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Critiquita 414: Astro City: Puertas abiertas, K. Busiek y B. Anderson, ECC-DC 2014


Aquí vuelvo con el hype editorial español. Porque una serie de gente con gustos rancios y poco exigentes han encumbrado esta serie, ahora tenemos que consumirla en tapas duras y tomo caro (6´5 grapas al precio de 8´5). Cómo si fuese algo más que puro entretenimiento clásico. Al menos nos hemos librado de las estúpidas sobrecubiertas y las letras con brillitos. Astro City es una serie interesante pero mediocre. Ni el guión ni el dibujo se salen de la típica mediocridad industrial. Bien es cierto que la serie de vez en cuando llega hasta el sobresaliente, pero en conjunto no es nada del otro mundo.



Anderson practica el dibujo realista típico del mainstream realizado con torpeza pero con gris competencia. El tío es incapaz de poner los 2 ojos a la misma altura pero narra de forma clara y comprensible, aunque aburrida, y dibuja cualquier cosa, existente o no, de forma identificable. Lo único bueno que tiene es que es de los pocos dibujantes estadounidenses capaz de dibujar rasgos étnicos así como cuerpos normales y la vejez. El tío se apea ya por edad, no me alegro pero lo agradezco mucho, lo llevo deseando desde el siglo pasado, aunque da pena que lo haga después de hacer su mejor trabajo. Por fin ha conseguido alinear los ojos! Por su parte Busiek es la perfecta contrapartida de Anderson con las palabras. Quizás por eso han sido una pareja muy longeva, algo nada posmoderno. Busiek es un guionista sólo capaz de aplicar las fórmulas narrativas tradicionales de modo que lo suyo es sólo gris competencia. Te cuenta historias de forma sencilla y convencional así que no aburren pero carecen de toda chispa, excepto cuando le suena la flauta. El hecho de que haya conseguido hacerla sonar más de una vez quizás indique que es capaz de hacerlo mejor. Que quizás es como el personaje creado por él para protagonizar el último episodio de este tomo. Un tipo conformista o aburguesado. Tiene familia, casa y trabajo estable y razonablemente remunerado así que no ve necesidad de ir más lejos. Por cobardía y por comodidad el susodicho no quiere tomar riesgos y cambiar las cosas, bien es cierto que la mejora de su vida es una incertidumbre, se trata más de crisis que de progreso, y eso parece que es lo que le pasa a Busiek. No quiere cambiar. Esta en su zona de confort y no quiere ir más allá, cosa típica de un friki como él, de evocar los tiempos que nunca volverán y dar pequeñas variaciones a los clichés y tópicos del género de superhéroes. El hecho de que se le da muy bien dar entidad al hombre de la calle, por ejemplo el personaje que acabo de mencionar, también apunta que Busiek podría ir más lejos de lo que le apetece. Indica que tiene capacidad de ir más allá de la mediocridad.

Una pena porque si yo sigo con Astro City casi 20 años después no es sólo porque un poquito cada mil años se puede absorber (si la serie fuese regular hace tiempo que su grisura la habría matado para siempre), sino porque Busiek suele contar historias de superhéroes que, a pesar de ser normales, jamás aparecen en el mainstream. Se nota que él ha pensado más en que cómo sería una sociedad con superhéroes que todo Marvel y DC en el mismo período de tiempo. Así, aunque el tomo este es supergris sus argumentos son interesantes y un buen complemento al mainstream ya que vemos lo que allí no sale por no ser espectacular o vendible. Así, es muy interesante la idea de una línea de emergencias para contactar con los superhéroes más poderosos aunque la bigrapa es un melodrama barato y ridículo, el episodio dedicado a la gente con poderes que no quiere ser superhéroe o supervillano podría haber sido algo más que un simpático chiste (que esté protagonizada por una vieja dice mucho de lo que es esta serie) pero está bien y para mi es sobresaliente el ligero apunte de un villano que secuestra gente del presente para venderla como esclava en el pasado así como aprovecharse del pasado. Espero que Busiek profundice en ello posteriormente.

En fin, este nuevo tomo de Astro City es más de los mismo. En casi 20 años la serie no se ha movido nada. Por un lado original y fresca y por el otro convencional y gris. Ni rompe ni es lo mismo de siempre. Seguramente esa indefinición o ese fonambulismo en la frontera entre lo diferente y lo usual más su ñoño populismo, todo el mundo humilde es bueno, sean las razones porque siga en el  mercado 20 años después a pesar de tener una cadencia errática, un dibujo torpe y soso, un guión gris y mediocre y ningún personaje popular o regular que fidelice al público. 

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