que no corre vuela y el que no tiene un primo tiene un amigo. En una sociedad despiadada y competitiva ser solidario y honrado es una debilidad y por ello el que nos obliguen a serlo resulta intolerable. Así pues, la lucha entre Lex Luthor y Superman es una lucha del humano contra el ideal que no le deja serlo porque no le permite algo tan humano como los vicios y las maldades. Por eso Superman no es humano, lo que más le gusta señalar al Lex Luthor de Azzarello. Esta es la razón por la que el cómic está lleno de superficies reflectantes. El hecho de que Lex Luthor es el que se refleja en ellas no se debe a que Azzarello quiere evidenciarnos que es el reflejo negativo de Superman sino la imposibilidad de este para ser el héroe de EE.UU. Por eso generalmente estos espejos son cristales. Es decir, no enfrentan a uno consigo mismo sino a uno con el del otro lado. Así, Lex Luthor no se ve a sí mismo en la superficie reflectante sino su reflejo opacado por Superman, lo que más rabia le da. De este modo el cristal también funciona como barrera que el empresario calvo multimillonario no puede traspasar Si lo hiciese caería ya que no puede volar. Es un humano, no un ideal (el superhéroe volador creado por él en este cómic tiene el nombre de Esperanza; si se piensa ese es el superpoder de Lex Luthor, tener más moral que el Alcollano). Esto también es clave en el cómic pues también va de rascacielos, torres de Babel, aunque en este caso no se quiere llegar al Cielo sino estar por encima de él. Por eso el cristal en el que más se mira Lex Luthor en el cómic es el del ventanal de su despacho en lo alto de su torre (símbolo fálico, de orgullo y de poder lejano pero vigilante). El hombre prosaico sólo puede ascender por medios mecánicos. Así pues, Lex Luthor no puede ser la imagen que todos desearíamos que nuestro espejo reflejase, cosa que es Superman. Por eso lucha. Su objetivo es sustituir al primer superhéroe como reflejo deseado por la humanidad porque el kriptoniano, como ideal, es un tormento para todo empresario despiadado y ambicioso ya que le provoca remordimientos de conciencia, el ideal siempre hace que ser humanos sea reprochable, y envidia. Aunque todo el mundo le reconozca como poderoso, todo el mundo sabe que no es un héroe, que no es un filántropo que arriesga su vida y bienestar por los demás. Lo que da un héroe a su sociedad es lo más importante que tiene, mientras que lo que da el empresario a su sociedad es las migajas de lo que tiene en forma de fundaciones culturales o sociales. La caridad, sea sincera o no, siempre consiste en dar lo que a uno le sobra. Lo que nos atormenta siempre es la diferencia entre lo que deseamos y lo que tenemos. Por ello Lex Luthor para conseguir su deseo de que todo el mundo le vea como un héroe debe derribar del pedestal a Superman para poder subirse a él. Este antagonismo entre el gran empresario y el superhéroe descrito por Azzarello de forma sutil, idea impresionante cuando nos damos cuenta que fue escrita en el 2005, 2 años antes de que la inmoralidad y ambición de los financieros mandasen a muchos a la mierda, es lo que hace a Lex Luthor uno de los mejores cómics superheroicos de este siglo. No en vano el estar protagonizado por el villano es una característica propia de la ficción posmoderna. Antes molaba Luke, ahora mola Darth.
Así, lo que escenifica Azzarello en Lex Luthor es una lucha entre élites por el dominio de EE.UU. El ideal pretérito contra el humano posmoderno o relativista desatado. El ángel protector contra el humano rico, por eso Azzarello también mete a Batman en la lucha. EE.UU. fue un país en el que lo ideal era lo importante. Los puritanos que lo colonizaron seguían un ideal, los revolucionarios que lo independizaron querían hacer realidad un ideal y sus ciudadanos pretenden globalizar lo que creen un ideal, pero los ricos estadounidenses desde el XIX y, especialmente, desde los 60 del siglo pasado, buscan oscurecer los ideales de su país (por ejemplo haciendo que EE.UU. apoyase a dictadores) para poder ser totalmente libres. Lo que Lex Luthor odia de Superman es que no puede superarle. Aunque es uno de los humanos más poderosos no puede estar en la cúspide de la pirámide. Superman siempre va a estar encima y eso le parece intolerable pues al ser un ideal está fuera de las reglas del juego mientras que él, por ser humano, está dentro de él. Lo que le revienta a Lex Luthor es que jamás podrá dominar el mundo mientras Superman esté en él. Cuando nos enfrentamos a un mito no podemos ganar. Es un problema de reflejos. Cuando un humano se enfrenta a otro recibe una imagen de sí mismo, pero cuando se enfrenta a un no humano no recibe su reflejo, hay una diferencia que en el caso de Superman, del ideal, supone que el humano saldrá derrotado. Jesucristo es elegido como el hombre más bueno de la Historia por un buen montón de simples porque se han visto directamente favorecidos por aquel o porque el hijo putativo de José es un ideal? Así pues, Lex Luthor en realidad lucha contra Superman por los corazones y almas de los estadounidenses. Quiere ser ese alguien fuerte que disipe el miedo que muchos humanos desean que exista (el cristianismo hace que el deseo íntimo de los estadounidenses sea el ser gobernados por un dictador angelical). Mientras estos prefieran al kriptoniano la inmoralidad y el egoísmo van a seguir siendo despreciables. O sea, Superman siempre va a estar por encima de los grandes empresarios. Es el mismo conflicto que enfrentó a Ozimandias con dr. Manhattan. Es un combate por ser el macho alfa del planeta. La diferencia está que en este cómic Lex Luthor quiere demostrar que el ideal no es humano tanto para separar a los humanos de este como a este de los humanos, que Superman pierda la fe en la humanidad y que esta lo haga en él, y a sí poder decir: hey, amarme y admirarme a mi que soy tremendamente humano de modo que jamás tendréis remordimientos de conciencia por ser como sois. Es mucho más ventajoso el que los héroes sean campechanos. Porque es innegable que el Lex Luthor de Azzarello es un héroe, a diferencia de los grandes empresarios a los que representa cuando Superman es el título, ya que es un ser caótico, poderoso, excesivo, idealista y sacrificado. Por ello no tiene sentido que al final Lex Luthor dude de su humanidad. Ha matado a su Esperanza pero todos sabemos que en realidad no lo ha hecho porque al mes siguiente volverá a desafiar a Superman. Jamás se va a rendir en su lucha por sustituirle. Sigue teniendo esperanza, sigue teniendo deseo, luego sigue siendo humano. Además, ser un Judas despiadado, megalómano y artero es algo más humano que ser hiperpoderoso, hiperbondadoso e infalible. Los primeros están muy documentados pero los segundos sólo existen en la ficción. 
Por tanto, Azzarello, ayudado por Bermejo, ofrece en Lex Luthor un camino que no se ha querido seguir, seguramente por ceguera, para renovar a Superman. Esto es lo que hace grande a este cómic. Por ello da pena que la propuesta de Azzarello haya sido ignorada cuando soluciona el problema que tiene Superman desde hace muchos añoslas historias en las que el invencible se ve desafiado carecen de sustancia, ya que da la fórmula con la que llenar de contenido sus enfrentamientos mensuales, es decir, explica como hay que caracterizar a los villanos que se enfrentan al primer superhéroe. Superman es un ideal que se publica en una época que odia los ideales por considerarlos inhumanos e inalcanzables. Comprender esto, cosa que gracias a Azzarello ahora se puede, es lo que necesitan los editores, los autores y el público para que el primer superhéroe vuelva a ser interesante (popular no va a volver ser hasta que los ideales se vuelvan a poner de moda). La cosa no es muy difícil pues basta con continuar el genial final abierto con el que termina Lex Luthor. Todo esto hace que me haga una pregunta: ¿Cómo estarán los episodios de Superman en tamaño comicbook escritos por Azzarello unos meses antes que este cómic?

