28.4.14

Comics en las estanterías now IX


Cada vez miramos más al pasado así que es lógico que cada vez más la reedición, incluso en el mercado de comics español, que hasta finales de los 90 desconocía el concepto, tenga un porcentaje más alto en las novedades del mes de tal modo que cada vez son menos eso, novedades. Es por eso que cada poco puedo hacer otra entrega de esta serie. Antes de ello quiero mencionar la reedición de La Cosa del Pantano. No le dediqué un post en solitario sino que fui dando mi opinión a cada entrega de la antepenúltima edición de este cómic histórico y no estoy contento con ellos ya que el hecho de tener expectativas demasiado altas no me hicieron ser lo suficientemente objetivo con la serie, pero ahí está lo que escribí para público escarnio. No me olvido de señalar la nueva entrega de la serie de Conan rey que recoge varios de los peores nº jamás publicados por Marvel, las grapas 9-17 se la serie.

Adolf: para las pasadas Navidades Planeta decidió ponerse exquisita y saco viejos cómics prestigiosos para reeditarlos en plan hipster. Uno de ellos es este. Una obra, como todas las de Tezuka, sobrevalorada. El tío cuenta muy bien las historias pero el paso del Tiempo no ha perdonado su obra. Melodrama barato y humanismo de chichinabo es lo que tiene este manga que no obstante, y extrañamante, a pesar de ser largo, ñoño y simplón no aburre.

Torrezno: Panini últimamente intenta reforzar su área de cómic no mainstream pillando todas las "glorias" españolas que puede. Este cómic no se ajusta al gusto del comprador habitual de Panini pero como en su momento ganó un premio... Torrezno a la vez está muy bien y a la vez está muy mal. La historia es original, atractiva e interesante pero el autor es tan verborreico y detallista que inevitablemente conduce al lector hacia la desesperación. Bueno, esa es mi historia. La cogí con entusiasmo y la leía con la boca abierta hasta que la dejé cansado de una historia que no avanza y de una prosa demasiado prolija y mareante. Un gran invento quizás no bien realizado.

JLA: Tierra 2: de lo mejor que ha hecho Morrison, de lo mejor que ha publicado de DC y de lo mejor que se puede encontrar en superhéroes. Una historia a la vez sencilla y clásica y posmoderna y compleja, magistralmente dibujada y contada con audacia. Un gran bocadito ya que es una historia breve y autocontenida, aunque conocer a los personajes y amarlos ayuda como siempre en el mainstream. Aquí no se trata de dar conocer a los personajes y todo eso. Se va al grano. La edición actual, la de ECC, no es la mejor, la mitad son esos extras que son paja o basura o árboles matados inútilmente ya que no aportan nada a la lectura. Afortunadamente la edición anterior aún se puede encontrar saldada. Eso me dicen porque yo lo pillé saldada hace tiempo.

Crisis Infinita: otro de ECC, la campeona de las reediciones. Cada año te reedita lo mismo que el anterior, increíble que el mercado lo pueda absorber. Esta es una obra bastante compleja de Morrison con la que me obsesioné en su momento. En mi opinión la cosa no está mal y tiene buenas ideas pero el conjunto es fallido, culpa de esto no es sólo de sus autores, pero desde luego es hardsuperheros y hardmorrison. Si no se está muy familiarizado con el género, el Universo DC y las constantes del escocés es una lectura indisfrutable.

Kingdom Come: es un cómic con el que unos autores abanderados de lo clásico pretendían darle en los cojones a los comics a la maniera de mediados de los 90. Esta forma de entender el género se lo merecía y eso favorece al cómic pero también lo convierte en un proyecto conyuntural de tal modo que conocer el contexto es clave, pero no necesario, para disfrutar con él. La historia está bastante bien y el arte, a pesar de sus numerosas limitaciones, es impresionante así que es un cómic entretenido y vistoso a pesar de ser un tanto rancio, como lo son todas las obras cuyos títulos salen de la Biblia, y no explotar de verdad la premisa. Una vieja gloria cada vez menos brillante.

Pues eso es lo que nos ha deparado los últimos meses. Seguro que, gracias a ECC, vuelvo otra vez con esto antes de que termine el año. 

