31.12.14

Videados 127: El desafío de Hércules, L. Cozzi 1983


Voy a reivindicar esta peli aunque tiene truco: la ponían tan mal que esperaba videar un truñazo.

Los 80 fue una década conservadora y hay una ley, que de momento se está cumpliendo, que dice que eso significa Cine de Romanos o peplum, como a mi me gusta llamarlo. Saben que soy un snob. No obstante esa década rompe con aquella por 2 motivos: 1, el conservadurismo fue muy patriotero o nacionalista de ahí que el cine produjese pelis donde los estadounidenses ganan todas las guerras que perdieron en los 70 (Nam, drogas, delincuencia, Fría...) y 2, Excalibur y la sobrevalorada Conan el bárbaro. Estas pelis fueron un pelotazo como indica que triunfaron en un contexto de Ciencia Ficción, Star Wars. Por eso hicieron que volvieran al Cine el metal y el pasado, pero al hacerlo de forma fantasiosa impidieron el resurgir del peplum, que tuvo que esperar a la anhelada por los conservadores estadounidenses victoria de Bush jr. ya en el siglo XXI. Sin embargo, a finales de 1982, con el éxito de Conan todavía caliente, suave y húmedo, no era descabellado pensar que se había invocado al peplum más popular: el muscular. Así, unos productores judíos fueron a Italia, cuna y único practicante de ese subgénero cinematográfico, para resucitarlo naciendo, entonces y entre otras, El desafío de Hércules.

 photo ElDesafioDeHercules1.jpg

Por tanto esta peli es un peplum, aunque moderno pues algunas cosas, pocas, lo diferencian de los clásicos, los de 1959-1965. Quizás la principal diferencia es el nombre de su protagonista. Este, como el actor más importante del peplum muscular, Steve Reeves, es un culturista estadounidense pero se diferencia de él en una cosa nada baladí: tiene nombre italiano. Antes de Nam los forzudos que protagonizaban los peplum musculares debían tener nombres artísticos estadounidenses, daba igual su origen. En aquel momento, el momento cumbre del poderío de EE.UU., un héroe de acción que no fuese estadounidense vendía una mierda en Europa (y EE.UU. patria, junto con Francia, del chovinismo). Así pues, que el protagonista tenga un nombre italiano evidencia que 15 años han cambiado las cosas.

Los cambios están en la parte visual y en el erotismo porque en el fondo y en la explotation El desafío de Hércules es totalmente peplum muscular de libro. En 1983 estamos en plena tormenta starwasiana, es el año del estreno de El retorno del jedi. Los vientos de la Space Opera infantil y rancia soplan muy fuerte por lo que sólo se puede salir a navegar con un aire fantacientífico. Esa es la razón por la que este peplum lo gasta: comienza mostrando el Universo y relatándonos su origen como si fuese una peli de Ciencia Ficción del Cine Paranoico, insiste en lo estelar, en lo blanco y en lo brillante, cosa que curiosamente remite directamente a Homero pues el insigne presuntamente ciego canta que los olímpicos siempre van de blanco y oro todo luminosos y relucientes, y el enfrentamiento es el de la Ciencia-Tecnología contra lo mítico, que no es irracional como se suele decir sino simplemente acientífico pues fundamentalmente es poético, funciona por asociaciones y semejanzas, metáforas. En cuanto al erotismo estamos ante uno light como es norma en el peplum popular pero más picante que el clásico porque 15 años nunca pasan en vano. Así, un mito erótico underground como Sybil Danning, a quien en la cara se le empieza a notar ya la decadencia, mal maquillaje, pero su cuerpo sigue siendo muy atractivo, se pasa toda la peli con un escote tan borderlino que cualquier movimiento saca sus pezones al aire. O eso me pareció a mi pues videé El desafío de Hércules en el ordenador y no en una pantalla grande :(. Y la damisela en peligro, Ingrid Anderson, una belleza pasmada, luce el vestido sacrificial más mínimo jamás visto en un peplum. Lamentablemente tan bien diseñado que no enseña nada (y cuando tiene que correr se lo cambian por otro aún más estratégico para que nadie se lleve una alegría inesperada: conservadurismo).