15.4.14

Critiquita 411: Marshal Law: Miedo y Asco, P. Mills y K. O´Neill, ECC 2013


Lo que pasaba a finales de los 80 no era el fin por desgaste, o lo que fuese, de los superhéroes clásicos o modernos, los que siguen los preceptos de Lee&Kirby, sino que estaba terminado el reaganismo (y el thacherismo). Es por eso que en 1986 Miller y Moore sacaron sus obras, Dark Knigth returns y Watchmen respectivamente, en las que cada uno a su manera ridiculizaban a los superhéroes que cumplían el ideal heroico reaganiano. El primero lo hizo recordando que el héroe no es un agente del orden conservador sino un transgresor y ambiguo parasistema, y el segundo poniendo de relieve que los superhéroes serían incapaces de resolver los problemas reales. La obra de derribo la completó al año siguiente este cómic. Supongo que porque Marvel quería participar del tema de moda. Pero no hay que considerar a Marshal Law como una agria crítica a los superhéroes pues lo que en realidad hacen Mills y O´Neill es criticar duramente al reaganismo.


Mills es un inglés contracultural y eso se nota en esta obra, para él los superhéroes no son algo propio, el sarcasmo le es algo natural y generacionalmente viene del punk. Por eso en Marshal Law vomita y defeca sobre el poder de aquel momento, el decadente EE.UU. de Reagan. Este Mills es un personaje importante del cómic británico. Sobre todo es conocido por ser el creador y guionista de Slaine. En esa obra hace gala de un buen conocimiento de la mitología desde una perspectiva psicoanalítica. Esto es lo que hay tras su guión para Marshal Law. Él sabe lo que simboliza el héroe y por eso escribe una furibunda crítica a la perversión del heroísmo hecha por la Administración Reagan. Este cómic no apunta contra los superhéroes sino contra Chuck Norris y Stallone, contra Rambo y personajes parecidos. Pero entonces por qué los enmierda? Pues porque para Mills los superhéroes ejemplifican la forma con la que el gobierno estadounidense manipula a los jóvenes para que sirvan a sus egoístas intereses. Así, lo que el guionista inglés ataca en Marshal Law es el uso interesado y manipulador del heroísmo hecho por el back to the basis de Reagan, la conversión del héroe noble y universal en un héroe teledirigido y patriota. Mills denuncia la perversión del mito del héroe, su uso interesado y propagandístico. Por ello sus superhéroes primero son creaciones genéticas del gobierno estadounidense (de la misma forma que los soldados interpretados por los actores mencionados lo son) y luego se forjaron, no en Vietnam, aunque eso es una poderosa referencia, sino en las intervenciones de la Administración Reagan en Centroamérica, en particular en Nicaragua, donde armó y apoyó a unos crueles asesinos y torturadores a los que pretendió hacer pasar por heroicos y virtuosos luchadores por la libertad. Por eso los superhéroes del mundo, del EE.UU., de Mills están torcidos. Al nacer por intereses perversos, mezquinos e imperialistas muchos de ellos son tarados y un peligro para la sociedad que se pueden dividir en 2, o supervillanos o superhéroes sólo en la propaganda. Aunque tal diferencia es absurda pues ambos están por encima de las leyes, unos por marginados y otros por ser de un gobierno, más que corrupto, pervertido. Por eso aunque Marshal Law busca continuamente a un héroe no lo encuentra, ni siquiera en el espejo. Si el ideal está podrido los que lo encarnan lo están también. Por eso incluso Marshal Law lo está, de ahí su look pervertido y ambiguo, sádico y masoquista a la vez, (sólo fachada pues el cómic de Mills tiene esperanza). Aunque él se ha dado cuenta de ello y busca por ello desvelar la mentira, no deja de ser un justiciero como lo son el Juez Dredd o el personaje interpretado por un caduco C. Bronson (el EE.UU. de Marshal Law es el retratado en la saga protagonizada por este, la del Vengador Anónimo, y en la de Harry el Sucio, un país con unos niveles de delincuencia violenta y desorden altísimos; eso y Reagan van unidos). Crueles, violentos, parciales e implicados personalmente por lo que lo suyo no es justicia sino venganza (pero recordemos que el principal supergrupo de Marvel se llama a sí mismo Vengadores). Así pues, Marshal Law es el cómic más político de los mencionados. Lo mejor de Mills es que su furia denunciadora no le impide hacer una buena historia. Marshal Law es un cómic entretenido, interesante y bien escrito siguiendo el esquema que hoy llamamos whodunit. Solo que a diferencia de Watchmen el asesinato investigado no es el de un superhéroe del gobierno sino los de unas prostitutas que se disfrazan de una superheroína concreta, Celeste. Una superheroína de clase sirena, diseñada para seducir y sorber el seso mediante el sexo. Cosa que hace que el asesino evoque a Jack el Destripador. Así pues, estamos ante una historia de tipo policíaco, donde el Hard Boiled se da de la mano con A. Cristhie, y no superheroico ya que, evidentemente, es el género que a Mills le pareció mejor para poder ponerse sórdido con los superhéroes.  