21.4.14

Critiquita 412: Lex Luthor, B. Azzarello y L. Bermejo, ECC-DC 2014


Superman está viejo. El haberse convertido en un ser hiperpoderoso, hiperbondadoso e infalible y tener un origen pasado de moda, granjas como las de los Kent ya no quedan, ha hecho que no esté en armonía con la posmodernidad. DC lo sabe como demuestra la cantidad de veces que ha recontado su origen en los tiempos recientes y sus diferentes intentos por renovarle, el último el de los N52. Tremendamente radical según criterios industriales. Esta búsqueda de un Superman adecuado a los nuevos tiempos es el contexto en el que se debe leer Lex Luthor pues, a pesar de las apariencias, es un cómic del kriptoniano.
El cómic protagonizado por la némesis humana del primer superhéroe en realidad va sobre este porque aquel no sería el que conocemos sino fuera por Superman. Así pues, aunque Azzarello pretendía explicar porque alguien puede estar en contra de un ser hiperpoderoso, hiperbondadoso e infalible, como si el orgullo humano fuese algo que desconocemos, al final lo que le salió es un análisis de Superman, que lamentablemente ha sido ignorado a pesar de que este cómic tuvo mucha repercusión. El verdadero protagonista de este cómic es el primer superhéroe, aunque sólo tiene 2 frases breves y aparece mucho menos que Lex Luthor y siempre de forma distante e intimidante de tal modo que parece mucho menos humano que aquel, porque su sombra está en cada una de las viñetas de la obra. Lex Luthor cree vivir en una dictadura (razón no le falta porque Superman vive el sueño de todo dictador: ver y escuchar, o sea vigilar, todo; el kriptoniano es un ser panóptico, la aspiración de todo servicio de Inteligencia) y como esa creencia le obsesiona, al final el verdadero protagonista de su historia no es él sino el "dictador" al que combate. Por tanto, dado que nada de esta historia se puede comprender sin el primer superhéroe, el protagonista de este cómic es Superman.

