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De Frankensteins

Los hados han querido que hayan salido simultáneamente dos cómic que adaptan Frankenstein o el moderno Prometeo de M. Shelley. Uno francés editado por sm (tomo esto como prueba del éxito de sus adaptaciones literarias) y otro español editado por Parramón. Ambos cómics, lógicamente, tienen semejanzas y diferencias.

Lo que más sorprende de estas adaptaciones es el parecido de los dos estilos dibujísticos empleados. Tanto el autor del de sm, Frankenstein de Mary Shelley, M. Mousse, como la dibujante (ilustradora la llama la editorial, lo que es significativo) del editado por Parramón, Frankenstein, M. Ribas, tienen un estilo infantil. Mousse en la línea del estilo clásico juvenil de la bd aunque, evidentemente, con toques personales y posmodernos, y Ribas bastante personal y femenino mainstream, o sea, sus figuras son muñecas.



Así pues, el primer cómic tiene un estilo narrativo bastante clásico en términos franceses y un dibujo amable, caricaturesco, estilizado y claro. Por ello resulta tan eficiente como insuficiente. Mousse narra bastante bien y maneja muy bien el ritmo, pero como francés ignora el valor narrativo de la splash page o de las viñetas grandes así que al final la cosa queda impotente. En cuanto al dibujo, Frankenstein no es una historia de personajes con ojos enormes, pero su evocación del grabado es bastante atractiva. Hay bastantes viñetas chulas en el cómic. Por eso es una lástima que sm lo haya reducido ya que con ello la editorial española ha dado al dibujo un aspecto rudo pues por la reducción el trazo resulta muy grueso, tanto que a veces es algo críptico y confuso.

El dibujo de Ribas, a pesar de ser también infantil, es muy diferente del de Mousse ya que es delicado, caricaturesco y preciosista, además de femenino (blando, suave, agradable, predominio de la silueta y la línea fina y curva). Lo que le da consistencia es la técnica grattage, que acabo de descubrir y que Parramón dice que esta de moda en la novela gráfica. Es una técnica cercana al grabado donde predomina el negro. Por lo que esta técnica es el elemento definitorio del aspecto visual del cómic, y el que le conecta con el relato pues evoca a la iluminación de las velas propio de la época en la que ocurre la novela. Sin embargo Ribas se olvida que hay escenas que pasan por el día. Por tanto, ya que Mousse apuesta por el color (sencillo, plano, con predominio de colores otoñales salvo en las escenas árticas), esta es la principal diferencia entrambas adaptaciones. Por eso Ribas falla en lo mismo que el francés, la novela de M. Shelley no es una historia de muñecas. No obstante su Frankenstein es fiel al original, no está hecho con trozos ni es una mole. Pero esto es anecdótico. No lo son su narrativa convencional y sus figuras rígidas poco expresivas como los muñecos de madera que evocan. Así, el trabajo de Ribas resulta insuficiente.

La gran diferencia de stos cómics está en el guión, en como se ha optado en cada caso hacer la adaptación. Si bien ambos trasladan textualmente la prosa de M. Shelley siempre que es posible, lo cual tiene su dificultad porque la prosa gótica es densa y prolija, por tanto, nada adecuada para el cómic y marciana para el lector posmoderno, se enfrentan de manera diferente a la tremenda densidad del fondo de la novela, que no es sólo su complejidad filosófica, sino también un excepcional retrato de la mentalidad de una época, por lo que cuesta creer que sea obra de una joven de 20 años, pero es que entonces se vivía mucho más intensamente. Así pues, es la resolución de ese punto lo que realmente diferencia a ambos cómics y explica que el de Mousse sea mediocre, como cómic y como adaptación, mientras que el de S. A. Sierra (guionista del cómic de Parramón) sea notable. 

Para su adaptación Mousse decidió centrarse en el argumento dejando así el guión como un simple relato para pasar el rato. De este modo, a pesar de que su adaptación es más larga -144 páginas frente a las 90 de la de Parramón-, el cómic apenas profundiza en el espíritu de la novela. Cosa curiosa pues se nota que Mousse la ha estudiado. Su fallo es haberla mezclado con las pelis más famosas del personaje (la de Whale y la de Brannagh) ya que estas la aguan bastante al convencionalizarla en exceso y reinventar la criatura. Por eso, Frankenstein de Mary Shelley queda como el típico relato decimonónico de Terror: melodramático, folletinesco, oral (transcribe relatos orales), vivencial (los relatos siempre pasan por ser relatos de acontecimientos experimentados, de ahí que haya fragmentos en forma de diarios o cartas) y romántico, que además, en este caso, tiene un sabor de CF cruda, pues la magia es sustituida por la ciencia y el demonio por una creación científica. Así, el resultado final es una traición al original pues la novela de M. Shelley es más que un relato de gótico de Terror solvente, original y sólido que preludia la CF. La angustia y la crítica del original apenas se percibe en la adaptación de Mousse. Encima sin que dé algo a cambio.