O´Neill se encarga de dibujar este guión con la pericia, si bien no acierta con el diseño de Lynn pues la pinta atractiva cuando no debía serlo, y el intrusismo que le son típicos. Él siempre mete morcillas en los guiones usando el enorme poder que tiene el dibujante. Ni que decir tiene que su estilo expresionista exacerba la crítica de Mills porque con él siempre todo es más desagradable y grotesco. Así pues quizás no sea el mejor dibujante para este cómic aunque sea un narrador notable, un gran trabajador y un tipo retorcido, audaz y rebelde. Su estilo carga las tintas del guión de modo que todo queda más radical y paródico de lo que seguramente quería Mills ya que exagera la astracanada que envuelve su crítica seria y argumentada.

Así pues estamos ante una obra histórica del género por lo que hay que agradecer a ECC (que al final esta serie la reedite DC y no Marvel retrata muy bien a estas editoriales; los superhéroes caricaturizados en Marshal Law son los de DC) que haya rescatado este cómic. Aplausos a su rotulación. Aunque su transgresión sexual y violenta y su crítica religiosa y política (no olvidemos que para muchos estadounidenses esas 2 cosas van unidas) hoy no es impactante pues se adelantó a los tiempos, sigue siendo una lectura clave para entender el mainstream. Por un lado es una parodia preactiva pues critica con años de antelación a los superhéroes de los 90, los que trataron de renovar los superhéroes clásicos o modernos en esa década precisamente lo hicieron teniendo en mente los héroes de acción de los 80, por el otro sirve para recordar que los superhéroes no dejan de ser personajes al servicio de EE.UU., por el otro es un análisis del género superheroico, si bien esto es lo más flojo, aquí es donde Mills se nota que es un tío de la contracultura, su alter ego claramente es Lynn, por ser demasiado psicoanalítico y sectario (demasiado feminismo; Virago significa mujer varonil) y por el último lado es una obra tremendamente influyente en todos los comics que se han acercado de forma alternativa a los superhéroes, algo muy de moda en la pasada década, como Powers.

7.4.14

Relecturas LXXXIV: Thunderbolts de Busiek y Bagley (Marvel-forum 1998-2000)


Con la perspectiva del Tiempo creo que Thunderbolts es una colección clave de Marvel porque señala el principio del tratamiento posmoderno de los superhéroes en esa editorial. El género superheroico moderno, a lo Lee&Kirby, lo mataron Moore y Miller a finales de los 80, pero la industria no se dio por enterada. Poco después unos dibujantes trataron de actualizar el género pero, al hacerlo de forma estúpida e insustancial, el resultado fue un fiasco. Eso hizo a Marvel volver a lo moderno, pero la cosa fue un canto del cisne así que a finales de los 90 tuvo que olvidar esa forma de abordar un cómic de superhéroes. En esta historia Busiek es uno de los protagonistas. Él fue el campeón del back to the basis, de volver a lo moderno tras el fiasco del dibujo grotesco, los dientes apretados y los pistolones. Pero a la vez que Busiek volvía a hacer comics de superhéroes como a principios de los 80, sus entonces celebrados Vengadores hoy pequeñitos, se marcó Thunderbolts, una cole donde lo moderno y lo posmoderno, lo viejo y lo nuevo, están fundidos, por lo que es una de las primeras coles en donde los superhéroes son más de "ahora" que de "antes".


La primera cosa que distingue a los superhéroes modernos es su maniqueísmo. El Bien y el Mal no sólo no se mezclan sino que no pueden cambiar. Un supervillano siempre será un supervillano y un superhéroe siempre será un superhéroe. Nadie bueno se vuelve malo y nadie malo se vuelve bueno. Thunderbolts pone en cuestión esa rígida, ideal y vieja creencia y por eso Busiek la puso en vanguardia y le dio un sitio particular en el Universo Marvel, razón por la cual es la única cole Marvel creada en la posmodernidad que ha aguantado en el mercado 15 años. La idea de los Thunderbolts era ver si el maniqueísmo seguía existiendo en el género superheorico. Si seguía siendo imposible el cambio de bando. Por ello Busiek puso a unos supervillanos a hacer el Bien y luego a hacer un continuo sacrificio heroico ya que, y este es el tema más tratado en la cole, el cambio no es aceptado por la sociedad porque esta nunca quiere revisar/actualizar las etiquetas con las que ordena la realidad. Así, Thunderbolts es una cole donde, como las de Lee&Kirby, sus protagonistas luchan contra los prejuicios de la sociedad. Los miembros del supergrupo luchan contra una sociedad que no acepta su cambio. Pero también es una lucha rebelde, antisistema, pues los Thunderbolts pretenden con su heroísmo no sólo probar que se han reformado sino pagar el perdón de sus delitos. El heroísmo interesado es posmoderno. Con su lucha contra el Mal buscan que la sociedad les conmute su  castigo por los delitos otrora cometidos. Esta es la idea más audaz de la cole. Los Thunderbotls se sienten reformados, luego no van a delinquir más así que no le ven sentido el ir a cárcel pues ya están reformados. Pero también está el castigo y la indemnización. Esta tensión, donde se pone de manifiesto el carácter parasistema del superpoderoso y que una de las principales características del héroe es la lucha continua, es el motor de la etapa, con lo que la cole cuestiona el hecho de que la cárcel sea la única respuesta social a la delincuencia a pesar de que esta es muy variada. No es lo mismo el delito del villano gótico que el del pobre que se rebela personal y unilateralmente contra el sistema. Para Busiek, parece, la cárcel sólo debe ser inevitable para el asesino. La justicia es sólo castigo-encarcelamiento? se pregunta aquí Busiek seguramente sin darse cuenta.