Os juro que cuando se mueve se le salen los pezones.

En cuanto a los demás ya decimos que es puro peplum muscular clásico. Ferrigno es mal actor pero eso se puede decir de todos los actores hipermusculosos. El italoamericano no es peor que el gran Reeves, Schwarzenegger o Stallone, simplemente no tiene ese algo que le dé el carisma que necesitan todos los actores para poder cegar al público y así ser populares como la hermosura y la elegancia del 1º, la contundencia del 2º o la inteligencia del 3º. No obstante, como muy bien explica R. de España, lo que se exige a un actor que va a encarnar a un forzudo es que haga verosímil las proezas de fuerza que realiza su personaje y eso un buen actor, incluso los mejores intérpretes shakespirianos o stanilavskianos, es incapaz de lograrlo porque ahí lo que importa son los músculos y no las tablas o El Método. Así que en esa competencia Ferrigno es tan bueno, o más, que los demás actores hipermusculosos que, por otro lado, jamás protagonizan pelis (melo)dramáticas. El cine de acción es más de cuerpo y apariencia que de gestos y de voz. También El desafío de Hércules es peplum muscular clásico en que sus mujeres son guapas jóvenes, los secundarios son piltrafillas y los villanos viejos (en cierta forma el peplum reproduce el conflicto generacional presente en los mitos griegos así como la idea mítica de la renovación de lo viejo mediante el triunfo de lo joven). En cuanto a la explotation esta peli, como el peplum italiano clásico, es un catálogo de los momentazos de los taquillazos más próximos a su estreno. Así, en este caso Hércules tiene un origen parecido al de Superman, si bien este está copiado del de Moisés a su vez copia del de Sargón de Akkad, el 1º emperador conocido y el 1º sobre el que se conserva el cuento de que su madre lo arrojó en una cesta al Cosmos confiando en que sería socorrido por alguien. También alguna cosilla de Conan y Excalibur tiene, al igual que homenajes al peplum muscular clásico (y metraje suyo también), pero sobre todo canibaliza a Star Wars: espadas luminosas y duelos a muerte en puentes sobre abismos. No obstante, ninguna de las 2 cosas las inventó Lucas. También muchos de los dobladores de la trilogía clásica sobre los jedi trabajan en el doblaje de esta peli. La fuerza ya estaba en el peplum mucho antes de que se produjese Star Wars pues aquel es una exaltación de la virilidad.

Disculpen que no haya conseguido una foto de mayor calidad del estupendo traje sacrificial que luce tan bellamente la breve Ingrid Anderson.

Pero todo esto no quita nada de originalidad y brillantez a El desafío de Hércules. Es cierto que es una peli muy cutre y mediocre pero eso no le impide ser inteligente, singular y eficiente. Su reelaboración del mito de Hércules es tan respetuosa como imaginativa. Se inventa cosas y piratea al mito de Perseo  (Furia de Titanes 1981), al de Teseo y al de la Atlántida así como a la Odisea pero la esencia permanece así que cualquier griego clásico no intelectual o artista lo aprobaría. El asunto era ser original pues se iba a aplicar una fórmula archiconocida y el magro presupuesto impedía ser espectacular y singular así que no quedaba otra que aplicar el ingenio. No obstante, en esta peli Hércules sigue siendo un héroe popular que lucha contra el Caos, aunque aquí sólo se ponga de relieve el carácter maligno de este último. Por otro lado el conflicto del film es la lucha del mito o del pensamiento mágico contra la ciencia o el pensamiento experimental cosa que es un eco de la lucha en la Antigüedad entre el mito y la filosofía. Así pues, por muy ligera e inventiva que es El desafío de Hércules, no sólo es respetuosa con la mitología clásica sino culta pues al igual que para dibujar "mal" hay que saber hacerlo bien, para reelaborar un mito clásico hay que saber de mitología clásica. Por eso los griegos sólo se lo dejaban hacer a sus poetas. Así, aunque el conjunto no es del todo coherente tiene momentos brillantísimos como aquel en el que Hércules arroja al Espacio el oso que ha matado a su padre adoptivo (cosa que desconoce en ese momento y después también porque jamás en la peli se entera de que sus padres fueron asesinados por las maquinaciones del villano de la peli y su hija Ariadna; así de alegres son los guiones del peplum popular). Un momento alucinante a la altura del momentazo de Hokuto no Ken que es probablemente la única mención del peplum a esa cosa tan culta y mitológica que es el catasterismo: la conversión de un ser terrenal en una constelación, no les digo cuál es en este caso por no insultar. La cultura de los artífices de esta peli también se aprecia en el vestuario, única cosa en la que el film invierte, todo está elaborado con ingenio a partir del arte griego, en una escena Hércules lleva una reproducción exacta del escudo tebano, y del arte minoico, pues el malo no es otro que Minos. Aunque aquí no es soberano de Creta sino de Tira, que supongo que en castellano es Tera (recuerden que la e se pronuncia en inglés i), los traductores de esta peli cultos no son, una isla más pequeña que aquella, la actual Santorini, pero igual de minoica.