Las causas de la lucha entre Lex Luthor y Superman es que EE.UU. ya no es el de 1938, el año de creación del kriptoniano, y el género superheroico ya no es infantil. El primer superhéroe es un hijo del Crack y del EE.UU. humilde y rural, por eso combate al rico y está obligado a ser ejemplar, pero hoy el héroe de EE.UU. es el rico, la sociedad estadounidese es (sub)urbana y de clase media y el público adulto abomina de lo ejemplar. Así pues, el origen del conflicto está entre el choque de lo viejo con lo nuevo. Superman se ha quedado anticuado sobre todo porque en la posmodernidad lo humilde y lo moral se desprecia. Nadie se conforma con poco y todos saben que ser bueno es acabar a los pies de los caballos. El que no corre vuela y el que no tiene un primo tiene un amigo. En una sociedad despiadada y competitiva ser solidario y honrado es una debilidad y por ello el que nos obliguen a serlo resulta intolerable. Así pues, la lucha entre Lex Luthor y Superman es una lucha del humano contra el ideal que no le deja serlo porque no le permite algo tan humano como los vicios y las maldades. Por eso Superman no es humano, lo que más le gusta señalar al Lex Luthor de Azzarello. Esta es la razón por la que el cómic está lleno de superficies reflectantes. El hecho de que Lex Luthor es el que se refleja en ellas no se debe a que Azzarello quiere evidenciarnos que es el reflejo negativo de Superman sino la imposibilidad de este para ser el héroe de EE.UU. Por eso generalmente estos espejos son cristales. Es decir, no enfrentan a uno consigo mismo sino a uno con el del otro lado. Así, Lex Luthor no se ve a sí mismo en la superficie reflectante sino su reflejo opacado por Superman, lo que más rabia le da. De este modo el cristal también funciona como barrera que el empresario calvo multimillonario no puede traspasar Si lo hiciese caería ya que no puede volar. Es un humano, no un ideal (el superhéroe volador creado por él en este cómic tiene el nombre de Esperanza; si se piensa ese es el superpoder de Lex Luthor, tener más moral que el Alcollano). Esto también es clave en el cómic pues también va de rascacielos, torres de Babel, aunque en este caso no se quiere llegar al Cielo sino estar por encima de él. Por eso el cristal en el que más se mira Lex Luthor en el cómic es el del ventanal de su despacho en lo alto de su torre (símbolo fálico, de orgullo y de poder lejano pero vigilante). El hombre prosaico sólo puede ascender por medios mecánicos. Así pues, Lex Luthor no puede ser la imagen que todos desearíamos que nuestro espejo reflejase, cosa que es Superman. Por eso lucha. Su objetivo es sustituir al primer superhéroe como reflejo deseado por la humanidad porque el kriptoniano, como ideal, es un tormento para todo empresario despiadado y ambicioso ya que le provoca remordimientos de conciencia, el ideal siempre hace que ser humanos sea reprochable, y envidia. Aunque todo el mundo le reconozca como poderoso, todo el mundo sabe que no es un héroe, que no es un filántropo que arriesga su vida y bienestar por los demás. Lo que da un héroe a su sociedad es lo más importante que tiene, mientras que lo que da el empresario a su sociedad es las migajas de lo que tiene en forma de fundaciones culturales o sociales. La caridad, sea sincera o no, siempre consiste en dar lo que a uno le sobra. Lo que nos atormenta siempre es la diferencia entre lo que deseamos y lo que tenemos. Por ello Lex Luthor para conseguir su deseo de que todo el mundo le vea como un héroe debe derribar del pedestal a Superman para poder subirse a él. Este antagonismo entre el gran empresario y el superhéroe descrito por Azzarello de forma sutil, idea impresionante cuando nos damos cuenta que fue escrita en el 2005, 2 años antes de que la inmoralidad y ambición de los financieros mandasen a muchos a la mierda, es lo que hace a Lex Luthor uno de los mejores cómics superheroicos de este siglo. No en vano el estar protagonizado por el villano es una característica propia de la ficción posmoderna. Antes molaba Luke, ahora mola Darth.
Así, lo que escenifica Azzarello en Lex Luthor es una lucha entre élites por el dominio de EE.UU. El ideal pretérito contra el humano posmoderno o relativista desatado. El ángel protector contra el humano rico, por eso Azzarello también mete a Batman en la lucha. EE.UU. fue un país en el que lo ideal era lo importante. Los puritanos que lo colonizaron seguían un ideal, los revolucionarios que lo independizaron querían hacer realidad un ideal y sus ciudadanos pretenden globalizar lo que creen un ideal, pero los ricos estadounidenses desde el XIX y, especialmente, desde los 60 del siglo pasado, buscan oscurecer los ideales de su país (por ejemplo haciendo que EE.UU. apoyase a dictadores) para poder ser totalmente libres. Lo que Lex Luthor odia de Superman es que no puede superarle. Aunque es uno de los humanos más poderosos no puede estar en la cúspide de la pirámide. Superman siempre va a estar encima y eso le parece intolerable pues al ser un ideal está fuera de las reglas del juego mientras que él, por ser humano, está dentro de él. Lo que le revienta a Lex Luthor es que jamás podrá dominar el mundo mientras Superman esté en él. Cuando nos enfrentamos a un mito no podemos ganar. Es un problema de reflejos. Cuando un humano se enfrenta a otro recibe una imagen de sí mismo, pero cuando se enfrenta a un no humano no recibe su reflejo, hay una diferencia que en el caso de Superman, del ideal, supone que el humano saldrá derrotado. Jesucristo es elegido como el hombre más bueno de la Historia por un buen montón de simples porque se han visto directamente favorecidos por aquel o porque el hijo putativo de José es un ideal? Así pues, Lex Luthor en realidad lucha contra Superman por los corazones y almas de los estadounidenses. Quiere ser ese alguien fuerte que disipe el miedo que muchos humanos desean que exista (el cristianismo hace que el deseo íntimo de los estadounidenses sea el ser gobernados por un dictador angelical). Mientras estos prefieran al kriptoniano la inmoralidad y el egoísmo van a seguir siendo despreciables. O sea, Superman siempre va a estar por encima de los grandes empresarios. Es el mismo conflicto que enfrentó a Ozimandias con dr. Manhattan. Es un combate por ser el macho alfa del planeta. La diferencia está que en este cómic Lex Luthor quiere demostrar que el ideal no es humano tanto para separar a los humanos de este como a este de los humanos, que Superman pierda la fe en la humanidad y que esta lo haga en él, y a sí poder decir: hey, amarme y admirarme a mi que soy tremendamente humano de modo que jamás tendréis remordimientos de conciencia por ser como sois. Es mucho más ventajoso el que los héroes sean campechanos. Porque es innegable que el Lex Luthor de Azzarello es un héroe, a diferencia de los grandes empresarios a los que representa cuando Superman es el título, ya que es un ser caótico, poderoso, excesivo, idealista y sacrificado. Por ello no tiene sentido que al final Lex Luthor dude de su humanidad. Ha matado a su Esperanza pero todos sabemos que en realidad no lo ha hecho porque al mes siguiente volverá a desafiar a Superman. Jamás se va a rendir en su lucha por sustituirle. Sigue teniendo esperanza, sigue teniendo deseo, luego sigue siendo humano. Además, ser un Judas despiadado, megalómano y artero es algo más humano que ser hiperpoderoso, hiperbondadoso e infalible. Los primeros están muy documentados pero los segundos sólo existen en la ficción. 
Por tanto, Azzarello, ayudado por Bermejo, ofrece en Lex Luthor un camino que no se ha querido seguir, seguramente por ceguera, para renovar a Superman. Esto es lo que hace grande a este cómic. Por ello da pena que la propuesta de Azzarello haya sido ignorada cuando soluciona el problema que tiene Superman desde hace muchos añoslas historias en las que el invencible se ve desafiado carecen de sustancia, ya que da la fórmula con la que llenar de contenido sus enfrentamientos mensuales, es decir, explica como hay que caracterizar a los villanos que se enfrentan al primer superhéroe. Superman es un ideal que se publica en una época que odia los ideales por considerarlos inhumanos e inalcanzables. Comprender esto, cosa que gracias a Azzarello ahora se puede, es lo que necesitan los editores, los autores y el público para que el primer superhéroe vuelva a ser interesante (popular no va a volver ser hasta que los ideales se vuelvan a poner de moda). La cosa no es muy difícil pues basta con continuar el genial final abierto con el que termina Lex Luthor. Todo esto hace que me haga una pregunta: ¿Cómo estarán los episodios de Superman en tamaño comicbook escritos por Azzarello unos meses antes que este cómic?