Pero como hemos dicho Thunderbolts no es puramente posmoderna. Busiek no es posmoderno, aquí es donde más  cerca ha estado de serlo, por lo que tiene muchos elementos modernos. Ejemplo de esto es la composición del supergrupo, sus miembros. El capitán y creador del mismo es Zemo, un supervillano antiguo pues sus características, aristócrata, rico, extranjero (alemán!), feo (en este caso desfigurado), cruel, megalómano y tiránico, son las del villano gótico. Es un Drácula más. El segundo es Arreglador, un genial mecánico indisciplinado, ambicioso y egoísta, cosas que le hacen chocar con la sociedad de modo que es lógica su villanía. Dentro de la normalidad no tiene sitio. El contramaestre es Piedra Lunar, según Busiek (originalmente su origen es otro) es una huérfana de padre hija de criados de inteligencia superior y gran belleza a la que la contradicción entre sus capacidades y sus recompensas sociales de partida la volvieron vanidosa, egoísta y codiciosa pues lo que la mueve es obtener lo que los señores de sus padres tenían: riqueza y sirvientes. Por eso no tiene suficiente con haber ascendido socialmente, es psiquiatra (la única universitaria del grupo si no contamos a Zemo quien presumiblemente lo es), lo que la diferencia de la carne de cañón. La tropa la componen el Escarabajo, un mecánico acomplejado, Atlas, un delincuente juvenil hijo de granjeros con demasiada personalidad para ser un lacayo pero sin la inteligencia suficiente para prosperar autónomamente (por eso es el que más identidades ha tenido) y Mimí Aulladora, una hija de una familia rota de "basura blanca" que huyó siendo adolescente de un padre alcohólico y acabó convirtiéndose en una supervillana al ir a parar a la cárcel injustamente.

En este grupo podemos establecer una división que es igual se haga siguiendo un criterio maniqueo o económico. Zemo y Arreglador son malos antiguos y Piedra Lunar, Escarabajo, Atlas y Mimí Aulladora lo son por la pobreza de sus orígenes (obsérvese que ni unos ni otros son de la burguesía). Estos últimos acabaron siendo malos por venir de la pobreza. Está claro en estos 4 últimos que si hubieran tenido más justicia social en sus vidas no habrían tenido que conseguirla mediante la delincuencia. Es por esto que, a diferencia de Zemo y el Arreglador, pueden cambiar de bando, dejar de ser malos para volverse buenos (si bien en Piedra Lunar no es tan claro pues es el personaje más ambiguo de todos, tiene un pie en cada lado porque es demasiado inteligente para ser normal pero también para creer que el crimen compensa; al ser alguien complejo no tiene lugar en un esquema simple). Los 2 primeros al proceder de la ficción decimonónica no pueden cambiar, lo refleja la negativa de Zemo a corregir su desfiguración, los 2º, al ser posmodernos, es decir, al provenir de una lectura de la realidad más matizada y desprejuiciada, pueden hacerlo pues el mal no es genético como creían los crimonólogos del XIX. Esta división, por tanto, incluye una crítica a la sociedad, cosa generalmente ausente en Marvel desde los tiempos de Shooter. Una idea que Busiek usa con frecuencia pues para él los esbirros siempre son víctimas del desigual e injusto reparto de riquezas (para no irnos más lejos leáse la aventura del Imperio Secreto, nº 30 a 32 de esta cole).

Todo esto es lo que hace especial e importante a Thunderbolts a pesar de que Busiek sólo plantea estas ideas, no se atreve o no quiere ir más allá. Este guionista guionizó la serie como si estuviera escribiendo para mediados de los 80, es decir, se limitó a hacer cómic de superhéroes tradicional, su verdadero deseo. Melodrama, tortura existencial y acción para adolescentes masculinos es lo que hay en cada una de las grapas de su etapa en la cole. Así, desaprovecha la potencialidad de la serie, por ello seguramente esta duró tanto pues difícilmente, si hubiese sido critica, lo hubiera hecho. Lo que busca el lector de superhéroes es evasión, ni quiere pensar ni quiere realismo. Marvel hizo lo mismo pues mientras Busiek tuvo la genial idea de meter adolescentes en el elenco protagonista (el ejemplo de modernidad más claro de la serie: Jolt es una adolescente huérfana y torturada por supervillanos pero no va a parar a los servicios sociales sino que se convierte en el sidekick del supergrupo), que "pertenecen" además a minorías sociales, japoamoricana y afroamericana, y combinarlos con personajes que estaban ya cerca de cumplir los 40 (Ojo de Halcón, Zemo, Escarabajo, Arreglador y Atlas fueron creados en los primeros 5 años de Marvel; que Busiek los escogiese demuestra lo lejos que estaba de querer hacer algo nuevo), la editorial no lo apoyó (como demuestra que hoy Jolt y Carbón lleven años desaparecidos). Si Marvel hubiera potenciado eso quizás ahora su público no estaría tan sectorializado. Igual no estaría compuesto por una mayoría aplastante de treintañeros masculinos blancos. En ese sentido Thunderbolts preludia a las colecciones que tratan de dirigirse al público adolescente perdido, como la gran Runaways o Avengers Arena, y a las actuales maniobras editoriales (muchas veces espoleadas por el cine, ya que este se dirige a un público más variado, como demuestra que el futuro Antorcha de los 4F cinematográficos va a ser negro) para crear superhéroes que representen a las mujeres y minorías sociales tradicionalmente infrarrepresentadas en el género superheroico. Un último elemento precursor de Thunderbolts es que es un título que pertenece al subuniverso de Los Vengadores. Mucho antes de que esta serie se hiciese merecedora de la explotation, Busiek ya la estaba explotando.


Así pues, Thunderbolts es una cole posmoderna pero de historias modernas/clásicas que sólo ofrece entretenimiento. No sólo de forma negativa, es decir, porque Busiek no quiere ir más allá, sino de forma positiva, Busiek hace una etapa tremendamente dinámica para los estándares actuales. Cada 6 u 8 nº mete un elemento nuevo que renueva el interés. Busiek jamás se duerme o pretende hacer dormir con los guiones, por ello una cole voluntariamente mediocre no aburre ni pierde el interés cuando ha perdido la novedad y adquiere la rutina típica de las series regulares, los Thunderbolts siempre queriendo demostrar que se han reformado y librarse del sistema judicial por ello.