Una versión ingeniosa y sexy inspirada en el traje de una estatuilla minoica de Cnossos y en el de una reconstrucción de un fresco micénico de Tirinto.

Así pues estamos ante una peli cutre, casi todo son exteriores, planos cerrados y escenas con 2 actores, y mediocre, pero entretenida e ingeniosa. El desafío de Hércules No pudo resucitar el peplum porque se atasca en el centro al dar vueltas sobre sí misma sin duda para sacar minutos, porque Ferrigno no es Schwarzenegger, porque no tiene suficiente erotismo (estamos en el momento dorado del desnudo femenino sin razón), porque Zeus lleva la peluca de Santa Claus y porque se mete en embolados que su presupuesto no podía pagar: la pelea con el oso es infame por el disfraz tan evidente y pordiosero que se usa, algunas escenas de cromas y transparencias son muy torpes y la stop motion parece hecha por un manco, y todo eso después de Star Wars es intolerable. Así pues, El desafío de Hércules no pudo reconducir el conservadurismo reaganiano hacia Roma pero eso no quita que sea entretenida gracias al magnífico trabajo de Cozzi, más que en la dirección en el guión ya que este es fundamentalísimo para una peli barata, que es una lección de como construir cine popular eficiente con poco presupuesto, y a la tensión que Sybil Danning provoca cada vez que se mueve. Tenía que haber salido más y pelear. No obstante El desafío de Hércules es sólo para quien le guste las pelis de este tipo. En ese marco incomparable es mucho mejor que por ejemplo los telefilms de Hércules: Los viajes legendarios (y Conan el bárbaro y muchos peplum), los cuales, aun malísimos, dieron lugar a una serie muy popular en su momento capaz de generar spin off aún más populares. Sólo falta decir que esta peli fue explotada dotándola de una continuación que no merece la pena pues por estar hecha sin ganas y privilegiando la baratura sobre el entretenimiento, es floja y aburrida. Así, a pesar de que tiene algunas cosas buenas y unos personajes femeninos más guerreros, está muy debajo de El desafío de Hércules, y eso es demasiado profundo como para invertir tiempo en ella. No corráis la misma suerte que yo.

18.12.14

Critiquita 428: RoboCop versus Terminator, F. Miller y W. Simonson, Aleta 2014


Hace 1000 años leí esta reseña y desde entonces he estado esperando a poder leerlo. Es increíble que esto no se haya publicado aquí hasta ahora. Desconozco los motivos por los que Norma, cuando en su momento tenía los dchos. de Dark Horse, no lo publicó, como desconozco porque ha tardado tanto Aleta pues desde hace años tiene los susodichos. En este caso igual estaba esperando que se remasterizase, o algo así, la edición original. En todo caso esta parte de su última edición, que no es tan chula como parece pues la 1º tuvo un merchandising exclusivo que hoy tenemos que contemplar reproducido. 