15.4.14

Critiquita 411: Marshal Law: Miedo y Asco, P. Mills y K. O´Neill, ECC 2013


Lo que pasaba a finales de los 80 no era el fin por desgaste, o lo que fuese, de los superhéroes clásicos o modernos, los que siguen los preceptos de Lee&Kirby, sino que estaba terminado el reaganismo (y el thacherismo). Es por eso que en 1986 Miller y Moore sacaron sus obras, Dark Knigth returns y Watchmen respectivamente, en las que cada uno a su manera ridiculizaban a los superhéroes que cumplían el ideal heroico reaganiano. El primero lo hizo recordando que el héroe no es un agente del orden conservador sino un transgresor y ambiguo parasistema, y el segundo poniendo de relieve que los superhéroes serían incapaces de resolver los problemas reales. La obra de derribo la completó al año siguiente este cómic. Supongo que porque Marvel quería participar del tema de moda. Pero no hay que considerar a Marshal Law como una agria crítica a los superhéroes pues lo que en realidad hacen Mills y O´Neill es criticar duramente al reaganismo.


Mills es un inglés contracultural y eso se nota en esta obra, para él los superhéroes no son algo propio, el sarcasmo le es algo natural y generacionalmente le viene del punk. Por eso en Marshal Law vomita y defeca sobre el poder de aquel momento, el decadente EE.UU. de Reagan. Este Mills es un personaje importante del cómic británico. Sobre todo es conocido por ser el creador y guionista de Slaine. En esa obra hace gala de un buen conocimiento de la mitología desde una perspectiva psicoanalítica. Esto es lo que hay tras su guión para Marshal Law. Él sabe lo que simboliza el héroe y por eso escribe una furibunda crítica a la perversión del heroísmo hecha por la Administración Reagan. Este cómic no apunta contra los superhéroes sino contra Chuck Norris y Stallone, contra Rambo y personajes parecidos. Pero entonces por qué los enmierda? Pues porque para Mills los superhéroes ejemplifican la forma con la que el gobierno estadounidense manipula a los jóvenes para que sirvan a sus egoístas intereses. Así, lo que el guionista inglés ataca en Marshal Law es el uso interesado y manipulador del heroísmo hecho por el back to the basis de Reagan, la conversión del héroe noble y universal en un héroe teledirigido y patriota. Mills denuncia la perversión del mito del héroe, su uso interesado y propagandístico. Por ello sus superhéroes primero son creaciones genéticas del gobierno estadounidense (de la misma forma que los soldados interpretados por los actores mencionados lo son) y luego se forjaron, no en Vietnam, aunque eso es una poderosa referencia, sino en las intervenciones de la Administración Reagan en Centroamérica, en particular en Nicaragua, donde armó y apoyó a unos crueles asesinos y torturadores a los que pretendió hacer pasar por heroicos y virtuosos luchadores por la libertad. Por eso los superhéroes del mundo, del EE.UU., de Mills están torcidos. Al nacer por intereses perversos, mezquinos e imperialistas muchos de ellos son tarados y un peligro para la sociedad que se pueden dividir en 2, o supervillanos o superhéroes sólo en la propaganda. Aunque tal diferencia es absurda pues ambos están por encima de las leyes, unos por marginados y otros por ser de un gobierno, más que corrupto, pervertido. Por eso aunque Marshal Law busca continuamente a un héroe no lo encuentra, ni siquiera en el espejo. Si el ideal está podrido los que lo encarnan lo están también. Por eso incluso Marshal Law lo está, de ahí su look pervertido y ambiguo, sádico y masoquista a la vez, (sólo fachada pues el cómic de Mills tiene esperanza). Aunque él se ha dado cuenta de ello y busca por ello desvelar la mentira, no deja de ser un justiciero como lo son el Juez Dredd o el personaje interpretado por un caduco C. Bronson (el EE.UU. de Marshal Law es el retratado en la saga protagonizada por este, la del Vengador Anónimo, y en la de Harry el Sucio, un país con unos niveles de delincuencia violenta y desorden altísimos; eso y Reagan van unidos). Gente cruel, violenta, parcial e implicada personalmente por lo que lo suyo no es justicia sino venganza (pero recordemos que el principal supergrupo de Marvel se llama a sí mismo Vengadores). Así pues, Marshal Law es el cómic más político de los mencionados. Lo mejor de Mills es que su furia denunciadora no le impide hacer una buena historia. Marshal Law es un cómic entretenido, interesante y bien escrito siguiendo el esquema que hoy llamamos whodunit. Solo que a diferencia de Watchmen el asesinato investigado no es el de un superhéroe del gobierno sino los de unas prostitutas que se disfrazan de una superheroína concreta, Celeste. Una superheroína de clase sirena, diseñada para seducir y sorber el seso mediante el sexo. Cosa que hace que el asesino evoque a Jack el Destripador. Así pues, estamos ante una historia de tipo policíaco, donde el Hard Boiled se da de la mano con A. Cristhie, y no superheroico ya que, evidentemente, el 1º es el género que a Mills le pareció mejor para poder ponerse sórdido con los superhéroes.  