Esto tiene su mérito pues a la cole le tocó un primerizo y torpe M. Bagley. Era un momento en que Marvel se había quedado casi sin dibujantes decentes. Aquí Bagley está tremendamente tosco. Por ejemplo es incapaz de alinear correctamente los ojos de los personajes que dibuja. A los que crecimos con Milgrom y otros ya sabíamos que los superhéroes raramente vienen bien dibujados pero eso es una lección que los que se han subido al carro desde los 90 no han aprendido. Así, hoy en día las viñetas de Thunderbolts no son nada gratas a la vista. La cosa no es terrible porque el dibujante es un narrador convencional competente, es lo suficientemente inteligente como para no poner en primer plano sus numerosas limitaciones y torpezas, tiene bastante interiorizado el estilo superheroico, no tiene ni idea de anatomía pero clava las típicas posturitas del género, y porque recibe un entintamiento muy eficiente que da vigor y contundencia a sus líneas. El apartado gráfico resulta peor de lo que es porque la cole se publicó al inicio del coloreado por ordenador así que tiene uno bien feo y soso, tonos apagados, pequeña paleta de colores y el abuso del degradado hacen que hoy en día el aspecto de Thunderbolts sea feo. No obstante, a lo largo de la cole Bagley con el trabajo, en esto es en lo que destaca, y la confianza va mejorando abandonando la arista por la curva, recurriendo a la referencia fotográfica (principalmente para que Piedra Lunar le quedase sexy y peligrosa) y tomando como maestro al gran A. Davis. Esto, junto con un coloreado más vigoroso, hacen que la cole al final sea decente visualmente. Hubiera resultado la cole mejor con cualquier de los 2 dibujantes que le sustituyen puntualmente, J. Johnson, un dibujante menor pero más agradable que Bagley, y Manco, el mejor dibujante de los 3 con diferencia y un adicto al extinto aerógrafo, que con su estilo tenebrista hubiera encajado bien en la cole pero, sin duda, no habría podido seguir el ritmo mensual, cosa que es lo que se le da mejor a Bagley.


Así pues los 33 nº regulares, 2 de ellos dobles (el 2º de ellos, el 25, es el mejor de esta etapa), el especial nº 0 y el anual que conforman la etapa de Busiek y Bagley en Thunderbolts son mediocres, pero el ánimo del segundo y el profundo conocimiento del género y del Universo Marvel del primero hacen la cosa interesante y entretenida. Por ello la marcha del guionista no es algo a lamentar, cosa que no le quita el mérito de ser el padre de la idea y de establecer las bases de la cole ni el aplauso por dejar un montón de elementos interesantes a su sucesor. Tremenda su generosidad. Aquel podría haber hecho su trabajo sin necesidad de inventarse nada nuevo gracias a la cantidad de ideas, conceptos y personajes que Busiek dejó como legado. Sin duda esto es una de las razones de que con Nicieza, el relevo, los Thunderbolts tuviesen su mejor etapa, que además fue larga.

1.4.14

Critiquita 410: Viaje al misterio, nº 4, K. Immonen y V. Schiti, Marvel-Panini 2014


A Marvel le salió bien la jugada de dar luz verde al proyecto de Gillen para el niño Loki. Pasó desapercibido al consumidor medio de la editorial, pero es lo mejor que ha publicado esta en lo que llevamos de década y es una cole que, por su calidad, da prestigio. Por ello Marvel decidió prolongar el invento pero cambiando el protagonista, Loki por Sif, y el equipo creativo, Gillen y unos mediocres dibujantes por K. Immonen y  V. Schati. Así, Viaje al Misterio se convertía en la cole de Asgard. Un lugar donde los secundarios del Thor marvelita podían ser protagonistas. Un proyecto interesante, sobre todo hoy porque tras Fraction la Asgard marvelita es más interesante y atractiva que nunca. La decisión de Marvel pintaba bien. Sif es un personaje interesante, atractivo y sin explotar y K. Immomen es una guionista que necesita afianzarse. Así pues, la unión de ambos factores podía dar lugar a unas historias interesantes.


Desgraciadamente no ha sido así. K. Immonen, guionista a la que nunca había leído, confirma aquí lo que se puede deducir del eco que tienen las coles que guioniza regularmente. Está totalmente perdida y no sabe qué debe ofrecer (esto es un trabajo de encargo). No es que apenas conozca el personaje y su entorno, algo que sólo íbamos a notar pocos, es que no sabe hacer superhéroes. Aunque bueno, ahí está Bendis. Este tomo son 3 historias y ninguna es atinada, si bien la cosa va mejorando. El asunto parece que es que a K. Immonem no le interesaba el tema pues esa es la impresión que da su abuso del gag que interrumpe la acción y del humor basado en la parodia del género superheroico y la inclinación del macho a la acción en vez de a la reflexión y la negociación. La parodia suele ser la demostración de la falta de sintonía con el género al que hay someterse. Así, Immonen no se toma en serio el tema y por ello desperdicia la oportunidad de hacer algo bueno y distinto con un personaje que permite mucha libertad pues no tiene demasiada continuidad. El desaguisado lo completa un uso de la elipsis demasiado agresivo e intempestivo. En fin, K. Immonen malogra una cole prometedora. No duró el invento ni un año.

Una pena porque la guionista contaba con una ventaja que no tuvo Gillen, un dibujante atractivo. Schiti es imaginativo, sólido y muy competente practicando el estilo de la escuela de Adam Hugues. Lo malo es que no narra bien. Se le da bien el gag, así que igual su mayor influencia es Cho, pero relacionar más de 3 viñetas de forma fluida y atractiva es demasiado para él. No problemo pues eso se cura dibujando. También puede tener parte de culpa el guión ya que este rompe frecuentemente el hilo de modo que es difícil armar un conjunto coherente o mantener un tono. Pero bueno, Schiti, aunque a simple vista parece mejor de lo que es, está entre los mejores dibujantes que tiene ahora Marvel a pesar de ser un principiante. Sus ganas de gustar y su alta motivación probablemente hagan que acabe rompiendo en un dibujante de comics notable. También dibuja un nº P. Larraz. En él hace gala de su capacidad camaleónica y un espíritu que no encaja en el mainstream.