A diferencia del autor francés, Sierra nos transmite el espíritu de Frankenstein a pesar de que innecesariamente introduce invenciones de las adaptaciones cinematográficas, las cuales, como se ha dicho, aguan la fuerza de la novela de M. Shelley, y suyas. Quizás la clave de este éxito sea que su guión es menos comiquero que el de Mousse (en muchos momentos se tiene la sensación de que se esta leyendo un relato ilustrado). Puede que se pudiese haber hecho sin haber desnaturalizado en algún grado el Cómic, pero no tiene mucha importancia porque esta desnaturalización sale rentable, ya que el cómic de Sierra&Ribas transmite la densidad, la complejidad, el dilema, la angustia romántica y moderna del texto de M. Shelley. Así, mientras la adaptación de Mousse deja frío e incluso aburre (aunque seguro que con un tamaño mayor su lectura no sería tan pesada), la de Sierra&Ribas atrapa, subyuga y emociona de modo que consigue trasladar al cómic la angustiosa tormenta que es "Frankenstein o el moderno Prometeo". La clave está en que no agua la faceta vengativa del monstruo, lo más impresionante de la novela. Así, en el cómic de Parramón también se ve lo doloroso que fue el nacimiento del mundo moderno, la irrupción de la individualidad, de la intimidad, de la ciencia y de la razón. Como el resquebrajamiento del mundo tradicional, familia amplia, superstición y religión, fue desgarrador al ser sustituido por otro muy diferente que ponía a la humanidad sola e indefensa ante el Universo al hacerla sentir ínfima y despreciable ante la vastedad de la Naturaleza y alejar della al dios cristiano más aún. Por ello Ribas remite a los cuadros de Friederich, influencia fundamental en Frankenstein, donde la humanidad se enfrenta a y trata de escrutar una Naturaleza críptica, poderosa y mortal porque la ciencia la estaba disociando del dios de los cristianos, lo cual llevó a preguntarse si esta, que parecía que lo iba a poder todo, es buena para el humano pues su replanteamiento del lugar de la criatura en el cosmos era un desafío al padre. De este modo, "Frankenstein o el moderno Prometeo" ha sido trasladado notablemente por S. A. Sierra a un guión de cómic por lo que su adaptación triunfa, a pesar de sus errores, a diferencia de la de Mousse.

La ediciones también tienen sus semejanzas. Mismo tamaño y mismo precio, 15€, nada menos. Lo cual sentencia al cómic de Parramón como muy caro pues tiene menos páginas (1/3 menos) y es en b&n, lo cual es una lástima porque supone un serio handicap para un notable cómic y unos autores noveles prometedores. Creo que el precio es una aberración porque es más elevado que muchas de las ediciones de Frankenstein que hay ahora en el mercado.

Así pues, tenemos unos cómics con una clara vocación juvenil. Lo cual creo que es erróneo ya que la novela que adaptan no es tal. Mucho menos ahora, en plena posmodernidad, ya que la novela de M. Shelley es una antigualla por lo que exige al lector una cultura que en el cole o en la tv-cine-videojuegos no se da. Naturalmente un adolescente puede pillar el tema e incluso puede que algunos lleguen a simpatizar con la angustia vital de la novela, pero dudo que muchos puedan con algo poco dinámico de un tiempo ya lejano. Desto es prueba el que la novela jamás se ha adaptado al Teatro, al Cine o al Cómic fielmente. Es demasiado difícil, demasiado crítica  y demasiado profunda para el gran público, cada vez más según avanzan los años. Por tanto estas adaptaciones no se erigen como buenas alternativas a una de las novelas más importantes de la literatura occidental. De hecho, dalguna forma, inciden en el desprecio que la industria del entretenimiento lleva ya casi 2 siglos haciendo a la escritora inglesa al continuar tergiversando y restando potencia a su mensaje. Es sintómatico del miedo que Frankenstein o el moderno Prometeo da a Occidente el que casi 200 años después este siga sin atreverse a popularizarla sin adulterarla. El monstruo no está hecho con partes extraídas de varios cadáveres, Frankenstein no quiere vencer a la muerte sino crear seres vivos y su creatura es buena y bondadosa. Eliminar esto es hacer incomprensible la inmortal obra de M. Shelley.

Comentarios

Ismael Fancito. ha dicho que…
Ya solo falta que publiquen nuevas aventuras del Comando Monster. Ayer leí un artículo sobre terror argentino en Tebeosfera en el que asomaba otro Frankenstein.
Recuerdo haber abierto el de sm por la mitad en alguna librería sin llegar a los hielos. Todo circulaba tan despacio que hasta ahora creía que se trataba de una serie con el personaje. De Meritxell Ribas te puedes leer dos historias en los primeros números de la revista Cthulhu dedicados a Lovecraft y M. R. James, y confirmar lo de la ilustración. De hecho creo que, más que una adaptación de Frankenstein, de ella me gustaría poder ver alguna historia con Byron, tal vez, La novia de Abydos.

"Que haya paz en tu desolado corazón y en tu alma de virgen"
lord_pengallan ha dicho que…
Sí, creo que el estilo de Ribas pega más con cosas como Byron y temas más fantasiosos.
Es que, que los protas del cómic parezcan muñecos de 14 años (menos el monstruo) me rompe un poco.

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