O´Neill se encarga de dibujar este guión con la pericia, si bien no acierta con el diseño de Lynn pues la pinta atractiva cuando no debía serlo, y el intrusismo que le son típicos. Él siempre mete morcillas en los guiones usando el enorme poder que tiene el dibujante. Ni que decir tiene que su estilo expresionista exacerba la crítica de Mills porque con él siempre todo es más desagradable y grotesco. Así pues quizás no sea el mejor dibujante para este cómic aunque sea un narrador notable, un gran trabajador y un tipo retorcido, audaz y rebelde. Su estilo carga las tintas del guión de modo que todo queda más radical y paródico de lo que seguramente quería Mills ya que exagera la astracanada que envuelve su crítica seria y argumentada.

Así pues estamos ante una obra histórica del género por lo que hay que agradecer a ECC (que al final esta serie la reedite DC y no Marvel retrata muy bien a estas editoriales; los superhéroes caricaturizados en Marshal Law son los de DC) que haya rescatado este cómic. Aplausos a su rotulación. Aunque su transgresión sexual y violenta y su crítica religiosa y política (no olvidemos que para muchos estadounidenses esas 2 cosas van unidas) hoy no es impactante pues se adelantó a los tiempos, sigue siendo una lectura clave para entender el mainstream. Por un lado es una parodia profética pues critica con años de antelación a los superhéroes de los 90, los que trataron de renovar los superhéroes clásicos o modernos en esa década precisamente lo hicieron teniendo en mente los héroes de acción de los 80, por el otro sirve para recordar que los superhéroes no dejan de ser personajes al servicio de EE.UU., por el otro es un análisis del género superheroico, si bien esto es lo más flojo, aquí es donde Mills se nota que es un tío de la contracultura, su alter ego claramente es Lynn, por ser demasiado psicoanalítico y sectario (demasiado feminismo; Virago significa mujer varonil) y por el último lado es una obra tremendamente influyente en todos los comics que se han acercado de forma alternativa a los superhéroes, algo muy de moda en la pasada década, como Powers.

7.4.14

Relecturas LXXXIV: Thunderbolts de Busiek y Bagley (Marvel-forum 1998-2000)


Con la perspectiva del Tiempo creo que Thunderbolts es una colección clave de Marvel porque señala el principio del tratamiento posmoderno de los superhéroes en esa editorial. El género superheroico moderno, a lo Lee&Kirby, lo mataron Moore y Miller a finales de los 80. Entonces la industria se puso en manos de unos dibujantes que prometieron ser los nuevos Moisés, pero sus tablas para actualizarlo por estúpidas e insustanciales fueron un fiasco. Eso hizo a Marvel volver a lo moderno, pero la cosa fue un canto del cisne así que a finales de los 90 tuvo que olvidar esa forma de abordar un cómic de superhéroes. En esta historia Busiek es uno de los protagonistas. Él fue el campeón del back to the basis, de volver a lo moderno tras el fiasco del dibujo grotesco, los dientes apretados y los pistolones. Pero a la vez que Busiek volvía a hacer cómics de superhéroes como a principios de los 80, sus entonces celebrados Vengadores hoy pequeñitos, se marcó Thunderbolts, una cole donde lo moderno y lo posmoderno, lo viejo y lo nuevo, están fundidos, por lo que es una de las primeras coles en donde los superhéroes son más de "ahora" que de "antes".