Así pues un tomo gordo decepcionante. Primero porque es una lectura floja, aunque buenas ideas tiene, y segundo porque ha malogrado la posibilidad de que la cole del Asgard marvelita continuase. Un protagonista femenino, un dibujante atractivo al que se le da bien la anatomía femenina, un entorno de Fantasía más que de superhéroes y libertad creativa (esta serie al ser secundaria no está mediatizada por ningún interés editorial salvo la de vender por encima de un mínimo) son unos elementos que podían haber hecho a la nueva andadura de Viaje al misterio consolidarse a poco que el guionista hubiera estado fino. Son los mismos elementos de Wonder Woman y ahí está, nunca vende mucho pero es el personaje femenino superheroico más sólido y longevo que existe.

27.3.14

Critiquita 409: Nemo: Corazón de hielo, A. Moore y K. O´Neill, Planeta DeAgostini 2014


Ahora está de moda despreciar a Moore y, por ende, su actual producción comiquera: La Liga de los Hombres Extraordinarios. No voy a entrar sobre tan injusta, irracional e indocumentada actitud (vaya, ya lo he hecho) porque yo me encuentro en el polo opuesto. Es cierto que Moore se ha vuelto un cascarrabias y que su edad empieza a ser un abismo de incomprensión insuperable para nosotros, 20 o más años más jóvenes, pero sigue siendo un genio que narra con una calidad inalcanzable para la inmensa mayoría de los autores adorados por sus detractores de última hora. Johns? Hickman? Bendis? ... A mi la LHE me gusta bastante y creo que merece mucha atención porque se está convirtiendo en el cómic más importante que ha hecho Moore. Es una obra incompleta, por lo que aún no podemos compararla con sus otras obras geniales, pero en términos de esfuerzo y dedicación dentro de su comicografía la LHE no tiene parangón. Lleva con ella desde 1998 y los planes anunciados por él y O´Neill por lo menos nos llevan hasta el 2018. La obra que más se le acerca es From Hell, pues trabajó en ella desde 1988 hasta 1996. Si bien se puede considerar a la LHE una continuación de esta.



Nemo: Corazón de hielo es un spin off de la LHE en donde Moore y O´Neill tratan ideas que por su marginalidad no tuvieron cabida en la historia principal de la serie que se ha contado en 4 volúmenes, aunque en España por problemas de derechos sólo hemos visto 3. Todos ellos, como este cómic, editados por Planeta DeAgostini. Mientras esperamos que esa historia continúe, Moore y O´Neill nos calman el hambre contando la historia de la hija de Nemo, personaje presentado por ellos en la primera parte de Century, "1910".
El comienzo, más bien continuación, de esta, lo relatado en este cómic, es el Viaje del Héroe de la hija de Nemo. Insatisfecha por continuar el legado de su padre, tanto porque no le permite ser ella misma como porque los tiempos que vivió su padre ya no existen, decide buscarse a sí misma yendo a la Antártida para superar una prueba en la que su progenitor fracasó. Esto es la excusa de Moore y O´Neill para introducir en su universo de ficción todas las fantasías con las que la Ciencia Ficción antigua pobló el continente desolado. De todas ellas, lógicamente porque es la mejor, la que tiene más peso en el este cómic es la de Lovecraft. La parte fundamental de la obra es el viaje de la hija de Nemo a las Montañas de la Locura, quizás el relato más célebre de este autor. Historia a la que, como siempre hace Moore, enriquece reinterpretándola pues el inglés aporta a los mitos de Cthulhu el conocimiento de los últimos 80 años, su ideología contracultural y un mayor conocimiento de la magia que el que tenía el escritor loco de Providence.
Valorado como una historia a secas Nemo: Corazón de hielo es un relato sencillote y convencional que no está a la altura de todo lo anterior. Por ello no extraña que la editorial haya decidido ponerle una tapa dura. Moore aquí se limita a lo mínimo de modo que, salvo el episodio donde trata la relatividad del Tiempo, uno de sus temas recurrentes más caros, en donde vuelve a demostrar lo gran narrador que es, el resto del cómic es una historia lineal carente de todo lo que hace a una lectura algo entretenido, emocionante e interesante. Así pues, decepcionante, aunque admito que tras "2009" tenía las expectativas altas. Menos mal, para nosotros y para Moore, que está O´Neill pues, como siempre, hace un gran trabajo. Su dibujo personal, expresionista y agresivo anima, como siempre, los guiones. Un lector con prejuicios estéticos no lo ve, pero el dibujo de O´Neill es tremendamente expresivo y competente en lo narrativo. Gracias a esto y a que es, lo demuestra aquí, el mejor dibujante que puede tener Lovecraft pues es el único que puede representar con verosimilitud la horribilidad de los monstruosos seres imaginados por este así como de plasmar esa arquitectura psicodélica, extraterrestre y antieuclidiana  inconcebible para la mente humana construida por estos. Así pues, gracias a O´Neill, el cómic tiene la suficiente potencia, o como diría el Moreno, garra, para ser una lectura decente. De todos modos no olvidemos que estamos en una 1º parte de 3. La obra no está completa. Esto es solo el principio.
Por tanto, Nemo: Corazón de hielo es la entrega más floja de la obra con la que Moore, ayudado magníficamente por O´Neill, nos hace partícipes de sus hallazgos obtenidos en su disección de la interacción entre ficción y realidad en la modernidad. Hacer un relato de aventuras clásico no le ha salido bien a Moore. Sin embargo, este cómic hay que leerlo contextualizado. Cuando se hace así vemos que estamos en el principio de un relato. Lo que han hecho aquí sus autores es sólo presentar a los personajes y desplegar el tablero, no una historia autoconclusiva como las anteriores. Si vemos a este cómic así, lo que resulta, si no nos ciegan el desprecio y la incomprensión, es un comienzo prometedor. Así pues, no estamos ante un Moore decadente, sino ante un autor que se toma las cosas con calma. Desde luego, si alguno puede hacerlo en una época que atenta contra la autoría y lo original, es él.

24.3.14

Critiquita 408: El Eternauta, H. G. Oesterheld y F. Solano López, Norma 2010


Cuando uno lee la introducción de C. Trillo a El Eternauta es inevitable sospechar que las cacareadas bondades de ese clásico argentino del Cómic se deben al contexto en el que se ha publicado (1º el hecho de contar una historia habitual de Londres o NY en Buenos Aires, 2º la dictadura argentina y 3º el poder invisible y lejano pero poderoso del imperialismo capitalista poscorralito) y no a la calidad del relato dibujado en sí. La lectura lo confirma. La cosa no es para tanto. Es tan entretenido como rancio.