Es abrir el cómic y encontrarte en 1992, cuando se publicó por 1º vez, porque en el aún están frescos y brillantes sus autores, los actualmente decadentes W. Simonson y Miller. Como ambos son una sombra de lo que fueron casi este cómic es su última buena obra. Así, el trabajo de Simonson es tan espectacular como el que hizo en su célebre y archieditado Thor. El dibujo que mezcla a Kirby con Moebius, la composición tan clara y sobria como brillante y espectacular y la narración clásica llena de dinamismo y vigor de este cómic nos retrotraen a aquellos episodios. A cuando yo era un prepúber y flipaba con el dibujo de Simonson porque era estupendo y porque no se parecía a nada que yo hubiese visto antes. Desde luego no es nostalgia lo que hace a uno emocionarse viendo el trabajo de ese dibujante en este cómic, sino su calidad y el que no esté estropeado por un coloreado moderno, un riesgo típico del siglo XXI pues los dibujantes de antaño dibujaban pensado en el coloreado plano y contrastado. Simonson también está estupendo aquí porque está siempre bien en los muchos escenarios distintos, el futuro de los Terminator, el "presente" de RoboCop, la Prehistoria..., por donde transcurre la desatada historia de Miller.

Es evidente que este se planteó esto como un divertimento. Así, el cómic está lleno de acción y acontecimientos, no hay ningún descanso. En este sentido es del mismo estilo que los que Miller hizo con el genial y extraño Darrow. Como en aquellos el guionista sólo intenta divertir y dar la oportunidad al dibujante de lucirse así que por ello está bastante en automático, no obstante podemos disfrutar de su humor, de su crítica a la sociedad estadounidense de la época, de su peculiar estilo narrativo donde prima más el narrador y los pensamientos de los personajes que los diálogos y de su calidad literaria, pues el estadounidense escribe bien, con contundencia y claridad. En suma todo lo típico de Miller, incluso una heroína, aunque a medio gas y todo lo que acabó saliendo en Sin City está aquí. Quizás lo mejor es que parece decir que viajar al pasado para asegurar el presente personal complica más que soluciona. En fin, Miller nos legó un buen guión que toca superficialmente muchas temas, todos propios: el heroísmo, la tecnología, la humanidad..., sin dejar de ser fiel a las ideas tan simples como efectivas que convirtieron a Terminator y RoboCop en franquicias.

La edición de Aleta merece destacarse porque apuesta por lo asequible a diferencia de todas las demás editoriales españolas de cómics que, o por incapacidad venden caro, o por voluntad sólo sacan ediciones lujosas sin importar la calidad o la importancia del contenido. Así, nada de tapas duras, tamaño grande, etc. Por otro lado, cuando no hay que superar ninguna edición anterior los editores no aplican su imaginación. A lo único que Aleta no renuncia, como siempre, es a los extras. Unas ilustraciones chulas de Simonson y Miller que alegran la vista pero no aportan nada.

Así pues RoboCop versus Terminator es un cómic tan bueno como retro que sigue consiguiendo su pretensión: divertir y asombrar porque en el que momento en que fue creado su autores, Simonson y Miller, todavía eran la polla. No obstante, no es imprescindible ni una obra maestra. Seguramente deba leérmelo otro vez con calma y ya curado del hype acumulado durante años pero, aunque es mejor que Big Guy y Rusty el chico robot, me parece bastante inferior a Hard Boiled. Aunque si las comparaciones son siempre injustas admito que esta es de las que más. 

11.12.14

La nostalgia hace creer que las cosas no envejecen...


La semana pasada me pillé por fin el tomo MG de Wundagore, que continúa lo narrado en La saga de Korvac, y tras su lectura me ha venido a la mente esa poética frase tras darme cuenta de que hace unos meses se me pasó por 1º vez el darles cuenta de otro MG de los Vengatas. El fondo de Marvel no es estupendo. Cuando se publicó en BM esta historia todos pudimos comprobar que las noticias sobre ella eran exageradas, que la generación Vertice chocheaba antes de tiempo. Sin embargo, ahora, con una edición a color y tamaño justo, volvemos a leer al bobo de Fonseca cantando las excelencias de una saga que no tiene ninguna. Hace tiempo que sabemos que el emperador va desnudo. Sólo se puede explicar el prestigio desta historia porque en su momento resolvió un misterio importante del Universo Marvel y porque en el reino de los cómics simples el sencillo es el rey. A finales de los 70 la mayoría del mainstream era juvenil, sólo acudiendo a la ingenuidad y a la impresionabilidad que el alma tierna tiene podemos explicar que hoy haya gente que se pone en pie con esta historia que, a pesar de que dio una solución acrobática al misterio más candente de aquellos años, la paternidad de los gemelos Maximoff, es de lo más sencilla y vulgar.

