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Revisión: El precio del poder, B. Palma 1983


Hace mucho tiempo hablé della (junto con otra peli tan chulísima como olvidada: Queimada), pero, tras videarla de nuevo y por 1ª vez en una pantalla grande sin haberla videado desde aquella ocasión, me siento obligado a volver a hablar de El precio del poder pues considero que me quedé corto. Hice una breve pero elogiosa reseña porque me había desilusionado. El precio del poder me impactó mucho cuando la videé por 1ª vez, pero al volverla a videar creo que por 3ª vez, quizás 4ª, me dejó un poco frío. Esa decepción me hizo mostrarme comedido. No puede ser.



El precio del poder es una peli magistral porque todos sus elementos están  a un gran nivel y perfectamente interconectados. El guión de O. Stone es sencillo pero magistral porque no sobra nada, todo en él es importante, caracteriza perfectamente a los personajes mediante sus acciones y equilibra los momentos emocionalmente opuestos. Así, es una historia de ritmo tranquilo pero en el que nunca decae la acción porque cada escena tiene peso en el relato. Esto es seguramente lo mejor pues es lo que consigue que la historia sea una emocionante tragedia griega moderna, cosa que justifica al título español ser una morcilla y da un tonillo peplum al film. La estructura progresivamente descendente de la narración es lo que nos hace sentir el fatalismo inexorable, cosa que en la Antigua Grecia rimaba con el hecho de que el espectador conocía perfectamente la historia en que se basaba la obra (si bien esta peli es un remake). La dirección de B. Palma privilegiando, como es habitual en él, la estética, el momento y lo chocante sobre el relato compensó el impertinente tono político del guión de O. Stone, y poniéndose al servicio de la historia (las imágenes son impresionantes no por sus encuadres sino por sus composición) desencadenó el espectáculo. Lo único malo es que no consiguió hacer creíbles los tiroteos (si bien yo he tenido que videarla varias veces para darme cuenta). Las actuaciones están muy bien. En mi opinión A. Pacino se pasa un poco, pero la mayoría de los secundarios quisieron aprovechar la oportunidad que tenían de tal modo que lo dieron todo en sus escenas, así que El precio del poder es casi una peli coral debido a la cantidad de personajes tridimensionales que tiene aunque todos ellos sean estereotipos. Finalmente la música, más setentera que ochentera, como el resto del film, pues está compuesta por los hits de la época en que se ambienta, es magnífica porque no es el habitual hilo musical de ascensores y consultas sino que coprotagoniza cada escena en la que suena, como debe de ser. La música no debe acompañar sino ser un actor más.

Todo lo anterior se convierte en algo fabuloso mediante la tragedia. El asunto no es fácil porque no se trata de que al final mueran los protas. La buena tragedia emociona haciendo sufrir a unos personajes simpáticos o inocentes que no se doblegan. Y eso no es fácil porque hay que hacer eso con un propósito más elevado que el entretenimiento y sin ser sensacionalista, partiendo de un modelo que no puede ser copiado ya que no practicamos la religión que lo anima. Stone solucionó el problema de recrear la estructura de la tragedia griega haciendo que los temas del relato fuesen la libertad y la familia, algo tan universal como yanki. La tragedia se produce porque Tony Montana quiere expandir su libertad a costa de todo pero sin querer asumir todas las consecuencias dese deseo. A esto Stone le dio una capa política que no termino de captar (para mi que le caparon un poco) que, más que pontificar como ha acabado haciendo, se limita a hacer chocar republicanos con demócratas (la peli se estrenó cuando Reagan estaba desatado pero ocurre en la presidencia de Carter, los mafiosos son neoliberales pero tienen en sus despachos fotos de próceres demócratas), capitalismo con comunismo (el EE.UU. de Reagan y las dictaduras hispanoamericanas fachas frente a la Cuba castrista) y trabajadores con ricos (la humilde y absurdamente orgullosa madre del prota con el cacique boliviano), pero el tema es que el prota quiere estar en EE.UU. porque quiere ser libre, es decir, no estar limitado por el régimen en el que vive sin darse cuenta de que eso es imposible allí como en cualquier lugar. Esto B. Palma nos lo hace ver magistralmente mostrándonos de la misma manera la mansión de Montana y la de Sosa. Tony quiere ser un cacique bananero pero los caciques bananeros no existen en EE.UU. Vivir en sociedad es convivir, y eso se basa en un compromiso que uno no puede saltarse sin arriesgar la vida: Tony Montana no puede crecer sin molestar a sus directos competidores y al gobierno de EE.UU. Pero eso aquí no es lo que desencadena la tragedia aunque haga sufrir y ponga en peligro al prota. Lo que la precipita es la familia, el único límite que el triste de Tony quiere respetar cuando todo el mundo cree que él no respeta ninguno, o sea que sólo ama el dinero-poder. Al final resulta que lo que le hace cometer el error fatal que precipita la tragedia es su frustración por ser incapaz de tenerla, cosa que seguro que tiene un toque freudiano pues, como es normal en el cine yanki, su deseo surge del conflicto que tiene con su padre. El progenitor de Tony es una constante presencia a pesar de que no aparece: salen su esposa e hijos así como otras figuras paternas (Lopez y Sosa) y su hijo quiere ser padre, el auténtico deseo del prota. Así pues, la lucha entre la libertad y la paternidad, al ser el mundo de la peli uno patriarcal esta última equivale a la autoridad, que en el film también es por obra de O. Stone lucha entre el mal (matar, traficar, conspirar y tiranizar) y el bien (formar una familia funcional y ser lo que su padre no es para su madre y hermana), recordemos que Tony Montana es un arribista pero tiene honor, es lo inamovible para el prota. En este caso eso no es como en las tragedias griegas donde lo innamovible lo es para todo ser humanosino que es algo personal. Así, lo innamovible aquí es el problema irresuelto de Montana con su padre (incapacidad para conciliar el honor -padre- con la falta de escrúpulos -capo; el objetivo del Arte Clásico era conciliar los contrarios; no se les pase que en la peli lo contrario de un delincuente es un padre-marido modelo), cosa que asemeja al personaje al Edipo de Sófocles en el sentido de que el error fatal surge del desconocimiento de uno mismo. Lo que derriba al rey tebano más famoso es que desconocía quiénes eran sus padres (su origen), lo que derriba a Montana es desconocer que su verdadero deseo es tener una familia normal. Esto es la diferencia entre las tragedias helenas y las modernas: las antiguas son cósmicas y las ntras., psicológicas.

Ese conflicto es lo que hace que el trabajo de sus artífices sea sublime y que la disparatada progresión dramática y excesivo clímax de la peli tenga sentido y medida. El final es una puta locura apocalíptica alucinante pero es que eso es la tragedia, el triunfo de lo irracional sobre lo racional, que tanto para griegos como para ntros., pues vivimos en sociedad, es el respeto, que hace al protagonista purificarse, y así alcanzar la paz, y al espectador sufrir una revelación. Tony Montana no cae a pesar destar muerto hasta que saca toda su soberbia fuera, y cuando lo hace, lo hace al agua, purificadora y regeneradora, y no al Infierno. La catarsis que nos produce El precio del poder es ver que el poder no tiene precio. Sosa no domina Bolivia porque es rico sino porque es capaz de todo. Está claro que Trump no experimentó la catarsis implícita en este film.



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