El Eternauta es una apuesta de Oesterheld, el más prestigioso de los guionistas argentinos de comics, ya que a finales de los 50 decidió contar una historia  durante muchos meses sin tener una idea muy clara sobre ella. No vamos a decir que fue improvisando sobre la marcha, pero sí que empezó sin saber a donde iba y que planeaba de 50 en 50 páginas. El resultado  es una historia entretenida pero, lógicamente, irregular que da 2 bandazos fuertes, el 1º al principio y el 2º al final, de suerte que se puede dividir en 3 partes. La 1º, el inicio, responde claramente a las intenciones iniciales del guionista, contar una historia de una familia de robinsones en el presente. Una historia postapocalíptica en un momento en que eso era algo raro. Pronto desechó esa idea porque vio que tal como la había planteado no había nada que rascar de modo que giró la historia para convertirla en un relato de género bélico, algo muy de moda en todo Occidente en aquella época (la otra parte de la Tierra tenía la guerra en la calle así que no necesitaba ficción sobre el tema). Así, si en la primera parte Oesterheld tenía en mente a Robinson Crusoe de Defoe, en la segunda parte, el nudo y casi 2/3 de la obra, es La guerra de los mundos de H. G. Wells. De este modo casi todo el cómic nos cuenta el enfrentamiento de lo que queda del ejército argentino de la época (con unos cascos "robados" al ejército alemán de Hitler) y unos voluntarios civiles con un despiadado invasor extraterrestre. Esta parte está bien pero sin exagerar. Son destacables las ideas de poner la cabeza de puente de la invasión en un país subdesarrollado porque son lugares débiles y alejados de las potencias de modo que es más fácil afianzarse en terreno enemigo, también el hecho de que empleen la guerra química para acabar con los humanos, cosa inédita en gran parte de la ficción sobre invasiones conquistadoras alienígenas, sobre todo de esa época, el que no aparezcan estadounidenses sino franceses y, por último, el no presentar a los invasores, sólo a sus subordinados. De otra forma jamás habrían parecido tan terribles. Si embargo Oesterheld cometió errores típicos, disculpables por la época pero que no obstante deslucen el relato, la base alienígena es terrestre en vez de espacial (si cruzan la galaxia por qué no tener la base en la órbita?) y su tecnología es demasiado parecida a la humana, la brecha tecnológica debería ser tan abismal como la que hay entre nosotros y nuestros antepasados prehistóricos como mínimo. La pelea casi de igual a igual y la necesidad absurda de los mandos extraterrestres de estar en 1º línea son indigeribles por mucho que la cosa esté bien contada aunque de forma demasiado literaria. La última parte es una huida hacia adelante de un Oesterheld que sabe que tiene que terminar El Eternatuta pero no sabe como. Intentó dar la victoria a la humanidad pero al final no se atrevió porque no lo vio verosímil, luego intentó dar un destino trágico a sus protagonistas pero tampoco se atrevió, se nota que se encariñó con ellos, después de todo representan al argentino burgués de la época, así que finalmente optó por una pirueta temporal, que huele a truco desesperado aunque sea un final aceptable además de dejar la sensación de que se nos ha contado la parte menos interesante del relato. El cómic se titula El Eternauta a pesar de contar la lucha entre unos supervivientes bonaerenses militarizados contra una fuerza invasora extraterrestre porque al final el protagonista, en una pirueta que desafía mucho la credibilidad, escapa por el Tiempo. Oesterheld nos dice que eso le llevó a errar por aquel: no tiene usted idea [...] a qué seres de pesadilla les he preguntado si sabían algo de ellas. Mucho, mucho tiempo me llevó la búsqueda hecha con medios que me llevaría semanas tratar de explicarle. Conocí seres innombrables. Asistí a acontecimientos fabulosos hasta que el azar de los continuum me trajo aquí, lo que cuál es más interesante y diferente que el relato bélico bastante convencional y vulgar que es el cómic por mucho que lo trate de forma más humana de lo habitual, sobre todo para esa época. Así, tras cerrar el cómic es inevitable pensar: jo, el tío tenía que haber concentrado las 350 páginas de la obra en unas 100 y haberse puesto a contar la fuga temporal. Cosa que hizo en su, celebrado pero no es para tanto, Mort Cinder

Acompañó a Oesterheld en la aventura Solano López, otro clásico argentino. Este en esa época practicaba un estilo realista un tanto torpe en el que prevalece la línea sobre la mancha, cosa que hoy resulta rancia pero que no está mal pues la historia lo es, ya que al ser realista está muy ligada a su época. La tecnología y la mentalidad (la historia es muy machista), el sentir de una época en definitiva, presiden todo el relato de modo que el estilo de la época no resulta dañino. No obstante, el dibujo de Solano López es convencional y mediocre y su realismo no le permitió diseñar ni unas especies extraterrestres singulares vistosas ni una tecnología extraña y asombrosa (sus naves son pobrísimos círculos o huevos), si bien es digno de alabanza el curro que le puso. Así pues, una historia bien contada pero sin originalidad tiene un aspecto visual soso del que sólo se sale cuando el dibujante se marca unas viñetas muy agresivas por su uso del negro y por dibujar unos ojos muy inquietantes.


La edición de Norma, me regalaron estas Navidades la 4º pero ahora está disponible la 5º, no es una buena edición aunque aparentemente lo sea. El objeto en sí es de calidad pero su tamaño apaisado y grosor hacen imposible leerlo si no se apoya previamente en una superficie. Este último factor, que viene por la moda editorial actual de editar de forma unitaria obras que se concibieron para ser serializadas para aprovechar el fetichismo o la ignorancia, además le quita mucho sabor a la lectura. En el momento en que se publicó semanalmente El Eternatua nadie sabía cuanto iba durar de modo que Oesterheld pudo jugar eficientemente con el suspense, la principal herramienta que usa para narrar esta historia, pero aquí sabemos que todo va a quedar en agua de borrajas al saber exactamente lo que nos queda por delante. De esta forma, como todas las ediciones unitarias, deslucen la historia a los ojos del lector que lo lee por 1º vez como era mi caso.