Si recordamos es inevitable darse cuenta de que no hemos cambiado. Desde hace unos años nos quejamos de que el mainstream dicta las historias a los guionistas, pero en realidad siempre ha sido así. Esta historia es una idea de los editores de aquella época que pillaron a un guionista que la dialogase y a un buen dibujante que la dibujase, si bien tuvieron el buen tino de dejar que estos aportasen sus cosillas. La historia parece que empezó a tomar forma cuando el alucinado de Byrne vio que había un parecido entre Magneto y Mercurio. Una soberana gilipollez como estás pensando porque cada dibujante hace a los personajes a su modo por lo que nunca son iguales, miren por ejemplo en este tomo como de diferente dibujan G. Perez y Byrne a Mercurio, de ahí los peinados raros o las máscaras de los susodichos. En mi opinión lo que debió ocurrir es que el dibujante se dio cuenta de que el dibujo clásico de Magneto y Mercurio compartían una peculiaridad: la fealdad. Kirby, a pesar de todo, era un tipo tradicional por lo que para él el malo era invariablemente feo. Por eso Magneto lo era, y su secuaz Mercurio también pues su cocreador no tenía en mente en el momento de la creación que se redimiría y tal. Como curiosidad fíjense como Byrne hace a Mercurio feo en el 1º episodio de la saga para acto seguido dejar de hacerlo. La Bruja Escarlata no es fea porque las villanas nunca son feas ya que si no, no representarían ningún desafío al héroe. Sólo son feas cuando están poseídas por el Mal, como aquí Wanda. A partir de aquí los editores decidieron, con inteligencia, que el que los gemelos Maximoff fuesen hijos de Magneto molaba mucho más que el que lo fuesen de unos olvidados superhéroes de la Era preMarvel, por aquel entonces la explicación oficial. Así decidieron estirar el chicle, tal y como se hace ahora, y contar la culebronesca historia con raíces míticas, muchos héroes míticos acaban descubriendo de jóvenes quiénes son sus verdaderos padres, en muchos episodios, 8. Demasiados. Sobre todo para la historia que sus autores tenían en mente. Lo malo fue lo de siempre: al final salió algo tan solo sencillo y funcional, si bien a diferencia de hoy más sólido y coherente, pues lo programado nunca excita demasiado a los currantes de turno. 


La idea era buena pero sus ejecutores, Micheline y Byrne, la abordaron como si fuese otra historia más. Eso es lo que sugiere su trabajo meramente funcional. Ambos se limitaron a seguir las trilladas fórmulas confiando todo a lo sorprendente de la revelación y a meter medio Universo Marvel mientras pasaba de puntillas sobre lo chirriante: un matrimonio estadounidense va de visita al culo de Bulgaria, por entonces al otro lado del Telón de Acero y destruida por la guerra, a pesar de que la mujer se encuentra muy, muy embarazada y se encuentra allí un científico loco que le da al marido unos bebés gemelos para que los críe sin decirle que son de otros, su esposa y su bebé han muerto en el parto, pero este, aprovechando que es superrápido, se pira de allí. Este disparate es una idea tonta que tuvo Thomas que no es buena por ser tal, sino porque no encaja cronológicamente pues establecía el nacimiento de los gemelos mutantes en 1950 o 1951 lo que suponía que tuviesen alrededor de 14 años cuando aparecieron como secuaces forzosos de Magneto. Evidentemente esto no podía ser porque en Marvel no puede haber personajes principales que sean niños-soldado y porque son mayores que los miembros clásicos de la Patrulla X, por entonces unos adolescentes, pero a Thomas le encantaba enlazar los cómics de sus infancia con los que él hacía de modo que no se percató de que su idea no encajaba. Sin embargo, como hemos visto, esto no fue la motivación de retocar el origen. Por eso Micheline y Byrne no corrigieron la cronología aun cuando la paternidad de Magneto podría haber solucionado el problema, los gemelos podrían haber nacido en 1945 o 1946 o incluso antes, con lo que tendrían mínimo 18 años cuando hicieron su aparición. Por tanto, el problema de la edad, lo más chirriante, no se resolvió por lo que aquellos autores dieron a Wanda y Pietro un padre más chulo, si bien la paternidad de Magneto salió a la luz mucho más tarde y de la mano de otro guionista, el gran Mantlo, sin hacer que su origen fuese más acertado cronológicamente y menos disparatado. Así, al ser meros funcionarios, el resultado son unos episodios que se leen fácilmente gracias al oficio de Micheline y al talento aún lejos de su momento cumbre de Byrne, pero que en ningún momento despiertan tensión y expectación, ni siquiera al final pues sus autores ni juegan con la idea de una Bruja Escarlata poseída por el Mal, idea por entonces nueva que será retomada con posterioridad, ni el enfrentamiento final es épico pues se acude a la idea chorra de que los buenos juntan las manos y con buena voluntad exorcizan el Mal. Quizás tamaña candidez era novedosa al final de los 70, pero en todo caso nunca queda bien en el mainstream porque es una solución demasiado estática y nada espectacular. Así, no importa que Byrne intente introducir el picante una década antes de que el erotismo fuese aceptado en los Superhéroes, la historia es mediocre, vulgar y rutinaria.