La primera cosa que distingue a los superhéroes modernos es su maniqueísmo. El Bien y el Mal no sólo no se mezclan sino que no pueden cambiar. Un supervillano siempre será un supervillano y un superhéroe siempre será un superhéroe. Nadie bueno se vuelve malo y nadie malo se vuelve bueno. Thunderbolts pone en cuestión esa rígida, ideal y vieja creencia y por eso Busiek la puso en vanguardia y le dio un sitio particular en el Universo Marvel, razón por la cual es la única cole creada en la posmodernidad que ha aguantado en el mercado 15 años. La idea de los Thunderbolts era ver si el maniqueísmo seguía existiendo en el género superheorico tras la muerte de lo moderno. Si en la posmodernidad, con su relatividad, es posible el cambio de bando. Por ello Busiek puso a unos supervillanos a hacer el Bien y luego a hacer un continuo sacrificio heroico ya que, y este es el tema más tratado en la cole, el cambio no es aceptado por la sociedad porque esta nunca quiere revisar/actualizar las etiquetas con las que ordena la realidad. Así, Thunderbolts es una cole donde, como las de Lee&Kirby, sus protagonistas luchan contra los prejuicios de la sociedad, los miembros del supergrupo luchan contra una sociedad que no acepta su cambio, pero también es una lucha rebelde, antisistema, pues los Thunderbolts pretenden con su heroísmo no sólo probar que se han reformado sino pagar el perdón de sus delitos. El heroísmo interesado es posmoderno. Con su lucha contra el Mal buscan que la sociedad les conmute su  castigo por los delitos otrora cometidos. Esta es la idea más audaz de la cole. Los Thunderbotls se sienten reformados, luego no van a delinquir más así que no ven sentido en ir a la cárcel pues ya están reformados. Pero también está el castigo y la indemnización. Esta tensión, donde se pone de manifiesto el carácter parasistema del superpoderoso y que una de las principales características del héroe es la lucha continua, es el motor de la etapa, con lo que la cole cuestiona el hecho de que la cárcel sea la única respuesta social a la delincuencia a pesar de que esta es muy variada. No es lo mismo el delito del villano gótico que el del pobre que se rebela personal y unilateralmente contra el sistema. Para Busiek, parece, la cárcel sólo debe ser inevitable para el asesino. La justicia es sólo castigo-encarcelamiento? se pregunta aquí seguramente sin darse cuenta.

Pero como hemos dicho Thunderbolts no es puramente posmoderna. Busiek no es posmoderno, aquí es donde más cerca ha estado de serlo, por lo que tiene muchos elementos modernos. Ejemplo de estos son los miembros del supergrupo: Zemo y Arreglador. El 1º, el capitán y creador del mismo, es un supervillano antiguo pues sus características, aristócrata, rico, extranjero (alemán!), feo (en este caso desfigurado), cruel, megalómano y tiránico, son las del villano gótico. Es un Drácula más. El 2º, es un genial mecánico indisciplinado, ambicioso y egoísta, cosas que le hacen chocar con la sociedad de modo que es lógica su villanía. Dentro de la normalidad no tiene sitio. Los 2 no pueden cambiar, volverse buenos, lo refleja la negativa de Zemo a corregir su desfiguración, al proceder de la ficción decimonónica, una época maniquea.

Estos contrastan con el resto. Piedra Lunar, una mujer de inteligencia superior y gran belleza, según Busiek (originalmente su origen es otro) es huérfana de padre e hija de criados a la que la contradicción entre sus capacidades y sus recompensas sociales de partida la volvieron vanidosa, egoísta y codiciosa, lo que la mueve es obtener lo que los señores de sus padres tenían: riqueza y sirvientes, por eso no tiene suficiente con haber ascendido socialmente, es psiquiatra (la única universitaria del grupo si no contamos a Zemo quien presumiblemente lo es), lo que la diferencia de la carne de cañón. Escarabajo, un mecánico acomplejado. Atlas, un delincuente juvenil hijo de granjeros con demasiada personalidad para ser un lacayo pero sin la inteligencia suficiente para prosperar autónomamente (por eso es el que más identidades ha tenido). Finalmente Mimí Aulladora, una hija de una familia rota de "basura blanca" que huyó siendo adolescente de un padre alcohólico y acabó convirtiéndose en una supervillana al ir a parar a la cárcel injustamente. La diferencia está en que su maldad no es esencial. Piedra Lunar, Escarabajo, Atlas y Mimí Aulladora son supervillanos por ser de familias pobres (obsérvese que ninguno de los Thunderbolts es burgués). Si estos 4 últimos hubieran nacido en familias menos apuradas no habrían acudido a la delincuencia. Es por esto que, a diferencia de Zemo y el Arreglador, pueden cambiar de bando, dejar de ser malos para volverse buenos (si bien en Piedra Lunar no está tan claro pues es el personaje más ambiguo de todos, tiene un pie en cada lado porque es demasiado inteligente para ser normal pero también para creer que el crimen compensa; al ser alguien complejo no tiene lugar en un esquema simple). Los 2º, al ser posmodernos (aunque los masculinos fueron creados en la modernidad pudieron cambiar por no tener una identidad fuerte), es decir, al provenir de una lectura de la realidad más matizada y desprejuiciada, pueden hacerlo pues el mal no es genético como creían los crimonólogos del XIX. Esta división, por tanto, incluye una crítica a la sociedad, cosa generalmente ausente en Marvel desde los tiempos de Shooter. Una idea que Busiek usa con frecuencia pues para él los esbirros siempre son víctimas del desigual e injusto reparto de riquezas (para no irnos más lejos leáse la aventura del Imperio Secreto, nº 30 a 32 de esta cole).

