11.2.14

Critiquita 403: Mi amigo Dahmer, D. Backderf, Astiberri 2014


Otro de psicópatas...

Cuando os hablé de El asesino de Green River os dije que destacaba sobre todo por su originalidad. Algo parecido tengo que decir de este. Es original. Es un cómic hecho por alguien que fue un conocido de Dahmer, unos de los psicópatas más chalados que ha habido, en el instituto. Así pues estamos ante el típico cómic autobiográfico gafapasta: b&n, dibujo tosco, trauma adolescente... aunque toque un tema mainstream. O no tanto porque en verdad el cómic es la biografía, basada en los recuerdos del autor, las declaraciones del psicópata y bibliografía variada, de Dahmer en su adolescencia. Es decir, no es una historia de psicópatas en strictu sensu, si bien termina con el 1º asesinato de este.


Mi amigo Dahmer es un cómic autobiográfico pues, aunque se centre en Dahmer, en realidad es el interior del autor el que es plasmado en dibujos. La impresión que da el cómic es que Backderf lo tuvo que hacer para purgar el trauma de saber que en el instituto el psicópata lo pasó muy mal y no haber hecho nada. Parece que la obra surge del tormento de pensar que el pudo haber hecho algo por él y así haber evitado los asesinatos (y la muerte del psicópata en la cárcel) y de la contradicción entre la compasión por un pringao y el odio por un psicópata. Hay que tener en cuenta que tanto el autor como Dahmer son de una pequeña ciudad del Midwest, un pueblo donde todos se conocen y por ello estas cosas se viven como un estigma comunitario aunque los asesinatos no se produjesen allí. Así pues, en verdad el cómic es una reflexión, más emocional que profunda, sobre aquella época desde una perspectiva adulta y desde una sociedad que en 40 años ha cambiado mucho. La acción se sitúa en los 70, el psicópata fue capturado, y por tanto es cuando se supo públicamente que lo era, a principios de los 90 y el cómic es de 2012 (aunque el autor lleva con ello desde la muerte de Dahmer, casi 20 años antes). Esta mirada hacia atrás humaniza al psicópata, nos cuenta que vivía en una casa lejos de las demás en el seno de una familia rota, que era gay en una época en que eso no se podía ser, que era un paria en el instituto, que por todo eso iba siempre borracho pero ningún adulto hizo nada, ni padres, ni profesores, ni servicios sociales, y que nunca consiguió intimar con alguien porque era reservado y porque al ser un raro nadie quiso, ni siquiera el autor y sus amigos que eran los únicos no freaks que hablaban con él en el insti, ser amigo suyo. Así pues Backderf desmiente que Dahmer fuese el típico psicópata frío e inteligente, en eso el autor hace un favor a su antiguo compañero pues hace imposible odiarle. Sin embargo, aunque el resultado final es el retrato de un adolescente inofensivo y torturado, el objetivo no es justificar de algún modo sus asesinatos. Este es el nudo gordiano que el cómic debía cortar. Backderf no puede odiar al patético chaval que conoció pero tampoco puede perdonarle/justificarle. A mi juicio el cómic no corta el nudo gordiano a pesar de que sin duda ha servido a su autor para comprender mejor al psicópata y su situación desencadenante o formativa. Así, al no tener conclusión, Mi amigo Dahmer queda en exposición de hechos, un cuadro que dice mucho más de lo duro que puede ser vivir en una smalltown que de la psicopatía.

La opción de Backderf para dibujar su trauma es el estilo underground de la época. Un estilo tosco, grotesco y expresionista limpio y eficiente. A mi no me parece lo más acertado aunque este tipo de historias son muy complicadas de dibujar. Optar por el realismo, que sería lo suyo, es muy duro pero optar por la caricatura, por la distancia, por la deformación, no creo que sea en este caso lo adecuado ya que es contradictorio con lo que se nos está contando. Es como si viésemos un documental pero con dibujos animados en vez de imágenes reales. Algo no encaja. Además, la historia es ya de por sí rara como para necesitar un dibujo que enfatice aún más que Dahmer era un bicho muy raro y que su entorno estaba bastante desquiciado. En ese sentido el estilo dispara en el pie a un cómic que quiere humanizar sin disculpar. No obstante tienen una innegable personalidad y eso siempre es bueno. Por otro lado, el objetivo del cómic es purgar el interior no ofrecer una obra racional, pensada y planificada.

Así pues, tenemos que Mi amigo Dahmer es un cómic singular tanto porque es un cómic de psicópatas sin psicópatas como porque es de alguien que trató a un psicópata antes de serlo. Es interesante y contribuye a dejar claro que la psicopatía es un tema complejo que no se puede reducir a unas pocas categorías claras y sencillas. Por lo que, como siempre, la ficción banalizando y convencionalizando un tema serio hace más mal que bien. La obra no tiene mucho más porque su autor no consigue elaborar un discurso que vaya más de lo personal, pero sí tiene el toque escalofriante que este tipo de historias debe tener: aunque el psicópata sea un tipo verdaderamente raro es indetectable. Aunque estuvo activo 5 años y hacía de todo a los cadáveres en su apartamento fue capturado por su culpa. Nadie vio nada, ni sospecho nada. Es tal nuestro ensimismamiento y desprecio por los demás que aunque tengamos a un psicópata de lo más llamativo en la puerta de al lado no lo vemos.
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