El resultado desto es que lo interesante de este tomo son los acompañamientos: el anual 8, el nº 188 y el anual 9. Los 2 últimos son de Mantlo. El 1º guionizado por el desconocido R. Slifer y dibujado por un primerizo G. Perez imitando a BWS tiene interés porque la pelea es más enrevesada de lo habitual. Los nº de Mantlo destacan porque son un pelín más complejos de lo habitual tanto ayer como hoy. En el 1º el guionista viste de seda una historia rutinaria introduciendo la Guerra Fría, en aquellos años estaba algo caliente, con lo que refleja un mayor compromiso que los entrenedores Micheline y Byrne y añade algo de complejidad pues a través de la figura del Capi pone de manifiesto que soviéticos y estadounidenses una vez fueron aliados. Esto da algo de madurez y tensión al tema por lo que saca al episodio de la rutina, si bien es una pena que Mantlo resuelva el entuerto del mes de forma bobalicona pues la solución de los Vengatas lo que hace es crear otro problema. No importa que haga un guiño a Superman. El anual sigue la misma línea juntándola con Frankenstein, de nuevo Mantlo demuestra más cultura que sus compañeros de tomo. El guionista rescata una creación suya que presentó al final de su etapa en Iron Man (nº 114 EE.UU.). Poco más de un año antes que este anual de los Vengatas donde Mantlo nos cuenta el origen de la criatura y cómo atormenta a sus "creadores", en este caso al hijo de uno de ellos, Iron Man, con lo que añade a la mezcla el tema mítico de la maldición hereditaria y el tema cósmico del castigo por obrar Mal (construir armas), y enfrenta la fealdad de una creación militar estadounidense, el villano, con la belleza de otra creación militar estadounidense coetánea a esta, el Capi. Esta historia tiene el fallo de que no tiene sentido el que el EE.UU. marvelita construyera monstruos al final de 1944 para que continuasen la guerra si la perdía pues para entonces estaba claro que el Eje estaba derrotado. Sin embargo, el error no sería tal si lo tomamos como una alusión a la bomba atómica... Lo es? El villano se llama Arsenal y es el resultado de un proyecto científico secreto, el nº 188 ocurre en una central nuclear... Sea como sea es una pena que no se incluya el episodio de Iron Man en este gordo tomo de los Vengatas porque, además de ser vibrante y dinámico, un ejemplo magistral de cómo debe ser un nº que sólo relate una pelea superheroica, y ocurrir en la mansión de los Vengadores y ser estos coprotagonistas del susodicho, el anual termina la historia que Mantlo comenzó allí. Lo sangrante es que en el MG de Iron Man "A merced de mis amigos" incluye este episodio y luego el anual de los Vengatas. La única disculpa que puede tener Panini es que el nº de Iron Man no estuviera disponible en el 2011, cuando salió el MG de Wundagore, pero sí en el 2013, cuando salió el MG de Iron Man del que estamos hablando. En fin, continuemos... No obstante, estas ideas interesantes, por ejemplo con la última Miller hizo una de las mejores historias de Marvel, Mantlo las resuelve de nuevo rutinariamente pues no saca partido del juego de espejos ni se interesa demasiado por la falta de límites cuando se está en guerra. Sin embargo, gracias a elementos nuevos, consigue lo que los editores, Micheline y Byrne no pudieron: dar algo de interés a historias formulaicas.