Todo esto es lo que hace especial e importante a Thunderbolts a pesar de que Busiek sólo plantea estas ideas, no se atreve o no quiere ir más allá. Este guionista guionizó la serie como si estuviera escribiendo para mediados de los 80, es decir, se limitó a hacer cómic de superhéroes tradicional, su verdadero deseo. Melodrama, tortura existencial y acción para adolescentes masculinos es lo que hay en cada una de las grapas de su etapa en la cole. Así, desaprovecha la potencialidad de la serie, por ello seguramente esta duró tanto pues difícilmente, si hubiese sido critica, lo hubiera hecho. Lo que busca el lector de superhéroes es evasión, ni quiere pensar ni quiere realismo. Marvel también quería un cómic tradicional y por eso no apoyó (lo demuestra que hoy Jolt y Carbón lleven años desaparecidos) la genial idea que tuvo Busiek de meter adolescentes en el elenco protagonista (el ejemplo de modernidad más claro de la serie: Jolt es una adolescente huérfana y torturada por supervillanos pero no va a parar a los servicios sociales sino que se convierte en el sidekick del supergrupo) y combinarlos con personajes que estaban ya cerca de cumplir los 40 (Ojo de Halcón, Zemo, Escarabajo, Arreglador y Atlas fueron creados en los primeros 5 años de Marvel; que Busiek los escogiese demuestra lo lejos que estaba de querer hacer algo nuevo). Unos chavales que además "pertenecen" a minorías sociales, japoamoricana y afroamericana. Si Marvel hubiera potenciado eso quizás ahora su público no estaría tan sectorializado. Igual no estaría compuesto por una mayoría aplastante de treintañeros masculinos blancos. En ese sentido Thunderbolts preludia a las colecciones que tratan de dirigirse al público adolescente perdido, como la gran Runaways o Avengers Arena, y a las actuales maniobras editoriales (muchas veces espoleadas por el Cine, ya que este se dirige a un público más variado, como demuestra que el futuro Antorcha de los 4F cinematográficos va a ser negro) para crear superhéroes que representen a las mujeres y minorías sociales tradicionalmente infrarrepresentadas en el género superheroico. Un último elemento precursor de Thunderbolts es que es un título que pertenece al subuniverso de Los Vengadores. Mucho antes de que esta serie se hiciese merecedora de la explotation, Busiek ya la estaba explotando.


Así pues, Thunderbolts es una cole posmoderna pero de historias modernas/clásicas que sólo ofrece entretenimiento tanto de forma negativa, es decir, porque Busiek no quiere ir más allá, como positiva, Busiek hace una etapa tremendamente dinámica para los estándares actuales. Cada 6 u 8 nº mete un elemento nuevo que renueva el interés. Así, el guionista jamás se duerme o pretende hacer dormir con los guiones. Por ello una cole voluntariamente mediocre no aburre ni pierde el interés cuando ha perdido la novedad y adquiere la rutina típica de las series regulares: los Thunderbolts siempre queriendo demostrar que se han reformado y librarse del sistema judicial por eso.

Esto tiene su mérito pues a la cole le tocó un primerizo y torpe M. Bagley. Era un momento en que Marvel se había quedado casi sin dibujantes decentes. Aquí Bagley está tremendamente tosco. Por ejemplo es incapaz de alinear correctamente los ojos de los personajes que dibuja. A los que crecimos con Milgrom y otros ya sabíamos que los superhéroes raramente vienen bien dibujados pero eso es una lección que los que se han subido al carro desde los 90 no han aprendido. Así, hoy en día las viñetas de Thunderbolts no son nada gratas a la vista. La cosa no es terrible porque el dibujante es un narrador convencional competente, es lo suficientemente inteligente como para no poner en primer plano sus numerosas limitaciones y torpezas, tiene bastante interiorizado el estilo superheroico, no tiene ni idea de anatomía pero clava las típicas posturitas del género, y recibe un entintamiento muy eficiente que da vigor y contundencia a sus líneas. El apartado gráfico resulta peor de lo que es porque la cole se publicó al inicio del coloreado por ordenador así que tiene uno bien feo y soso, tonos apagados, limitada paleta de colores y el abuso del degradado hacen que hoy en día el aspecto de Thunderbolts sea feo. No obstante, a lo largo de la cole Bagley con el trabajo, en esto es en lo que destaca, y la confianza va mejorando abandonando la arista por la curva, recurriendo a la referencia fotográfica (principalmente para que Piedra Lunar le quedase sexy y peligrosa) y tomando como maestro al gran A. Davis. Esto, junto con un coloreado más vigoroso, hacen que la cole al final sea decente visualmente. Hubiera resultado la cole mejor con cualquier de los 2 dibujantes que le sustituyen puntualmente, J. Johnson, un dibujante menor pero más agradable que Bagley, y Manco, el mejor dibujante de los 3 con diferencia y un adicto al extinto aerógrafo, que con su estilo tenebrista hubiera encajado bien en la cole pero, sin duda, no habría podido seguir el ritmo mensual, cosa que es lo que se le da mejor a Bagley.


