7.12.11

Mito del Eterno Retorno: La Guerra del Caos. Los muertos vivientes.

El 2º tomo del evento La Guerra del Caos lleva el subtítulo los muertos vivientes. Un subtítulo puramente comercial pues no tiene nada que ver con el interior ya que no va de zombis. Una mala práctica empresarial que en un mundo tan pequeño como este todavía es más deleznable. Así que quedémonos con el título de la intro firmada por Clemente, breve, sencilla y superficial como siempre, Vida, muerte y resurrección en el Universo Marvel. Ese sí es pertinente porque en este tomo no salen zombis, ni siendo lo más laxos posible en la definición de esta criatura, sino resucitados.

El Mito del Eterno Retorno es el reconocimiento de nuestros antepasados de la naturaleza cíclica de la Vida-Tierra. Para ellos eso era más importante que la linealidad y por eso medían el tiempo en ciclos. Nosotros, por el cristianismo y el racionalismo, hemos puesto la linealidad por encima del ciclo a pesar de que nuestra vida sigue llena de ellos: años, cumpleaños, partidos del siglo, fiestas, salones, nº 1, reloquesea... Todo a nuestro alrededor sigue como en la Antigüedad, muriendo para inmediatamente empezar a renacer, pero estamos emperrados con la linealidad. Ese es uno de los grandes problemas que el mainstream ha de resolver ahora que ha llegado a la madurez. La indefinición de la continuidad, que es como se conoce a la linealidad en el género, es hoy motivo de polémica porque como siempre los frikis toman posiciones radicales. O hay que coronarla o hay que matarla. Está claro que hay que compatibilizarla con lo cíclico tal y como hicieron los antiguos. A ellos no se les escapaba la linealidad de la vida humana pero prefirieron concentrarse en lo positivo, la inagotable capacidad de la Naturaleza para renovarse a sí misma. En resumen, creo que en el mainstream debemos empezar a aceptar El Mito del Eterno Retorno porque es inevitable tanto cuando se habla de héroes y como cuando se es comercial, pero sin entender que eso anula a la continuidad. Ambos son compatibles, no mutuamente excluyentes. Hay que complacerse con la evolución de la linealidad pero también celebrar la renovación de la "Vida". En ese sentido este tomo es un paso en la asunción de El Mito del Eterno Retorno como algo válido, orgánico y positivo y no como una trampa sacacueartos que enloda lo anterior. Lo malo es que es un paso bastante inconsciente de modo que carece de la seriedad y la profundidad que precisa esta tarea, convertir a los lineales y alineales al ciclo o mitificar el género.


La Guerra del Caos es un mediocre evento a cargo de F. Van Lente que, a pesar de su modestia editorial, es el enésimo conflicto en que el Universo corre el peligro de desaparecer. Un evento mítico que ha resultado malo porque Van Lente juega a ser Morrison o Moore cuando no es más que un escritor mediocre sin mucha cultura. Así La Guerra del Caos ha resultado ser un evento rutinario y vulgar a pesar de que su pureza mítica le posibilitaba para llegar lejos. De todos modos hay que reconocer que uno no se puede poner mítico cuando se es dibujado por K. Pham, hierático, soso y inespresivo como el solo. En fin, que esto de La Guerra del Caos rompe las reglas del Universo de modo que los muertos resucitan. De ver eso se encarga este tomo, pues reúne las 3 historias, un tríptico, un one shot y un díptico, que Marvel ha sacado para sondear la aceptación que tienen entre el personal pjs que duermen el sueño de los justos pero que antaño dieron dinero a la empresa no vaya a ser que se esté perdiendo dinero tontamente. Por eso estas historias tienen el final abierto.

Vengadores muertos, F. Van Lente y T. Grummet. Es la mejor de las 3 historias y lo mejor que el evento ha dado. Casi es capaz de justificar todo el tomo ella solita. La miniserie tiene un sabor clásico muy fuerte. No es la sencillez y funcionalidad del dibujo y el coloreado lo único que evoca el pasado, sino que está protagonizada por pjs que son muy familiares a los viejos pero que ningún lector posBendis conoce (quitando Marvel y, quizás, La Visión y El Segador), la historia es heroica y está narrada de forma clásica, sencilla, directa y agónica. Los Vengadores muertos, El Espadachín, Chaqueta Amarilla femenina, Capitán Marvel, Druida, Grito de Muerte (Mortal para el traductor de Panini, evidentemente un tipo posBendis) y La Visión, resucitan en medio del Caos. Esto sirve a Van Lente, lo suficientemente listo como para percibir las esencias, pero lo suficientemente torpe para no saber qué hacer con ellas (el mejor ejemplo es que sólo es capaz de apuntar el efecto que tiene en La Visión el haber resucitado a pesar de ser sintético), para loar a los superhéroes pues les pone rápidamente a salvar a los débiles renunciando así a la reflexión y al descanso y poniendo en peligro el don que acaban de recibir. En ese sentido Van Lente captura perfectamente el carácter sacrificado y sufriente del Héroe. Sólo existe para servir y proteger de modo que ha de renunciar a su yo pero sin dejar de ser activo.