En fin, El Eternauta (1957, 1959) es una historia añeja bien realizada de modo que sólo gustará a aquellos que le guste la Ciencia Ficción pop de los 50, en la que este cómic destaca porque Oesterheld la trató de una forma más seria, adulta e inteligente de lo habitual. Sea como sea El Eternauta es un clásico de la Ciencia Ficción occidental del calibre de Ultimátum a la Tierra (The day the Earth stood still 1951), La humanidad en peligro (Them 1954) y La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the body snatcher 1956), las 3 mejores pelis se Ciencia Ficción de los 50 .  

20.3.14

La madre de todos los crossover: Los Vengadores vs. Los Defensores, S. Englehart, B. Brown y S. Buscema, Marvel-Panini 2012


Para mi los Vengatas comienzan con Englehart. Aunque los guionistas anteriores, Lee y Thomas (parte de su etapa aquí y aquí), sentaron las bases de la cole que se siguen incluso hoy en día, en mi opinión la cosa no empezó a ser entretenida y chisporroteante hasta que aquel escritor llegó a Los Vengadores y se soltó el pelo, cosa que empieza aquí. De ahí mi interés por recuperar esta historia en su tamaño original y a color.


Fonseca dice acertadamente que esta aventura es un multicrossover, lo que quiere decir que la historia no se desarrolla en 2 nº de 2 coles diferentes, crossover, sino en varios episodios de 2 coles. El paso siguiente es el megacrossover. En fin. Leída hoy lo que primero llama la atención de esta historia es que es la madre de los crossover Marvel. No es el 1º de estos pero sí el 1º multicrossover y el descubridor del filón que esta cosa tenía. Esta historia sigue el patrón ya acuñado de que los buenos primero se pegan, luego se alían y finalmente dan pal pelo al supervillano que los ha engañado, pero al elevar las apuestas al máximo, superhéroes populares y potentes e historia de escala cósmica, se convirtió en el modelo de todos los crossover posteriores generados por la ambición editorial. No hay más que pensar en el reciente Los Vengadores vs X Men. Lo curioso del caso es que esta historia tiene un origen personal. Un capricho de Englehart que quería homenajear a las grandes historias Marvel que leyó cuando niño. No fue una iniciativa editorial. Aquella época era diferente y la cosa se llevaba de forma anárquica. Cada cole era el sayo de su guionista, el cual sólo tenía que rendir cuentas si fallaban las ventas. Así, Englehart no tuvo ningún problema en parir este multicrossover pues era el guionista de las 2 coles implicadas, Los Vengadores y Los Defensores.

La historia, como puede esperarse, es sencilla, lineal, directa y dinámica. Englehart, que firma la introducción, especial para esta recopilación moderna efectuada por Marvel en el 2007, más entrañable y positiva que yo he leído en donde se explica perfectamente el efecto que tienen los superhéroes en algunos niños, no se come la cabeza muy consciente de que su público es infantil. Apuesta por la acción y por el ritmo, aunque no abandona la literatura. Escribe la historia de forma fluida encadenando perfectamente unos diálogos funcionales y sobrios con unas narraciones literarias que complementan a los dibujos en la creación de atmósfera y emoción. Todo está al servicio de la historia en la que Englehart pasa de conversaciones y monólogos introspectivos a lo Lee para dejar espacio a las peleas, que es lo que a un niño le interesa. De estas destacan los duelos de los superhéroes, no podía ser diferente pues son la razón de ser y el reclamo principal del invento. Cumplen las expectativas incluso más de 40 años después ya que los emparejamientos pensados por Englehart son ideales y las peleas están bien desarrolladas y son originales. Así pues, la historia transcurre entretenida, compensando así su sencillez y convencionalidad, a través de unos cómics modestos y sin pretensiones que aún se conservan frescos y deberían ser ejemplo de como hacer un episodio Marvel mensual. Acción, movimiento, aventura y personajes, no autores. 

El dibujo de esta historia fue hecho por B. Brown y S. Buscema. El 1º en Los Vengadores practica un realismo sencillo de la época sin mucho atractivo a pesar de su competencia, y el 2º en Los Defensores demuestra aquí porque en el futuro será mejor considerado que su hermano. S. Buscema, poco talentoso para el dibujo, tuvo que buscar un estilo sencillo que le permitiese dibujar cualquier cosa y por ello su esfuerzo como dibujante de comics lo puso en la narración ya que es el único modo de compensar la sobriedad de estilo. El resultado de su búsqueda es un dibujo minimalista y serio pero muy expresivo, ideal para la fealdad, y una narración perfecta que, a pesar de su clasicismo, se conserva fresca. Obligado a reducir las cosas al mínimo, o lo que es lo mismo, teniendo que expresar lo máximo posible con pocos y sencillos elementos, S. Buscema acabó llegando a un estilo pop muy puro que resulta atemporal y atractivo y siempre va al grano, no distrae con manierismos ni con vanidades. Encomiable profesionalidad y modestia que se rompe pocas veces, aquí sólo en al 1º página del último nº, el 11 EE.UU. de Los Defensores, pero todas con justicia pues es un artista. Así, resulta su dibujo tan humilde como eficiente y poderoso de tal modo que no extraña que avance soluciones propias de la modernidad. Sus dibujos para esta historia no pertenecen a su mejor época, pero ya tienen todos las cracterísticas de los que después harán que a su dibujante ya no se le pueda seguir negando que es uno de los pocos artistas que ha trabajado para Marvel.

Por tanto, este Los Vengadores vs. Los Defensores (en el original Choque Vengadores Defensores), aunque producto de su época, sigue teniendo elementos en el guión y en el dibujo que lo siguen haciendo una lectura entretenida. El tomo Marvel Gold más barato del que se tiene noticia no es gran cosa, pero tiene todos los elementos positivos que hacen que los comics clásicos que los tienen sean una lectura más agradable que la mayoría de los modernos aunque son menos sofisticados y más ingenuos. El deseo honesto de ofrecer entretenimiento siempre es más poderoso que el de epatar. En este sentido quiero destacar la página 11 del nº 118 EE.UU. de Los Vengadores porque en ella Englehart mete al Sistema Solar marvelita entero. No hace falta los megacrossover para que las consecuencias de una historia cósmica se sientan en todos los lugares donde se debería sentir ya que es algo que necesitan los lectores de la misma, no los que leen Marvel pero no la siguen.
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