Así pues los 33 nº regulares, 2 de ellos dobles (el 2º de ellos, el 25, es el mejor de esta etapa), los especiales -1 (que no he leído) y 0 y el anual que conforman la etapa de Busiek y Bagley en Thunderbolts son mediocres, pero el ánimo del segundo y el profundo conocimiento del género y del Universo Marvel del primero hacen la cosa interesante y entretenida. Por ello la marcha del guionista no es algo a lamentar, cosa que no le quita el mérito de ser el padre de la idea y de establecer las bases de la cole, ni el aplauso por dejar un montón de elementos interesantes a su sucesor. Tremenda su generosidad. Aquel podría haber hecho su trabajo sin necesidad de inventarse nada nuevo gracias a la cantidad de ideas, conceptos y personajes que Busiek dejó como legado. Sin duda esto es una de las razones de que con Nicieza, el relevo, los Thunderbolts tuviesen su mejor etapa, que además fue larga.

1.4.14

Critiquita 410: Viaje al misterio, nº 4, K. Immonen y V. Schiti, Marvel-Panini 2014


A Marvel le salió bien la jugada de dar luz verde al proyecto de Gillen para el niño Loki. Pasó desapercibido al consumidor medio de la editorial, pero es lo mejor que ha publicado esta en lo que llevamos de década y es una cole que, por su calidad, da prestigio. Por ello Marvel decidió prolongar el invento pero cambiando el protagonista, Loki por Sif, y el equipo creativo, Gillen y unos mediocres dibujantes por K. Immonen y  V. Schati. Así, Viaje al Misterio se convertía en la cole de Asgard. Un lugar donde los secundarios del Thor marvelita podían ser protagonistas. Un proyecto interesante, sobre todo hoy porque tras Fraction la Asgard marvelita es más interesante y atractiva que nunca. La decisión de Marvel pintaba bien. Sif es un personaje interesante, atractivo y sin explotar y K. Immomen es una guionista que necesita afianzarse. Así pues, la unión de ambos factores podía dar lugar a unas historias interesantes.


Desgraciadamente no ha sido así. K. Immonen, guionista a la que nunca había leído, confirma aquí lo que se puede deducir del eco que tienen las coles que guioniza regularmente. Está totalmente perdida y no sabe qué debe ofrecer (esto es un trabajo de encargo). No es que apenas conozca el personaje y su entorno, algo que sólo íbamos a notar pocos, es que no sabe hacer superhéroes. Aunque bueno, ahí está Bendis. Este tomo son 3 historias y ninguna es atinada, si bien la cosa va mejorando. El asunto parece que es que a K. Immonem no le interesaba el tema pues esa es la impresión que da su abuso del gag que interrumpe la acción y del humor basado en la parodia del género superheroico y la inclinación del macho a la acción en vez de a la reflexión y la negociación. La parodia suele ser la demostración de la falta de sintonía con el género al que hay someterse. Así, Immonen no se toma en serio el tema y por ello desperdicia la oportunidad de hacer algo bueno y distinto con un personaje que permite mucha libertad pues no tiene demasiada continuidad. El desaguisado lo completa un uso de la elipsis demasiado agresivo e intempestivo. En fin, K. Immonen malogra una cole prometedora. No duró el invento ni un año.

Una pena porque la guionista contaba con una ventaja que no tuvo Gillen, un dibujante atractivo. Schiti es imaginativo, sólido y muy competente practicando el estilo de la escuela de Adam Hugues. Lo malo es que no narra bien. Se le da bien el gag, así que igual su mayor influencia es Cho, pero relacionar más de 3 viñetas de forma fluida y atractiva es demasiado para él. No problemo pues eso se cura dibujando. También puede tener parte de culpa el guión ya que este rompe frecuentemente el hilo de modo que es difícil armar un conjunto coherente o mantener un tono. Pero bueno, Schiti, aunque a simple vista parece mejor de lo que es, está entre los mejores dibujantes que tiene ahora Marvel a pesar de ser un principiante. Sus ganas de gustar y su alta motivación probablemente hagan que acabe rompiendo en un dibujante de comics notable. También dibuja un nº P. Larraz. En él hace gala de su capacidad camaleónica y un espíritu que no encaja en el mainstream.

Así pues un tomo gordo decepcionante. Primero porque es una lectura floja, aunque buenas ideas tiene, y segundo porque ha malogrado la posibilidad de que la cole del Asgard marvelita continuase. Un protagonista femenino, un dibujante atractivo al que se le da bien la anatomía femenina, un entorno de Fantasía más que de superhéroes y libertad creativa (esta serie al ser secundaria no está mediatizada por ningún interés editorial salvo la de vender por encima de un mínimo) son unos elementos que podían haber hecho a la nueva andadura de Viaje al misterio consolidarse a poco que el guionista hubiera estado fino. Son los mismos elementos de Wonder Woman y ahí está, nunca vende mucho pero es el personaje femenino superheroico más sólido y longevo que existe.
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