Alpha Flight, J. McCann y R. Brown. Esta grapa singular entomada es muy parecida a la anterior pues su sabor clásico también es muy fuerte. La mala suerte es que es bastante floja. El guión, que resalta la integridad del Héroe, es demasiado tontorrón y el dibujo es tosco. En la miniserie anterior los vengatas resucitan por el Caos, en esta los canadienses resucitan porque Las Grandes Bestias así lo quieren. Por ello renuncian al don ya que no quieren tener nada que ver con el Mal. Así, representan al héroe moral típico de la ficción cristiana que poco a poco el mainstream ha ido expulsando.

X-Men, C. Claremont, L. Simonson y D. Braithwaite. Se parece más a la primera en cuanto que resalta el sacrificio y el altruísmo del héroe pero su aspecto es más moderno y su guión, evidente en cuanto lees quienes son sus autores, es más introspectivo y dramático. Si Van Lente prima la acción y se limita a bosquejar el interior de los protas, Claremont y la Simonson lo llenan todo de reflexiones trágicas. La razón es que hablan, más que de heroísmo, de redención y segundas oportunidades de modo que, al convertir la historia en una cuestión egoísta, personal, rebajan el heroísmo. Es cierto que las tribulaciones del Héroe son la alegoría de las nuestras, en ese sentido el mito heroico tiene un componente individualista, pero lo que le ha hecho cíclico es precisamente que se sacrifica por los demás. Por eso los autores de este díptico no debieron anular esa característica al ponerles casi siempre ensimismados. Quizás por eso su actuación es más global que la de los otros superhéroes resucitados.

En fin, el tomete este es mediocre, a pesar de que tiene el valor de revindicar el carácter heroico del superhéroe, porque renuncia a hacer metacómic. La historia era inmejorable para reflexionar sobre el héroe superheroico, sobre las convenciones en que se asienta, continuidad, resurrecciones, etc. pero de nuevo lo pop lo sepulta todo. La Guerra del Caos podía haber sido la Crisis Final de Marvel pero es que esta editorial ahora sólo se preocupa por lo fatuo y superficial. Así, este tomo sólo es disfrutable si se lee desde la distancia, es decir, fingiendo que tiene un componente metasuperheroico. De todos modos quizás lo que pasa es que no lo he entendido bien. Quizás el mensaje del tomo es que el heroísmo ha muerto (por ahora) en el mainstream. Que por eso sólo los superhéroes de antaño son íntegros y sacrificados. Los autores lo niegan y por eso algunos de los resucitados no vuelven a su descanso, pero parece que el público, el relativo fracaso, pero no por ello indoloro, de Alpha Flight lo demuestra, más joven, no opina lo mismo. Viven en un mundo amoral y ensimismado y eso es lo que quieren ver en los cómics. La Edad Heroica es simplemente un desesperado e hipócrita intento de que los viejos del lugar sigamos al pie del cañón

1 comentario:

Uno de dos dijo...

Me miré mucho la portada (culpa de Chaqueta amarilla). Pero es que desde el comienzo se nota esta herrumbre de la intensificación de la verosimilitud que tanto me fastidia. Si todo lo que queda para sorprender es la realidad, será que no queda nada.
Ahora me están prestando un montón de estos tebeos y a mí me parece que ya se les han automatizado esas convenciones realistas (en apenas... ¿seis años?). He acabado con la misma sensación que se te pega cuando lees demasiados tebeos del Batman que luchaba junto al Robin y la chica murciélaga contra el Hombre polilloso. O de toda una tarde con esos tebeitos enanos de historietas románticas españolas.
Creo que al final me compré uno de Vikingos ese día. Con menos páginas y por el mismo precio, en plan álbum, algo simple. Me están matando. -Acabaré comprando tebeos de vertigo que ya leí en tapa blanda solo por comprar algún maldito tebeo USAdo más o menos reciente.- Las vivencias personales de los superhéroes que he leído me parecieron alimentadas por un televisor.

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