Así pues, este MG recoge historias clave para el devenir del Universo Marvel, pero sólo tiene ese valor. Además del tema de los gemelos Maximoff, está la introducción por Shooter, siguiendo con su línea de meter realismo en el mainstream, de Gyrich, los superhéroes se topan con el gobierno, y el asunto de la discriminación racial positiva, en aquel momento polémica pues muchos estadodunidenses blancos pensaban que 10 años era suficiente para indemnizar 200 años de esclavitud y 100 de discriminación y por eso votaron a Reagan... No son historias malas o aburridas, pero apenas tienen interés excepto las que acabo de mencionar. Lo destacable, más allá de la calidad de Mantlo, es que en este tomo queda claro que los Superhéroes consisten en renarraciones de historias recientes. Antes los guionistas seguían el trabajo de sus compis de modo que lo que habitualmente hacían era recontar una historia porque no les satisfacía la solución que le había dado su autor o porque este la había dejado abierta, normalmente aposta para facilitar que alguien retomase al supervillano derrotado de turno (un buen ejemplo dello lo tenemos en este tomo en el final del tontorrón díptico de El Hombre Absorbente). Esto le da un sabor especial a la Marvel clásica que hoy no se degusta porque los guionistas pasan de seguir el trabajo de los demás, quizás porque saben que no es suyo sino de un ejecutivo/editor. Lo que tenemos hoy es citas a clásicos de la editorial o autocitas. Pocos guionistas hoy recuentan las historias de los demás así que el Universo Marvel ha perdido solidez y coherencia. Está claro que hace tiempo los guionistas-fan se convirtieron a la fuerza en guionistas-profesionales.

Vengadores 19

4.12.14

Critiquita 427: Por el mañana, B. Azzarello y J. Lee, DC-Random House Mondadori 2013


Quizás recordáis que tras leer Lex Luthor, dada su calidad, me entró curiosidad por leer el Superman de Azarello. Al final gracias a la biblioteca de mi barrio he podido hacerlo.

Aunque esta minietapa, duró tan sólo un año, se apellida acertadamente Azzarello, no es un proyecto suyo. Es una idea de J. Lee que surge de su anhelo por dibujar un cómic que pase a la Historia. Para ello, como por experiencia sabe que guionizarlo está fuera de su alcance, hace todo lo posible por enrolar a guionistas notables a ver si paren alguna obra maestra. El pobre no cae en la cuenta de que con su dibujo difícilmente eso ocurrirá porque no da el nivel. Esto se ve muy bien en esta obra. Lo explicaré un poco más adelante. Así, J. Lee, deseoso por pasar a la Historia por ser el coautor de un clásico, no le valen ser el creador de un nefando estilo de dibujo superheroico y un buen editor, enroló a Azzarello para que hiciese lo que quisiese ya que su presencia aseguraba la rentabilidad del proyecto.


Ante esta tesitura Azzarello decidió hacer lo que quería sin importar si J. Lee sería capaz de seguirle. Esto fue una equivocación ya que un guionista nunca debe superar las limitadas habilidades de su dibujante. La decisión de Azzarello fue reflexionar sobre el aspecto divino de Superman con lo que eso supone de diálogos y momentos íntimos o introspectivos, que es justo lo que todos sabemos que el dibujante surcoreano no sabe hacer. Así, la obra se desarrolla torpemente, también porque es confusa, hasta llegar al clímax, en donde la violencia salva cual Superman a J. Lee y así deja de quedar en evidencia y la cosa termina mejor de lo que empezó.

En conjunto la minietapa es redonda. La historia está bien desarrollada en crescendo, aprovecha muy bien toda la mitología de Superman y concilia perfectamente lo industrial, lo sofisticado y lo singular. Esto último en su momento no se vio por su cadencia mensual y su ritmo lento, pero queda claro a partir del momento en que todo estalla. Sin embargo, fijándonos más vemos que Azzarello es confuso. No queda muy claro qué quería decir. Da vueltas entorno a ideas sin ser capaz de llegar a una conclusión o hilarlas en un discurso. El guionista quería plasmar lo que es ser una divinidad entre mortales sin serlo del todo y con problemas paternofiliales, algo que es muy viejo pues ese es un tema de Homero, en un mundo cristiano, pero no fue capaz de meterse en la piel de Superman. El otro gran fallo de Azzarello fue ignorar a J. Lee. A un dibujante que necesita del vestuario, del peinado y del color del pelo para que sus personajes se distingan no puedes meterle a hacer 1º planos, su cura y su Superman, los protas del relato, son indistinguibles en las cortas distancias porque ambos son jóvenes, morenos y llevan el pelo corto. El célebre caracolillo estaba para algo, si bien creo que es original del cpt. Marvel. A un dibujante que sólo sabe dibujar posturitas no le puedes meterle a representar conversaciones o momentos íntimos o introspectivos porque queda impostado y ridículo. A un dibujante incapaz de expresar emociones no puedes meterle a representar drama. Finalmente, a un dibujante que sólo es capaz de dibujar cuerpos idealizados de hombres musculosos y mujeres hiperfeminizadas no puedes meterle un montón personajes que son personas normales. En fin, lo último que puede dibujar J. Lee es a un cura con cáncer terminal y Azzarello se lo calza ya en la 5º viñeta mientras que hay que esperar hasta la 6º página para ver a Superman. Por otro lado, el cristianismo es demasiado real, aburrido y controvertido como para quedar bien en un género de acción escapista y fantástico. Así que ahí tampoco está muy fino Azzarello. Por tanto, el trabajo del guionista tiene tantas luces como sombras.

Lo malo es que J. Lee sólo aporta estas últimas. Es un dibujante muy limitado y conservador, sabe hacer muy pocas cosas y nunca quiere innovar o hacerlas diferente. No cree que ser variado y versátil es importante por lo que siempre va a piñón fijo. No le importa la época, el guión o su obra anterior a la hora de dibujar así que aquí no sólo ofrece un dibujo convencional y estereotipado que hunde toda pretensión de ser singular, sino también exhibe una incapacidad absoluta para lo que no es lo típico de los Superhéroes: conversación, sentimientos y reflexión, de tal modo que tampoco llega a buen puerto la parte discursiva, el fondo de la historia. El guión de Azzarello supera tanto al torpe de J. Lee que este cae en el ridículo muchas más veces de las que acierta. No obstante, hay que concederle que es valiente, ambicioso y que lo intenta. Por eso hace al final una de las pocas citas del mainstream a una Obra de Arte Universal. 

Esta obra me la he leído en una nefasta edición, la única fácilmente encontrable hoy. Es un libro de bolsillo con lo que eso supone de reducción. Así que si les interesa el tema esperen a que ECC se digne a sacarlo de forma decente, es curioso que buscando historias unitarias de los iconos DC no haya aún editado esta, o busquen las algo viejas grapas de Planeta, la edición, más fiel al original de todas las que pueda haber en el futuro, o su posterior recopilación en tomo de tapa dura. Leer grapas en formato libro de bolsillo es un horror.

Así pues, esta minietapa, "Por el mañana", es una entretenida e interesante historia con ideas brillantes (la montaña Rhusmore viviente, lástima que no se la explote demasiado, o todo lo de la Zona Fantasma), pero Superman no es un personaje para Azzarello a pesar de que este lo intenta y J. Lee no es un dibujante para un cómic con aspiraciones. Por ello, aunque es una buena historia gracias a su intriga y su épica pelea final, "Por el mañana" está lejos de obras del guionista del mismo estilo: Banner!, con un vigoroso Corben es uno de los mejores cómics de Hulk publicados, y Lex Luthor.     
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